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Disparates conservadores

2 febrero, 2011

La noche de ayer, en el programa La hora N de Jaime de Althaus, me partí de risa durante 20 minutos escuchando las cantinfladas de Martha Chávez, candidata al Congreso por Fuerza 2011. Al mismo tiempo, descubrí a Susel Paredes, candidata de Fuerza Social, una lesbiana sumamente lúcida y de espíritu combativo que se comió viva a la candidata fujimorista durante el debate televisivo.

Me ha dado muchísimo gusto ver cómo los candidatos ultraconservadores, otrora horrorizados con la posibilidad de la unión entre personas del mismo sexo, hoy tengan que considerar esa posibilidad entre sus temas de agenda, posicionándose a favor, seguramente por el momento electoral que estamos viviendo. No puedo describir mi alegría (medio revanchista, la verdad) por los avances que las ideas progresistas están consiguiendo y, cómo no, por el retroceso de creencias prejuiciosas y disparatadas, como las defendidas por Chávez el día de ayer. Por ello, lo que he preparado es una especie de disección de los argumentos de Martha Chávez, para señalar sus falacias y reírnos todos juntos.

Previamente, quiero decir que, si bien la candidata Susel Paredes ha defendido de una manera consistente por qué es mejor optar por el matrimonio y no por la unión civil, me parece bastante improbable lograrlo en esta elección, hablando electoralmente (la adopción de niños le da terror a mucha gente, incluso a los mismos homosexuales), aunque a mí me parezca lo correcto. De hecho, aun si votara por Fuerza Social para la primera vuelta, son nulas las probabilidades de que un candidato que ofrezca el matrimonio gane las presidenciales en segunda vuelta. Pensándolo fríamente, la unión civil es un gran avance, aunque por el momento sea una especie de autodiscriminación, como Susel Paredes describe muy bien. Lo que deberíamos pensar es que se trata de un paso importante, mas no el fin de la lucha por el reconocimiento pleno de derechos. Aclarado este punto, empecemos a divertirnos con las argumentos de Martha Chávez.

Creo que la naturaleza no se puede cambiar cambiando dos palabras de un código. El matrimonio es el matrimonio. Es una institución natural.

Definitivamente no es una institución natural, sino cultural. “Matrimonio” tiene un punto de partida específico en la legislación romana que no es válido en todas las épocas ni en todas las culturas. Incluso en la Biblia, en el Antiguo testamento, se contemplan combinaciones que no tienen que ver con el matrimonio romano, especialmente procreación entre hermanos o  poligamia, por citar dos ejemplos flagrantes. Podemos ser más explícitos y considerar algunos puntos de historia de la palabra “matrimonio”. Por ejemplo, a fines del siglo XIII, la época del poeta italiano Dante Alighieri, el matrimonio era un mero trato comercial entre familias, no tenía nada que ver con amor, como lo deja claro en varios versos de La vida nueva. Y pensar que hay personas que creen que el matrimonio fue todo el tiempo una unión libre. Olvidan también que hace unas pocas décadas se consideraba que la mujer, por su “naturaleza” inferior, debía estar sometida a las decisiones de su marido y ocuparse de la casa y la crianza de los hijos, al punto que no podía votar o siquiera adquirir bienes propios sin el permiso del marido. Esto hoy puede escandalizar a muchas personas, pero en esas épocas se sostenía que eran las razones “naturales” las que le otorgaban ese lugar dentro de la familia. Así que “natural” es una palabra que tiene una historia y una interpretación, que no es universal ni válida para todas las civilizaciones. Pensemos en las civilizaciones influidas por el Corán y otros libros sagrados que sostienen que el hombre puede tener muchas mujeres, mientras que las mujeres valen prácticamente nada. Una vez más, el “matrimonio” es algo estrictamente cultural (romano), que obedece a un contexto y a intereses específicos. Con todo esto quiero decir que la idea de matrimonio, que tiene unos veinte siglos, ha cambiado muchísimas veces para adaptarse a los cambios de la sociedad. La familia no es una institución natural porque ha habido muchos modelos cambiantes a lo largo de la historia, hoy en día no existe un solo tipo de familia, así que de una vez podemos afirmar que es una mentira evidente.

[El matrimonio] tiene varias funciones, entre ellas la convivencia, la procreación y la cooperación espiritual y material entre las personas.

El matrimonio entre dos homosexuales o dos lesbianas cumple con la convivencia y la cooperación espiritual y material. No hay problema con eso. ¿Y la procreación? Pensémoslo con calma: ¿los heterosexuales que se casan firman un contrato con el Estado en donde se comprometen procrear? ¿Acaso hay un “control de procreación” para los que se casan? Obviamente no. ¿Los estériles no pueden casarse? Claro que pueden. ¿Una pareja puede adoptar hijos? En el caso de que lo desee, claro que puede. Entonces es falso que la procreación implique necesariamente la “función” de procreación, pues evidentemente puede hacer de lado este espacio.

Ahora, con respecto de la unión específica entre espermatozoide y óvulo para generar nueva vida, esto se relativiza en las parejas que actualmente adoptan. Si son estériles, su naturaleza no permite la unión específica entre espermatozoide y óvalo; sin embargo, el Estado les da la oportunidad de adoptar un hijo que no es fruto de esa unión específica entre espermatozoide y óvulo. La naturaleza no les otorga el derecho, sino un criterio racional del Estado. La ideología de Martha Chávez revela un conservadurismo católico muy cerrado, al punto que intenta aplicar las normas del matrimonio religioso en el matrimonio civil.

La situación de las personas lesbianas, homosexuales es especial. No es ni menos ni más. Es especial porque lo común es que seamos hombre y mujer.

Este argumento es peligroso porque oculta una dinámica contraproducente. Este argumento consiste en otorgar una limosna a favor de los ‘raros’, algo así: “Como eres ‘especial’ (anormal), te otorgo una cantidad de leyes y alguna que otra de yapa, pero ni se te ocurra que te voy a dar la plenitud de derechos de alguien ‘común’ (normal), pues tú eres ‘raro’, ¿entendiste?, ‘ra-ro’ y se acabó”.

Hay personas a las que nunca les va a entrar en la cabeza que los homosexuales y lesbianas siempre hemos existido y existiremos (incluso los travestis, que representaban una práctica común en el teatro isabelino y en el teatro de la Edad de oro española). Que seamos una aparente minoría (en el caso de que neguemos la homosexualidad que todos tenemos en algún grado, heterosexuales u homosexuales) no significa que no seamos “comunes” (Martha Chávez quiso decir ‘anormales’, lo sé).

Yo no creo que debamos discriminar a las personas que viven una situación especial. No es un tema de discriminación o de derechos civiles.

Y aquí sabemos por qué es una trampa: desde el argumento anterior, como se trata de regalarle un puñado de leyes a unos ‘raros’, los políticos no consideran el tema como un reclamo de derechos civiles (ciudadanos, de cualquier persona), sino como una situación de excepción. Esa es la trampa escondida incluso en la ‘unión civil’, nos limita. La idea es apuntar a la igualdad de derechos, la ciudadanía plena.

El matrimonio es una institución natural que no se presta, no se acomoda a la situación especial de un solo sexo que quieren tener una situación afectiva.

¿Y los padres y las madres solteras? ¿Debemos quitarles sus hijos por ser parte de una ‘situación especial de un solo sexo’ y no algo natural? Salvo en la mente conservadora de esta señora, un niño no puede tener dos papás o dos mamás. Muchos casos, desde hace tres décadas, la contradicen. Me refiero a las adopciones de los padres o madres homosexuales en Europa.

Me parece hasta enfermizo que una persona prefiera que un niño crezca en un orfanato en lugar de hacerlo en una familia homosexual que ha aprobado el largo y difícil proceso de calificación para la adopción vigente en las leyes de un Estado. Me pregunto también cuántas madres y padres solteros han sabido darles cuidados y educación a sus hijos sin acomodarse al molde fetichista de familia tradicional de personas como Martha Chávez. Y ni hablar de los abuelos o los tíos que se encargaron de hijos ajenos. Qué mentes tan podridas contaminan la política peruana.

Yo sí estoy de acuerdo con un reconocimiento legal a una situación especial, pero que no se circunscribe a las uniones homosexuales.

‘Especial’ es igual a ‘anormal’, ‘raro’, lo que no es igual y legítimo a lo ‘normal’. Quédese con sus migajas, señora Chávez. Al final un grupo sindical va a tener los mismos derechos que una pareja homosexual, pues la segunda, en el reducido criterio de esta mujer, nunca será ‘familia’.

Hay que seguir la naturaleza de las cosas […] Me he informado sobre qué es la familia y qué es el matrimonio. Pero eso no impide que haya el reconocimiento a determinadas situaciones especiales y el derecho tiene que solucionar esto.

Ya expliqué cuál es el problema de ser una excepción ‘anormal’.

[Con respecto a los herederos forzosos en el caso de los homosexuales], el cónyuge concurre con los hijos, no con los padres. [Y si no tienen hijos], concurren con los padres. Es que no podemos llamar a las cosas lo que no es. No es matrimonio y la situación no es perfectamente adecuada al matrimonio porque ahí no hay capacidad generativa.

Aquí los electores debemos tener esto muy claro: lo que propone Martha Chávez (con todo su partido) es que, como los homosexuales no podemos procrear hijos, en el caso de que fallezcamos y haya que otorgar herencia, nuestros bienes nunca irían para nuestra pareja, sino hacia nuestros padres. Esto muchos activistas lo tienen claro. Si tus padres te echaron de su casa por tu opción sexual y tú, por tu lado, hiciste una vida, trabajaste y compraste bienes (una casa, un auto, etc.), entonces es injusto que si falleces tus únicos herederos sean esos padres que te echaron. Lo que propone Martha Chávez es sumamente injusto y discriminatorio, sobre todo porque su único argumento es que “eso no es familia” (en el caso de una pareja homosexual). Esta mujer insiste en cerrarse en un modelo único de familia y no puede entener, como dice Susel Paredes, que el tiempo cambia, las condiciones cambian y las personas tenemos derechos que hemos conquistado a lo largo de la historia. Obviamente, políticos como Martha Chávez bloquean la conquista de los derechos. Mucho ojo a la hora de votar.

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Les recomiendo este pequeño texto sobre el contexto en el que se produjo en Argentina el matrimonio igualitario. Muy recomendable. Clic aquí.

También encontré  reproducidas en Taringa! las Consideraciones de científicos(as) del CONICET e investigadores(as) de Argentina acerca de la ley de matrimonio universal y los derechos de las familias de lesbianas, gays, bisexuales y trans. Sumamente recomendable para desbaratar argumentos dizque científicos o acerca de la “naturaleza” de la familia.

El mito de la familia tradicional

31 enero, 2011

En los últimos días se invoca a la “familia tradicional” debido al terror que produce, en algunas mentes conservadoras, la idea de la unión civil entre personas del mismo sexo. Esto se debe a que la unión civil es vista como el primer paso para la adopción que se lograría, posteriormente, con el matrimonio entre personas del mismo sexo. Lo que voy a decirles en este post no cancela el debate sobre la adopción, pero sí destruye uno de los argumentos más fuertes que utilizan los que se oponen a la adopción: la familia tradicional.

La familia tradicional (compuesta por padre, madre e hijos) es una idea fundamental para religiones como la católica, que creen que esta combinación fue establecida por dios o, peor aun, por la naturaleza. A los que tuvimos la mala suerte de estudiar en colegios católicos nos han hecho creer que este tipo de familia es el modelo; es decir, no solo el tipo mayoritario de familia, sino también el correcto, pues suponía el funcionamiento sano del orden social. En ambos casos, se trata de mentiras.

En Estados Unidos, donde el mito de la familia tradicional (o familia americana) alcanza adhesiones demagógicamente impresionantes, hay políticos que han sabido utilizar esta mentira para lograr sus objetivos. George W. Bush, durante la campaña electoral para su reelección, se proclamó como un representante de la “familia americana”, la cual, de acuerdo con él, sostenía el orden social de su país. Lo cierto es que la familia americana como mayoría abrumadora (o paradigma) siempre ha sido un mito. Recuerdo uno de los episodios de Penn & Teller: Bullshit!, dedicado específicamente a este tema, en el cual una historiadora y una socióloga especializadas en Estudios de la Familia afirmaban que, estadísticamente, la familia tradicional siempre bordeó más o menos el 50% del total de las familias americanas (con una tendencia a la baja en las últimas décadas). Por lo tanto, el gran paradigma de la familia tradicional, en Estados Unidos, es un mito muy arraigado, una ficción tan eficientemente construida que, si no fuera por la estadística, seguiría sonando extraña.

¿Qué hay del Perú?

En Limpias y modernas: género, higiene y cultura en la Lima del novecientos (1999), el minucioso estudio sobre el rol ordenador de los médicos y las mujeres de Lima en el siglo XIX, María Emma Mannarelli hace referencia a los porcentajes de los hijos dentro y fuera del matrimonio, entendiendo a los primeros como parte de familias tradicionales y a los segundos como parte de familias no tradicionales. El resultado, que ya escandalizaba a los curas y las autoridades de la época, es incluso mayor que en Estados Unidos: las familias no tradicionales alcanzan unos puntos sobre el 50%, que en algunos momentos llega a 60%. Si esa era la cifra en la capital, imaginemos cuánto se dispararían los resultados en provincia, donde la institucionalidad era menor. De hecho, era una preocupación pública la baja tasa de matrimonios, pues prejuiciosamente suponía un país enfermo, débil, etc. Con todo esto, podemos decir que en este país, desde que se empezó a llamar “Perú”, las familias tradicionales nunca fueron la mayoría. Y esto desencadena una serie de cuestionamientos a las ideas conservadoras que, para variar, hoy vuelven a salir a la luz.

Pero antes de ello, veamos a qué nos referimos con familias no tradicionales. En realidad, es simple, solo hay que negar el mito: madres o padres solteros, huérfanos en instituciones, padres con hijos adoptados, hijos criados por otros familiares (abuelos, tíos, hermanos) y, más recientemente, familias con dos padres o con dos madres. Como podemos notar desde el principio, siempre ha habido niños que no han crecido en hogares “ideales” (con papá y mamá); sin embargo, para sorpresa de los conservadores, no vemos variables en la salud o la conducta de estas personas: ni más locos, ni más delincuentes, ni más desadaptados. Ni más ni menos infelices si los comparamos con las familias tradicionales. ¿Acaso la sociedad se fue al diablo cuando las familias tradicionales dejaron de ser la mayoría (si es que en algún momento realmente lo fueron)? Obviamente el mundo no se acabó. Lo vergonzoso es el estigma que muchos conservadores proyectaron y proyectan aún sobre los hijos de familias no tradicionales. Un ejemplo pequeño: pienso en todos esos colegios católicos en los que, inclusive hoy, no aceptan a hijos de padres divorciados o a los hijos de padres que no tienen certificado de matrimonio religioso, como si eso los hiciera mejores personas o los dotara de mayores capacidades como estudiantes. Sencillamente ridículo y prejuicioso.

Ahora bien, a pesar de todo, estos hijos estigmatizados por provenir de familias no tradicionales no han sufrido trastornos emocionales generacionales; al contrario, rápidamente han demostrado ser tan o más capaces y aptos que sus pares. La sociedad se ha adaptado. Hace unos 40 años un hijo de padres divorciados era mal visto en su colegio. Hoy en día, es lo más común del mundo. Fue similar con los huérfanos de uno o dos padres, pues en nuestros días nadie se jala de los pelos por algo así. Esto lo digo porque he leído, incluso en blogs de gays, que si se diera la adopción de niños, esto les produciría un terrible “daño emocional”. Es un argumento sumamente limitado, pues, si nos damos cuenta, toda combinación diferente a la de la familia tradicional tiene un estigma. Ahora bien, ¿se acabó el mundo? Primero eran estigmatizados los hijos huérfanos, luego los hijos de madres solteras, después los hijos de padres divorciados. Tocará que sean los hijos de parejas homosexuales, pero no será el fin del mundo; no habrá un choque emocional que los inhabilite como personas o los vuelva desadaptados. De hecho, los resultados en los países donde se aprobó la adopción descarta la tan temida desadaptación o el “daño emocional”. Creo que no es la presencia de los elementos los que aseguran la felicidad de un hijo; quizá esto es lo más interesante que podemos aprender al comparar a los hijos de las familias tradicionales y las no tradicionales.

¿Una familia tradicional asegura la felicidad de un hijo? Definitivamente no asegura la felicidad, pero tampoco la infelicidad. Muchos hijos de las familias procreadoras son abandonados o maltratados, así como otros también son bien cuidados y tratados. En el caso de las familias no tradicionales, los resultados no varían con respecto a las familias tradicionales. En muchas familias tradicionales hay hijos no deseados que son percibidos por sus padres como motivo de su frustración. La pregunta es evidente: ¿acaso la naturaleza (la procreación) ha asegurado la felicidad de los hijos? Una vez más, personas como el cardenal Cipriani repiten frases inverosímiles.

Con todo esto podemos desenmascarar a los autoproclamados portavoces del orden social, aquellos que se basan en un “dios” (que habla de acuerdo con sus deseos) y en el mito de la familia tradicional, que es solo eso, un mito que ha representado injusticia y marginación. El mundo no se ha terminado ni ha habido una debacle social por la existencia de familias no tradicionales, pues las tradicionales nunca han supuesto en cantidad un margen superior. Aquellos que quieren tener un solo modelo y negar la diversidad (una práctica fascista, por cierto) se aferran a sus mentiras, a pesar de que se caen por pedazos. Las sociedades cambian y las familias no tienen una fórmula que asegure la felicidad o la infelicidad. Es hora de hablar claro y sacarnos la venda de los ojos, de dejarnos de mentiras y de enfrentar con argumentos a aquellos que sostienen discursos falsos y nocivos para una sociedad que necesita aprender a respetar la diversidad.

A modo de provocación, les dejo el episodio de Penn & Teller: Bullshit! titulado “Valores familiares”. Aunque no siempre estoy de acuerdo con la postura de este programa, en este caso resulta sumamente ilustrativo y gracioso hacer un repaso por la idea de “familia americana”. Lamentablemente, no conseguí una versión en español. Clic en la imagen para ver el video.

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-La imagen de la familia tradicional fue sacada de
http://catolicoygay.blogspot.com/2010/10/apoyo-la-familia-tradicional.html
-La imagen de la familia no tradicional fue sacada de
http://enriquetorremolina.wordpress.com/2009/11/02/caleidoscopio-jurisdiccion-eclesiastica-ii/

Resumen electoral: cuidado con los políticos en campaña

30 enero, 2011

Algo bueno está sucediendo este año con respecto al reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales. Todos los candidatos presidenciales se orientan “aparentemente” a estar a favor de las uniones civiles o el reconocimiento patrimonial, incluso en Fuerza Social abogan por el matrimonio igualitario (con adopción de niños). Es en estos momentos que debemos separar la paja del trigo, ver más allá de las apariencias, pues los políticos están buscando votos. Creo que ya se dieron cuenta de que somos más de los que ellos se imaginan (seguramente están acostumbrados a ese grupito de estilistas poco representativos de la televisión o a los drag queens que desfilan en las circenses marchas del orgullo). Creo que ya se dieron cuenta de que en el closet y solapas hay un montón. Es momento de que los bloggers informemos a nuestros miles de lectores, como ya lo estamos haciendo, pero específicamente de la viabilidad de las propuestas para las minorías sexuales.

Les recomiendo que lean la espeluznante entrevista a Rafael Rey (vicepresidente de la plancha de Keiko Fujimori), el último post de Blog del Ocio, la interesante columna de Renato Cisneros y, por último, recomiendo que vean este video-recuento realizado por Gay Friendly. Por mi parte, presento un resumen muy breve de los pros y los contras según cada partido.

PERU POSIBLE

Pros: Su bancada congresal impulsó la ley contra los crímenes de odio; en su plan de gobierno está incluida la unión civil de personas del mismo sexo y algunas otras leyes (del ámbito patrimonial) que favorecen a las minorías sexuales.

Contras: No sabemos si el otorgamiento de derechos a las minorías sexuales es apoyada en consenso por todos sus candidatos parlamentarios.

SOLIDARIDAD NACIONAL

Pros: (Silencio)

Contras: La figura que plantean no es la unión civil, solo un contrato patrimonial entre dos personas que viven juntas (podría ser entre hermanos, amigos, socios), que es exactamente igual a lo que tenemos ahora (tú puedes hacer un contrato patrimonial con quien desees); la nueva postura dizque tolerante de Castañeda más parece relacionarse con el de hecho de que la homofobia le quita votos; yo no me olvido de sus declaraciones homofóbicas contra Bruce.

FUERZA 2011

Pros: Parece haber un espíritu de apertura en el partido, sobre todo en los jóvenes, pero los líderes aún miran con suspicacia jugársela por las minorías sexuales; hay gente como Carlos Raffo o Keiko Fujimori a los que no les apesta hablar del tema y tibiamente se pronuncian a favor del reconocimiento de derechos de las minorías, aunque nunca de la adopción (salvo para Kenji).

Contras: Al igual que Castañeda, más que la unión civil, los fujimoristas promueven establecer un contrato entre dos personas del mismo sexo que viven juntas, no de aprobar una ley que sea idéntica a la de las parejas de hecho (no incluye el tema de la adopción), que es la situación actual: cualquiera puede establecer un contrato con su pareja; por otro lado, hay sectores ultraconservadores homofóbicos representados en políticos como Rafael Rey y Martha Chávez (Opus dei), que jamás verán con buenos ojos el reconocimiento de derechos de las minorías sexuales y, más bien, boicotearán internamente cualquier intento; por último, no hay nada con respecto la unión civil ni el reconocimiento de derechos para las minorías sexuales en su plan de gobierno.

ALIANZA POR EL GRAN CAMBIO

Pros: PPK no ha dejado muy claro si apoya la figura del contrato patrimonial (lo mismo que nada) o si apoya la unión civil entre personas del mismo sexo.

Contras: En el arroz con mango de esta alianza, hay sectores ultraconservadores y homofóbicos como el PPC (Lourdes Flores) y Restauración Nacional (Humberto Lay), que jamás estarán de acuerdo con la unión civil y boicotearán desde adentro cualquier intento.

GANA PERÚ

Pros: Este partido ha conversado con sectores activistas LGTB y no solo los ha incluido a ellos, sino también a varias de sus propuestas de reconocimiento, como la aprobación de la unión civil, la ley de no discriminación por orientación sexual y la ley contra los crímenes de odio; en ese sentido, hay gente que propuso anteriormente las uniones entre homosexuales, como el ex congresista Javier Diez Canseco.

Contras: La pregunta es acerca de la fuerza que pueden tener estas iniciativas a favor de las minorías en el interior del partido, entre todos los legisladores en su conjunto; por otro lado, no he olvidado las ideas de Antauro e Isaac Humala acerca de matar homosexuales.

FUERZA SOCIAL

Pros: Se la juegan con todo, en su plan de gobierno no solo contemplan la unión civil, sino también el matrimonio con adopción de niños; han incluido en su lista para el Congreso a dos activistas homosexuales.

Contras: No es en sí un ‘contra’, sino una cuestión de estrategia electoral: el matrimonio con adopción de niños aterroriza a la mayoría de la población y, lamentablemente, no hemos educado a esta mayoría para que entienda que no hay nada malo en que una pareja homosexual adopte niños, como se ve en países donde esto ya se implementó. Más es responsabilidad nuestra que ahora no podamos ver tan viable una excelente alternativa como esta.

¿Dios odia a los homosexuales?

26 enero, 2011

Cuando era alumno de Estudios Generales Letras en la Católica uno de los cursos requisito era Fe y cultura actual. Me sentí muy mal al enterarme de esta noticia, pues soy agnóstico desde los 12 años, y odiaba tener que llevar un curso de Teología por obligación. Encima había estudiado en un colegio religioso, así que desde el principio detesté la idea de llevar ese curso (para colmo, dictado por un cura). Lo interesante es que en el camino descubrí que una posición auténticamente cristiana no tiene nada que ver con los disparates intolerantes que suele decir Cipriani en los medios o que viejitos intolerantes como Lay repiten. Ese semestre, para mi total sorpresa, el cura que me enseñó (sociólogo, español y liberacionista, por cierto) me hizo entender que el cristianismo no tiene nada que ver con las charlatanerías y prejuicios que repiten sectores conservadores como el Opus Dei. Ese semestre entendí que no todos los sectores religiosos sostienen argumentos tan estúpidos como los de Cipriani. Y también entendí que ser cristiano no es ir a comerse hostias en la misa, ni persignarse por cualquier disparate, ni pensar que los males del mundo se resuelven rezando. Recuerdo unos ejemplos que nos ponía el padre Andrés (a quien nunca llamé “padre”, sino “profesor”). Por ejemplo, una señora puede confesarse todas las semanas, ir a misa todos los domingos y comulgar, saberse todas las oraciones, rezar todos los días, pero si en su casa maltrata a su hijo o a su empleada doméstica no es cristiana. Así de drástico. Otro ejemplo más duro es Pinochet, quien para muchos chilenos “católicos” y sobre todo para los curas opusdeístas que apoyaron su golpe contra Allende, era un cristiano ejemplar: comulgaba todos los domingos. Eso bastaba, en la lógica de estas personas, para ser cristiano. La pregunta está en saber quién le daba la hostia cada domingo a un genocida que tenía por costumbre aniquilar estadios llenos de gente. Eso, por supuesto, es una hipocresía que poco o nada tiene que ver con el legado cristiano. Andrés solía decir que su dios no podía ser el mismo dios de Pinochet.

¿Pero qué es un cristiano? En términos simples, alguien que imita a Cristo (o Jesús) en su quehacer diario, en su obra, cada día, y adaptando el mensaje a los tiempos actuales. Hay, por cierto, una serie de interpretaciones sobre su vida. Los más intolerantes son los idiotas que se ciñen a la Biblia para repetir al pie de la letra lo que dice, esos que no entienden que un libro de hace veinte siglos (escrito por personas determinadas por una cultura y un tiempo diferente al nuestro) debe ser interpretado por un especialista con un conocimiento importante de lenguas muertas (griego, arameo, sánscrito, etc.), de geografía e historia antigua (hay un sinnúmero de errores históricos y geográficos en la Biblia que solo un especialista puede notar), de filología (para todo aquello que se pierde o que es inexacto de la traducción de una lengua a otra), de teología (por las ideas teológicas que expone la Biblia, de un tiempo determinado) y un largo etcétera. En conclusión, cualquier hijo de vecino malinformado e ignorante, como tantos “cristianos” que creen entender un libro lejísimos en tiempo y en idiosincrasia, no puede decirnos nada realmente útil sobre la Biblia, salvo paporretear los disparates que le ha dicho algún pastor casi tan desinformado e ignorante como la gente que reclutan estas cuasi religiones. Para ilustrarlo, es como pedirle a un ingeniero civil que haga una edición crítica de una obra de Shakespeare.

Pongamos un ejemplo: la misoginia. En la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, hay un desprecio sumamente notorio por las mujeres. Siempre son la última rueda del coche, las que no pintan para nada, las que pueden ser despreciadas, violentadas, asesinadas y un largo etcétera. De ellas, las putas son lo peor, la escala más baja. De igual manera, los niños son vistos como estorbos, como personas aún incompletas e inútiles. Lo mismo pasa con los pobres y los enfermos, ¿quién no se acuerda de los leprosos? Esa es la sociedad en la que Jesús aparece y lo interesante de su mensaje es que se enfrenta a ese orden social. El mensaje de Jesús no es “vamos a rezar por la paz y el amor del mundo” y ya. Tampoco es golpearse el pecho, “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Jesús lucha pacífica y frontalmente contra esa sociedad corrompida, se pone del lado de los marginales, de los olvidados, de los últimos de la fila. Pero no les dice “sufre, sufre, cuando mueras tendrás tu recompensa”. Jesús se propone cambiar el mundo de acá. Se junta con las mujeres (hasta con las putas) y les dice que lo sigan, les dice a los niños que se acerquen porque de ellos es el reino de Dios (algo que horrorizó a las autoridades religiosas de su tiempo), les dice a los pobres que no deben pagar los impuestos a los romanos (que en su época tenían una serie de intermediarios, lo que los hacía impagables), cura a los leprosos, etc. El relato de su vida es sumamente fascinante porque lo que hace es subvertir el orden establecido, con acciones concretas. Su obra es ir en contra de los grandes maestros de la ley (judíos como él, y expertos en una interpretación limitada del Antiguo Testamento). Jesús no teme ir en contra del poder de las autoridades de su religión, a las que ve corrompidas. Se enfrenta a esa sociedad no con la violencia, sino con el ejemplo, el respeto a la vida y la palabra (sus famosas parábolas).

Es precisamente la desestabilización del orden lo que preocupa a las autoridades. Si recuerdan la historia, son las autoridades judías (más que las romanas) las que están preocupadas por deshacerse de él. Es peligroso, los marginados lo siguen, le hacen caso. La idea no es que “Jesús vino a morir para salvar a los pecadores del mundo”, esa es una fallida interpretación de san Anselmo. La idea es que Jesús hizo algo considerado peligroso para las autoridades de su época (se compró el pleito de los marginados) y fueron esas acciones las que provocaron que las autoridades judías busquen la manera de eliminarlo.

He hecho un largo recuento a partir de mis recuerdos de las estimulantes clases del padre Andrés, quien si por alguna casualidad de la vida llega a leer este post pido que perdone los errores o las generalizaciones que se me puedan haber pasado, las cuales son de mi entera responsabilidad. Decía que hice un largo recuento para responder a la pregunta inicial: ¿Dios odia a los homosexuales? Yo diría que depende del dios que quieras tener, pues ya les mencioné que Pinochet tenía un dios a su medida, dizque cristiano, que lo premiaba con la hostia cada semana, después de matar estadios llenos de gente, entre otras cosas que nada tienen que ver con las acciones de Jesús.

Si yo creyera en un dios, creería en el dios cristiano que se puso del lado de los más débiles, de los marginados, de aquellos que no tenían voz. Recuerdo, entre tantas otras cosas que, en una de esas clases de Fe y cultura actual, los alumnos quedamos en silencio después que el padre Andrés nos hizo pensar en cómo se podía ser cristiano hoy en día. Por supuesto que no es ser cristiano simplemente meterse a misa o comerse hostias, ni persignarse, ni rezar antes de dormir. Recuerdo que nos preguntó cómo podíamos seguir el ejemplo de Cristo hoy en día y estuvimos en silencio unos instantes. “Estar del lado de los marginados”, dijo alguien, y de inmediato el profesor repreguntó: “¿Y quiénes son los marginados de hoy?”. Bueno, estaban los pobres y las putas (como siempre), los huérfanos y, para mi gran sorpresa, el padre mencionó a los homosexuales. Todos los alumnos nos quedamos impresionados, pues este argumento iba en contra de las usuales declaraciones de curas como Cipriani (o de los curas de mi colegio). Es decir, ser cristiano en estos días, entre otras cosas, significa ser solidario con los homosexuales, comprarse el pleito de estos marginados, defender sus derechos, la igualdad y el respeto que buscamos de parte de la sociedad.

Sería muy simplón decir que todos los curas y los católicos son homofóbicos (y pederastas). No manejo estadísticas, tampoco se trata de hacer una. Pero mientras existan los que no crean en la cháchara conservadora de siempre, no se podrá generalizar. Cipriani no es toda la Iglesia, incluso diría que Cipriani no es cristiano, como lo ha demostrado en toda su vida pública. Si algo aprendí del cristianismo en esas clases es que Jesús se peleó contra el sistema, pero de una manera no violenta. Con ideas, con acciones, con una intención clara de cambiar el mundo, este mundo. Su compromiso fue con los aplastados y apestados del sistema, no con los hipócritas maestros de la ley, llenos de lujos y ambiciones personales.  A Cipriani y a Bambarén les diría que es el colmo que un homosexual agnóstico como yo les esté recordando cuál es el mensaje cristiano, ese compromiso con los más débiles y oprimidos que pasan por alto.

Carta abierta a Mónica Delta

24 enero, 2011

Señora Mónica Delta, el día de ayer me quedé sorprendido ante el populachero disparate que presentó en su programa Sin medias tintas, una secuencia que me hizo pensar que Ud. no es una periodista informada. Hablo de la secuencia llamada “El pulso de la calle”, que en este caso, de acuerdo con Ud., surgió porque trataba de saber si la gente de a pie la interesa el tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Considero que la secuencia que presentó es terriblemente tendenciosa por lo siguiente:

Si Ud. le pregunta a una señora heterosexual, sin mayor educación o información acerca de la homosexualidad, con problemas de seguridad y pobreza en la zona en la que vive, ¿qué espera? ¿Cree que le va a decir “sí, claro, las uniones civiles entre personas del mismo sexo son más importantes que llevarme comida a la boca o que vivir en una zona más segura”? Hay que ser por lo menos necio para lanzar una secuencia tan sesgada y pensar que nadie se va a dar cuenta de la trampa. Ahora bien, si Ud. le hubiera preguntado solamente a homosexuales (a quienes obviamente el tema sí nos interesa, y es a nosotros es a quien debió preguntar), la “estadística” del “pulso de la calle” habría sido muy distinta. Depende, en efecto, de la calle en la que pregunte. De todas maneras, me siento alegre de que un par de personas hayan tenido el coraje de decir en televisión que estaban de acuerdo con las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Les agradezco esa respuesta porque son capaces de pensar más allá de sí mismos y de su propio bienestar. Eso, dicen, es la base de una nación.

No hay que ser muy brillante para detectar sus preguntas con las respuestas dentro de ellas. Tampoco es difícil notar la desinformación de las personas entrevistadas a partir de sus respuestas. De hecho, es grosero que en un país que es laico Ud. le dé cabida a argumentos fuera de lugar como los del tipo “dios creó solo al hombre y a la mujer”, pues estos solo les deben importar a las personas creyentes en sus ámbitos religiosos y no al aparato estatal ni a la ciudadanía como tal. Hay que saber diferenciar las creencias (que cada quien es libre de tener) de las leyes y la racionalidad que las sustenta. Dogma y razón son maneras muy diferentes de conocer y las sociedades que se consideran modernas solamente se construyen sobre lo segundo.

Argumentos desinformados que detecto en sus entrevistados

“Debe haber sexo entre hombre y mujer, y no entre hombre y hombre, y mujer con mujer”.

Lo que está señora opina es irrelevante. Así como podría existir alguien que prefiera que todos usemos el pelo de color rojo o las uñas largas, así también hay gente que preferiría que no existan los homosexuales. Pero existimos, estamos en todos lados, en todos los estratos, somos de todas las razas, varoniles, afeminados, etc. Existimos, estamos aquí, desde siempre y para siempre.

“Hay muchos más puntos importantes, sobre todo la educación, la seguridad y la salud…”

Hay una actitud polarizada cuando pregunta, su estrategia es poner en dos extremos las propuestas: en primer lugar, la propuesta aparentemente superficial, irrelevante, es que los homosexuales se quieren casar; mientras que en segundo lugar están los temas supuestamente “importantes”, la seguridad, la pobreza, la corrupción. Lo tendencioso está en polarizar dos propuestas que no tienen por qué excluirse entre sí, pues todo puede estar en un mismo paquete, como varios candidatos están ofreciendo. Y sobre los temas “importantes”, señora Delta, para Ud. y para muchos heterosexuales que tienen el derecho habitual de casarse ese tema seguramente les parece secundario, menor y hasta anecdótico, pero para nosotros los homosexuales es un tema importante porque es el primer paso de nuestro empoderamiento como ciudadanos plenos, para generar respeto y comunicación con una sociedad desinformada y prejuiciosa. Me parece que utiliza a un sector de la población desinformada como títeres, para hacerla hablar por Ud. acerca de posiciones prejuiciosas.

Otra pregunta que me hago es la siguiente. ¿Debo consultarle a la “gente de a pie”, Sra. Delta, por el reconocimiento de un derecho que me pertenece y que me ha sido negado? Para serle sincero, no le estoy pidiendo un favor ni una limosna. Yo no quiero que me regalen nada. Yo exijo un derecho que me pertenece constitucionalmente, quiero que sea reconocido con plenitud para que pueda ser también un ciudadano pleno. No quiero que me regalen una medida excepcional, estoy exigiendo ser reconocido por aquello que me ha otorgado la constitución del país en que nací. Igualdad. Y no necesito pedirle permiso a Ud., señora Delta, ni a las señoras de San Juan de Lurigancho, ni al cardenal, algo que ya es mío. Repito: no pido nada extraordinario, no quiero favorcitos ni dádivas. Exijo algo que me pertenece y que no se me ha reconocido. Ese es el punto.

Seguramente dirán que la sociedad “no está preparada”, la mentira de toda la vida. En realidad siempre habrá alguien que dirá eso, “que la sociedad no está preparada”, “que es el momento de hablar de cosas importantes”, “que hay otras prioridades”. De una vez le aclaro que no me he propuesto hacer méritos para que su bondad me otorgue un deseo. No tengo que demostrarle nada a la sociedad. Vuelvo a decir que es mi derecho y que estoy exigiendo que se reconozca algo que ya es mío y que se me ha negado. No es que la sociedad tenga que estar preparada. No, no se equivoque. El día que un hombre y una mujer tuvieron el derecho de unirse por voluntad de ambos, ese mismo día los homosexuales debimos tener el mismo derecho. Esa es la igualdad ante la ley. Así que a todos los que crean que “la sociedad” debe darnos su venia, los corrijo: este no es un tema de referéndum, es un tema de lesa humanidad, de ciudadanía verdadera.

Dime con quién andas…

19 enero, 2011

Sobre la base de algunas conversaciones y, especialmente, a partir del comentario de “Rafo”, creo que podemos empezar a mirar el panorama electoral ya no solo desde las propuestas (o la apertura de los partidos hacia el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales), sino también pensando en cuán reales puede ser el logro de las mismas.

En primer lugar, veo homosexuales que son entusiastas defensores y hasta partidarios de Alejandro Toledo para esta elección. Desde acá me parece muy interesante todo lo que Perú Posible ha dicho sobre los derechos de las minorías sexuales, en lo personal su apertura me parece acorde con estos tiempos en los que el Perú está en el camino de ser un país más “moderno” (sé que los seguidores de los Estudios Subalternos observarán esa palabra), más global y menos “atrasado” con respecto a ciertos temas, como el avance contra la homofobia. Creo que gente como Carlos Bruce es valiosa por su visión de las cosas, en especial desde la óptica de los que componemos las minorías sexuales. Sin embargo, dicho todo esto, quiero hacer unas cuestiones. Para empezar, ¿cuántos de los dirigentes de Perú Posible coinciden con Carlos Bruce? ¿Es un consenso que, en buena cuenta, una vez en el Congreso, impulsaría que la unión civil se consiga, o es algo más aislado? Es cierto que en esta época los políticos salen a cazar votos y que nosotros, como buenos electores, debemos sospechar un poco. Indagar, por ejemplo, de cuál fue la postura de Perú Posible cuando fue el partido de gobierno. ¿En esa época había apertura hacia estos temas o fue la misma historia de siempre? Dejo ahí el tema, con un par de observaciones. Sé que hay muchos homosexuales que son partidarios de Toledo y tienen conversaciones avanzadas con los líderes de ese partido, así que a esas personas que tienen esas conversaciones corresponderá contestar esas pequeñas observaciones.

Bien, pero con Toledo no se acaba la cosa. Uno de los partidos que definitivamente no me convence es el de Keiko Fujimori, Fuerza 2011. La razón es básica, como bien observa “Rafo”, es un personaje que nos ha condenado desde que figura en la vida política del país: Rafael Rey compone la plancha de dicho partido fujimorista, nada menos que como vicepresidente. A ver, pongámoslo bonito: ¿Rafael Rey, miembro del Opus Dei y seguidor fiel del cardenal Cipriani, estaría a favor de la unión civil entre homosexuales? Yo lo dudo, en verdad lo dudo y, de hecho, lo creo capaz de hacer cualquier cosa para impedir la unión civil entre homosexuales, tal como sucedió con el Opus Dei en España cuando se debatía la aprobación de  la unión civil. Pienso en las últimas declaraciones de Cipriani y no creo que en Fuerza 2011 haya un consenso sobre el tema y tampoco gran entusiasmo por el mismo.

Con respecto al partido de Ollanta Humala lo que me queda es una gran interrogante. Si bien hay que diferenciar a Ollanta Humala de su padre, Isaac Humala (homofóbico y hasta “matacabros” confeso), en realidad no tengo claro qué pasaría en ese panorama (Ollanta presidente). Aquí son más los prejuicios y la suspicacia (sí, la homofobia de las Fuerzas Armadas sobre todo); sin embargo, los activistas LGTB que van con él seguramente me desmentirán. Recuerdo que esta postura de Ollanta Humala no es nueva, recuerdo que hace unos meses se manifestó a favor de la unión civil entre homosexuales en alguna ciudad de la selva, seguramente para borrar el tufo de las escalofriantes declaraciones de su padre.

De Castañeda ya vi suficiente como para convencerme de que le importa nada o muy poco el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales

Antes de cerrar este post quiero llamar la atención sobre el buen momento que ocurre en la lucha de nosotros, los homosexuales, lesbianas, bisexuales y todo aquello posible de performar, los que somos minoría. A partir de la cacasena declaración del cacaseno de Castañeda el tema de la unión civil empezó a tratarse en los medios masivos y hasta he visto que han entrevistado a representantes del MHOL y de otros organismos en programas televisivos y radiales de gran sintonía. De hecho, hoy me sorprendí al escuchar que en el programa del doctor Fernando Maestre se tocaba el tema y su postura, nada menos, era a favor de la unión civil. Es bueno abarcar todos los medios posibles en este momento, al punto de ser un tema de agenda, tanto periodística como política. Presionar a los políticos es lo que más puede funcionar, ellos están buscando votos y somos nosotros los que vamos a decidir si es que se los damos. Nosotros tenemos el poder. Por eso me ha gustado ver a las personas de los denominados organismos LGTB manifestándose en algo realmente productivo, presionando mediáticamente a los políticos, y ya no en circenses Marchas del Orgullo o besuqueadas masivas. Este es el momento que puede hacer la diferencia y por eso me entusiasma tanto, este es el momento de presionar a los políticos para ser ciudadanos plenos, con derechos iguales que aquellos que no componen las minorías sexuales. ¡Es el momento!


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