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La feminización del homosexual y el monopolio de la masculinidad

24 febrero, 2011

La feminización de los homosexuales como hecho “natural” es una mentira. Se trata de la más grande imposición del poder heteronormativo (religión, legislación, moral, medios de comunicación, etc.), un proceso de siglos que tiene sus orígenes en civilizaciones en las que la heterosexualidad es pensada como paradigma excluyente, al punto que cualquier otra configuración de la orientación sexual es “anormal” o “antinatural”. Hablo de civilizaciones como la hebrea, donde la homosexualidad era (o es) vista con muy malos ojos, a diferencia de civilizaciones como la griega o la romana (antes de que se cristianizara). Para nuestra mala suerte, la civilización hebrea produjo la Biblia, un libro fetiche lleno de frases homofóbicas. Para nuestra mala suerte, la civilización hebrea configuró la moral judía, la que a su vez configuró la cristiana. El imperio romano se hizo cristiano y desde ese momento la historia de Occidente asumió todos los paradigmas heteronormativos de la cultura hebrea, de tal modo que en la conquista lo que los españoles trajeron fue la misión de evangelizar el Nuevo Mundo con la Biblia.

¿Pero cómo funciona el poder heteronormativo?

Se inicia cuando los cuerpos humanos empezaron a ser disciplinados por el lenguaje, mediante mandatos. El poder hetenormativo empezó a usar el lenguaje para construir mandatos tipo “los hombres son así”, “los hombres hacen esto” o “las mujeres son así”, “las mujeres hacen esto”. El poder heteronormativo construyó la idea de “masculinidad” como el paradigma de poder, utilidad y fuerza exclusiva de los hombres; mientras que la “feminidad”, para las mujeres, fue la negación absoluta de esos atributos “masculinos”: sometimiento, inutilidad, debilidad. Esa oposición implicaba que la unión era la total complementariedad. Desde ese momento la configuración de la sexualidad quedó dividida entre macho y hembra, hombre y mujer, poder y sometimiento. No es gratuito que libros fetiche como la Biblia sean tan misóginos: la mujer es percibida como un ser bastante inútil, un “sub-hombre”, cuya única función o razón de existencia es parir hijos para perpetuar la especie. Tampoco es gratuito que durante siglos a las mujeres se les asignara roles relacionados con la belleza, pues para el poder hetenormativo machista no era necesario que las mujeres hicieran cosas útiles, era suficiente que se vieran bonitas (piensen en “La bella durmiente” y otros cuentos clásicos).

En esta lógica macho-hembra ya podemos plantear el “problema homosexual”. Como ustedes saben, los homosexuales hemos existido en todas las épocas y en todas las culturas, de modo que debemos hacernos una pregunta: ¿Cómo interpretaron, dentro de esta lógica heteronormativa, la homosexualidad? Supongo que a estas alturas las identidades como “la machona” o “el maricón” nos dan muchas pistas. La figura de la machona es la versión de la homosexualidad de “las mujeres” en la lógica heteronormativa, mientras que el maricón es su versión en “los hombres”. En ambos casos, el poder heteronormativo deja claro que estos son “errores” o anomalías, al punto que cancela otras posibilidades (una lesbiana femenina o un gay masculino, por citar solo dos ejemplos).  Me interesa profundizar en “el maricón” como personaje femenino, pues es el tema de este post.

“El maricón”, como “la machona”, puede ser entendido como un sujeto de un sexo que quiere ser de otro sexo (la no correspondencia entre sexo y genital se la dejo a los fanáticos de Butler). El maricón, según esta lógica, es el hombre que quiere ser mujer o el hombre que actúa como mujer. Pero bien, ¿ustedes creen que el poder heteronormativo iba a construir esta homosexualidad sin darle una carga negativa? Evidentemente no. De hecho, la feminización del homosexual tiene una fuerte carga de ridiculización. Cuando hablamos históricamente de feminización del homosexual nos estamos refiriendo a su ridiculización. El sujeto de un sexo que quiere ser de otro sexo fue construido como algo ridículo, gracioso, patético. Esa imposibilidad siempre ha generado risa. Pienso en las subnormales obras de teatro de Ricky Tosso y también en el teatro de la Edad de oro español, o incluso el teatro colonial peruano, tipo Amar su propia muerte, de Juan Espinoza Medrano, donde apreciamos que un personaje se trasviste y solo para generar risas (o carcajadas). No es ningún secreto que los directores de teatro, sobre todo los mediocres, hacen que algún personaje de una obra se “mariconee” para generar risa ante un público difícil. Vamos a decirlo bien claro: la feminización del homosexual, el amariconamiento, fue construido con el único fin de generar risa.

En nuestro caso, la estrategia del poder heteronormativo es, en primer lugar, crear un solo tipo de homosexual (el maricón) y, en segundo lugar, hacerlo un personaje ridículo. Cualquier psicólogo sabe cuánto le afecta a un niño con poca autoestima ser el hazmerreír de su salón: sencillamente cancela muchas posibilidades de empoderarse, de verse a sí mismo como una persona más digna o capaz. Feminizar es ridiculizar y ridiculizar es someter, es una estrategia de control.

Y también es una estrategia de control asignarle, qué curiosidad, los roles históricamente asignados de las mujeres (esos roles “inútiles”). El poder heteronormativo se apoderó de la masculinidad y creó un monopolio de este para los hombres heterosexuales, de modo que dejó para los homosexuales la feminidad, propia de las mujeres heterosexuales. De aquí proviene la relación de homosexual como sinónimo de proto-mujer. Por esa razón, el “maricón” se desenvuelve en temas de belleza o apariencia (estilismo, alta costura, danza, etc.), tareas que se perciben como encantadoramente inútiles. O peor aún: sé que no todos los travestis se prostituyen, pero en este país la prostitución (si lo vemos como un oficio un tanto denigrante) sería un mandato más del poder heteronormativo hacia quien intenta llevar al máximo su identidad sexual, algo así como “puedes sentirte más mujer, pero solo te vas a dedicar a puta o a estilista”. Nada de esto es gratuito, es una estrategia de control que ha funcionado muy bien durante siglos. Hace poco discutí con una persona que pensaba (o piensa) que los travestis y transexuales, con su “visibilidad”, son los que más luchan contra el poder homofóbico-heteronormativo. En realidad, es todo lo contrario: performan exactamente lo que el sistema homofónico-hetenormativo quiere, no hay rebelión en sus actos, sino absoluto sometimiento. Podemos ser más duros: un homosexual femenino funciona siempre y cuando entre en un mundo de hombres y mujeres, donde este asume un rol de mujer en busca de hombre (de ahí el culto de algunos homosexuales hacia militares o policías, hombres casados o simplemente “machos”). Es la obediencia plena del poder heteronormativo.

En el Perú, contra lo que muchos piensan, los medios están llenos de “maricones” o de sus representaciones. No solo tenemos a un Carlos Cacho, un Peter Ferrari o un Coco Marusix, tenemos también a “las locas” de Los chistosos en RPP (incluido Fulvio Carmelo), Carlota de Lima Limón, Paolín Linlín, Kenji y un largo etcétera. Los ingenuos que creen que no hay gays “visibles” por represión o discriminación deberían encender la radio o la televisión, pues precisamente la discriminación funciona presentándolos: los gays afeminados o sus representaciones invaden los medios. Los “maricones” o afeminados son construidos por el poder heteronormativo como la única posibilidad de ser homosexual. En todas las series y novelas recientes hay un homosexual afeminado y disforzado, como para que nadie deje de notar que es homosexual; sin embargo, me pregunto por qué no hay uno varonil, aunque sea uno para variar el menú. Si dentro de los homosexuales los afeminados son una minoría, ¿por qué tienen tanto espacio en los medios? Bueno, precisamente porque los medios son un reflejo del poder heteronormativo que intenta controlar o quitarles poder a los homosexuales que podrían empoderarse. ¿Qué pasaría si hubiera al menos un homosexual masculino en la TV peruana? Por ejemplo, Beto Ortiz, aunque no es un charro mexicano, no es tan afeminado como en las imitaciones que hacen de él. El poder heteronormativo necesita feminizar a los homosexuales para controlarlos. Pero sigamos con la pregunta, ¿qué pasaría con un homosexual masculino o varonil en televisión? Probablemente sería un escándalo de grandes proporciones porque el poder heteronormativo estaría en jaque. Un homosexual masculino es un personaje transgresor porque rompe la lógica mujer-hombre del poder heteronormativo y empodera al homosexual en la categoría más preciada del hombre heterosexual: la masculinidad (el poder, la utilidad y la fuerza).

Hace unos meses hice una apuesta con mi amigo Ricardo. Preguntamos en una encuesta qué es más desagradable para la sociedad peruana: ¿un homosexual varonil o uno afeminado? Yo defendía que el varonil era el más insoportable, a diferencia de Ricardo, quien obtuvo un enorme respaldo (casi el 80% está de acuerdo con él). Sin embargo, siento desilusionarlos, pero es precisamente al contrario a lo piensa la mayoría. En los medios masivos solo hay representaciones de homosexuales afeminados, los vemos a diario, los sintonizamos y, sobre todo, nos reímos de ellos. Nos encanta ver homosexuales afeminados. La feminización del homosexual es su control, su subestimación, algo así como “estos cabritos son divertidos, me dan risa, qué graciosos que son” (exactamente la misma percepción circense que generan las ‘dignísimas’ marchas del orgullo). Entonces es falso que los homosexuales afeminados o sus representaciones sean insoportables para nosotros: nos encantan, nos dan risa, los sintonizamos, nos gusta verlos hacer “lo que saben” (chismosear, gritonear, marginarse entre sí, pelear, hacer pequeños escándalos, estilo Laura Bozzo). Sin embargo, lo que es más insoportable, al punto que ni siquiera es representado en los medios, es el homosexual varonil.

Pensemos como heterosexuales por un minuto. Cuando te presentan en televisión a un homosexual que no te corta el pelo o te ayuda a combinar la ropa, cuando es un homosexual que no vas a encontrar prostituyéndose en los cines porno, cuando no es el payaso del que te puedes reír o no es perfectamente identificable (puede ser tu pata, tu primo, tu hermano), cuando sabes que ese homosexual podría competir contigo para un puesto laboral, cuando ese homosexual puede gastar mucho más dinero que tú en viajes o en una vida más suntuaria, o cuando sencillamente ese homosexual puede atraer la mirada de tu mujer, ahí, en ese momento, ese homosexual se vuelve peligroso, intolerable, incontrolable, es un desafío a tu poder. El homosexual masculino es un desafío al poder heteronormativo, mientras que el homosexual femenino es la obediencia plena de su mandato ridiculizador.

Cuando los homosexuales afeminados creen que son libres, “tal como son”, “sin aparentar y sufrir”, se equivocan rotundamente. Obedecen un mandato heteronormativo, son tal y como quieren que sea el poder heteronormativo, son los menos libres que hay, pues su feminización impuesta les quita cualquier empoderamiento. En lugar de ser libres, reproducen exactamente la ridiculización de los medios masivos. Por otro lado, a mi parecer, una verdadera opción de ruptura contra el poder heteronormativo es la construcción de una masculinidad no heterosexual. Seguramente a algunos no les interesa (eso sería entrar en la vida de cada uno, en su historia personal, sus intereses, etc.) o simplemente no pueden. Sin embargo, para aquellos que pueden y les interesa tanto como lucha social como en su vida personal tener una posición de ruptura, una alternativa sería contrariar el monopolio de la masculinidad que ha construido el poder heteronormativo: debemos demostrar que la masculinidad no es propia o natural de los hombres heterosexuales, creernos y repetir ese cuento es relegarnos hacia las actividades o roles menos importantes, los de menos poder, los que no van a generar un cambio. Es una decisión personal.

Carta abierta a Mónica Delta

24 enero, 2011

Señora Mónica Delta, el día de ayer me quedé sorprendido ante el populachero disparate que presentó en su programa Sin medias tintas, una secuencia que me hizo pensar que Ud. no es una periodista informada. Hablo de la secuencia llamada “El pulso de la calle”, que en este caso, de acuerdo con Ud., surgió porque trataba de saber si la gente de a pie la interesa el tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Considero que la secuencia que presentó es terriblemente tendenciosa por lo siguiente:

Si Ud. le pregunta a una señora heterosexual, sin mayor educación o información acerca de la homosexualidad, con problemas de seguridad y pobreza en la zona en la que vive, ¿qué espera? ¿Cree que le va a decir “sí, claro, las uniones civiles entre personas del mismo sexo son más importantes que llevarme comida a la boca o que vivir en una zona más segura”? Hay que ser por lo menos necio para lanzar una secuencia tan sesgada y pensar que nadie se va a dar cuenta de la trampa. Ahora bien, si Ud. le hubiera preguntado solamente a homosexuales (a quienes obviamente el tema sí nos interesa, y es a nosotros es a quien debió preguntar), la “estadística” del “pulso de la calle” habría sido muy distinta. Depende, en efecto, de la calle en la que pregunte. De todas maneras, me siento alegre de que un par de personas hayan tenido el coraje de decir en televisión que estaban de acuerdo con las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Les agradezco esa respuesta porque son capaces de pensar más allá de sí mismos y de su propio bienestar. Eso, dicen, es la base de una nación.

No hay que ser muy brillante para detectar sus preguntas con las respuestas dentro de ellas. Tampoco es difícil notar la desinformación de las personas entrevistadas a partir de sus respuestas. De hecho, es grosero que en un país que es laico Ud. le dé cabida a argumentos fuera de lugar como los del tipo “dios creó solo al hombre y a la mujer”, pues estos solo les deben importar a las personas creyentes en sus ámbitos religiosos y no al aparato estatal ni a la ciudadanía como tal. Hay que saber diferenciar las creencias (que cada quien es libre de tener) de las leyes y la racionalidad que las sustenta. Dogma y razón son maneras muy diferentes de conocer y las sociedades que se consideran modernas solamente se construyen sobre lo segundo.

Argumentos desinformados que detecto en sus entrevistados

“Debe haber sexo entre hombre y mujer, y no entre hombre y hombre, y mujer con mujer”.

Lo que está señora opina es irrelevante. Así como podría existir alguien que prefiera que todos usemos el pelo de color rojo o las uñas largas, así también hay gente que preferiría que no existan los homosexuales. Pero existimos, estamos en todos lados, en todos los estratos, somos de todas las razas, varoniles, afeminados, etc. Existimos, estamos aquí, desde siempre y para siempre.

“Hay muchos más puntos importantes, sobre todo la educación, la seguridad y la salud…”

Hay una actitud polarizada cuando pregunta, su estrategia es poner en dos extremos las propuestas: en primer lugar, la propuesta aparentemente superficial, irrelevante, es que los homosexuales se quieren casar; mientras que en segundo lugar están los temas supuestamente “importantes”, la seguridad, la pobreza, la corrupción. Lo tendencioso está en polarizar dos propuestas que no tienen por qué excluirse entre sí, pues todo puede estar en un mismo paquete, como varios candidatos están ofreciendo. Y sobre los temas “importantes”, señora Delta, para Ud. y para muchos heterosexuales que tienen el derecho habitual de casarse ese tema seguramente les parece secundario, menor y hasta anecdótico, pero para nosotros los homosexuales es un tema importante porque es el primer paso de nuestro empoderamiento como ciudadanos plenos, para generar respeto y comunicación con una sociedad desinformada y prejuiciosa. Me parece que utiliza a un sector de la población desinformada como títeres, para hacerla hablar por Ud. acerca de posiciones prejuiciosas.

Otra pregunta que me hago es la siguiente. ¿Debo consultarle a la “gente de a pie”, Sra. Delta, por el reconocimiento de un derecho que me pertenece y que me ha sido negado? Para serle sincero, no le estoy pidiendo un favor ni una limosna. Yo no quiero que me regalen nada. Yo exijo un derecho que me pertenece constitucionalmente, quiero que sea reconocido con plenitud para que pueda ser también un ciudadano pleno. No quiero que me regalen una medida excepcional, estoy exigiendo ser reconocido por aquello que me ha otorgado la constitución del país en que nací. Igualdad. Y no necesito pedirle permiso a Ud., señora Delta, ni a las señoras de San Juan de Lurigancho, ni al cardenal, algo que ya es mío. Repito: no pido nada extraordinario, no quiero favorcitos ni dádivas. Exijo algo que me pertenece y que no se me ha reconocido. Ese es el punto.

Seguramente dirán que la sociedad “no está preparada”, la mentira de toda la vida. En realidad siempre habrá alguien que dirá eso, “que la sociedad no está preparada”, “que es el momento de hablar de cosas importantes”, “que hay otras prioridades”. De una vez le aclaro que no me he propuesto hacer méritos para que su bondad me otorgue un deseo. No tengo que demostrarle nada a la sociedad. Vuelvo a decir que es mi derecho y que estoy exigiendo que se reconozca algo que ya es mío y que se me ha negado. No es que la sociedad tenga que estar preparada. No, no se equivoque. El día que un hombre y una mujer tuvieron el derecho de unirse por voluntad de ambos, ese mismo día los homosexuales debimos tener el mismo derecho. Esa es la igualdad ante la ley. Así que a todos los que crean que “la sociedad” debe darnos su venia, los corrijo: este no es un tema de referéndum, es un tema de lesa humanidad, de ciudadanía verdadera.

¿Homosexualidad en el reino animal?

15 noviembre, 2010

Un amigo me envió este video o esta serie de videos hace unos días. Mírenlo(s). Si desean leer mis comentarios, están debajo.

Más allá de los argumentos “científicos” del documental, lo primero que me llama la atención es la manera en que se mira (o se enfoca) a los animales. ¿Han reparado en la manera en que los autores han culturizado (humanizado) a los animales? Las imágenes seleccionadas para el documental son elocuentes, pues son imágenes que sospechosamente se parecen a las del comportamiento de una pareja humana (“caricias”, “ternura”, contacto físico previo a la copulación, la idea de “estar juntos para toda la vida”, eso nos dice el narrador del video… parecen escenas de alguna película cursi, pero en formato animal). Es como pensar que un mono tiene conciencia de que aplaude cuando choca sus manos entre sí, o de que ríe cuando mueve la mandíbula y pela los dientes. Digámoslo de una vez por todas: los actos animales no están cargados de cultura como los humanos. Los animales ni siquiera se preguntan qué están haciendo, obedecen instintivamente a un propósito adaptativo. La manera en que nosotros los miramos, y en este documental es evidente, es lo que determina su humanización.

La terminología usada es lo más gracioso: violentos, tiernos, afectuosos, crueles, etc. Huamnización pura de seres vivos que no tienen conciencia de ser “tiernos” o “violentos”, pues se trata tan solo de una estrategia para conseguir calmar el instinto.

¿Significa que los animales no tienen comportamiento homosexual?

Seguramente pueden copular animales del mismo sexo, pero me parece que se debe más a un proceso adaptativo. Tengo una anécdota que es poco fuerte, pero ilustra el asunto. Yo tenía un perro, Rufo III, que como no tenía una perra a la cual pisar empezaba a sobar su pene contra casi cualquier cosa (incluida mi pierna). El punto es que Rufo III encontró un escobillón viejo en un depósito que “no lo rechazó”, y empezó a frotarse y frotarse como un “febril amante”, una etapa en la cual se quedó tranquilo. Cada vez que tenía ganas se iba a oler el escobillón viejo, como “afanándolo”, y “tiernamente” lo ponía entre sus piernas traseras y lo hacía chocar con su pene, “violándolo”. Conseguía eyacular sin problemas. Cuando la familia lo notó, decidimos echar cuanto escobillón viejo quedara en la casa, de modo que Rufo III se quedó sin su “compañera para toda la vida”. Al término de unas semanas, Rufo III no pudo soportar estar sin su escobillón amante, dejó de comer, hizo un “cuadro depresivo” severo y no hubo psiquiatra que lo cure. Se dejó morir.

Bueno, disculpen la ironía, pero francamente estos videos son intragables. ¿O qué? ¿Me van a decir que genéticamente los perros nacen con ganas de tirar escobillones viejos? ¿O es que se “enamoran” de escobillones?

¿Los homosexuales somos más promiscuos?

6 noviembre, 2010

¿Alguna vez han reparado en los requisitos de un donante de sangre? Es interesante, pues junto a las putas, están prohibidos de donar sangre aquellos hombres que mantienen o han mantenido relaciones sexuales con otros hombres. El presupuesto de esta medida es evidente: existe un riesgo importante de exposición a enfermedades de transmisión sexual en el caso de homosexuales y, por ende, un riesgo de contagio para la persona que recibirá la sangre.

Esta es una idea a la que le he dado vueltas varias veces y quizá sería interesante tener estadísticas imparciales a la mano; sin embargo, sin descartar la importancia de la estadística, mi argumento va por el lado discursivo. Hace unos años, en una clase de Psicología en la universidad, discutimos el tema con la gente del curso y el profesor, un psicólogo. La conclusión, a mi gusto, fue un tanto superficial: había un “nosequé” en los homosexuales que los hacía más propensos a ser promiscuos. Algunos de mis compañeros de clase de ese entonces señalaron que esto se debía a una compensación, originada por la marginación y la represión de los homosexuales en la vida pública, que precisamente se manifestaba en su vida privada. La compensación era ser promiscuos, nada menos. A mí me parece bastante discutible, si nos ponemos rigurosos, echarte toda la culpa a la “represión” y la “marginación”. Debo descartar desde el principio la hipótesis genetista, eso de que el homosexual “por naturaleza” es más promiscuo que el heterosexual, o que lo es porque “es hombre” y los hombres son “arrechos por naturaleza”, a diferencia de las mujeres. Yo no creo que haya mayor diferencia en la naturaleza de las personas (seas hetero, homo, bi, mujer, travesti, trans o lo que quieras performar), creo que debemos reparar más bien en el discurso.

Ordenémonos un poco. Es cierto que el acceso al sexo en el medio homosexual (bares, discotecas, videos, redes sociales, saunas, gimnasios, etc.) es mucho más sencillo, tanto que algunos lo han simplificado a un manojo de preguntas: ¿opción?, ¿edad?, ¿de dónde?, ¿tienes sitio?, etc.  Es una realidad que un homosexual consigue un encuentro sexual con más facilidad que un heterosexual. Es cuestión de echar un vistazo a cuanto chat ha aparecido en Internet. Nicknames con clara alusión sexual están por todos lados: “sexo express”, “sexo al paso” y “choque y fuga” son algunos nombres que se les dan. Lo mismo en algunos baños de supermercados, donde están apuntados correos y teléfonos de gente ofreciéndose para sexo: “mamo rico”, “culito lampiño”, “buena pinga”, etc. Yo trato de encontrar un equivalente entre los heterosexuales para estas prácticas. Sin duda algunos heterosexuales también pueden conseguir sexo con relativa facilidad, pero creo que no con tanta facilidad como lo consigue el promedio de homosexuales. El promedio de los heterosexuales, la gran mayoría podría decir, está regido por el discurso que pinta al hombre como “aprovechado”, que quiere mancillar el “pudor” de alguna mujer; o también por el discurso de que es “más hombre” si tira con más mujeres. También está ese discurso de las abuelitas de que “el hombre propone y la mujer dispone” o de que “el hombre avanza hasta donde le deja la mujer”. Hay una idea enquistada de que la mujer debe proteger su honra, su honor, su pureza y no sé qué tanta tontería. Con otras palabras: socialmente hay un discurso que dice que las mujeres que atracan sexo a la primera son putas, fáciles, de modo que los hombres no las respetarán. Y ojo, no es un discurso simple o superficial, está realmente metido en la cabeza de los miembros de esta sociedad conservadora. Muchas chicas se juran superazadas en este aspecto, sobre todo las más jovenes, pero a la hora de la verdad siguen disciplinadas por este discurso. Esto es un punto importante en nuestro argumento: debido a que socialmente las mujeres son juzgadas si se acuestan sin tanto preámbulo con un hombre, el sexo entre heterosexuales se hace más complicado, requiere más pasos y, por ende, las chances de conseguirlo son menores. Esto me hace acordar a un amigo bisexual, a quien alguna vez le pregunté cuál era para él la diferencia principal de tirar con un hombre y de tirar con una mujer: Es simple, me dijo, con hombres gastas menos y tiras más. Tampoco habría que descuidar ese punto: cuán importante es el dinero en la dinámica del sexo entre homosexuales. ¿No son acaso los homosexuales sujetos económicamente más activos que los heterosexuales que, por ejemplo, crían hijos?

Tratemos de encontrar equivalencias. Un heterosexual puede pagar por sexo en un night club o en un prostíbulo. Un homosexual puede pagar por sexo, pero no hay un espacio exclusivamente diseñado para tal fin. No se me ocurre un prostíbulo de homosexuales (me acuerdo de la película y la novela “La virgen de los sicarios”), a lo mucho los cines porno en donde algunos travestis ofrecen sus servicios a los parroquianos arrechos. Claro, este es un mundo de heterosexuales, de sujetos masculinos. No son muchos los prostíbulos para mujeres que se me ocurren, por ejemplo. Pero de hecho son más o más visibles que los inexistentes prostíbulos de homosexuales. Es cierto, hay escorts en los periódicos, en las páginas de anuncios, en las redes sociales; pero también hay putas y putos para heterosexuales, hombres y mujeres, en esos medios.

Sigamos con las equivalencias. Hace poco recibí en mi correo una invitación para una fiesta pública que presentaba sexo en vivo como función especial (sexo entre hombres, claro). Más allá de lo que me puede parecer algo así, me pongo a pensar en un equivalente para heterosexuales. ¿Hay un evento público que presente sexo en vivo? Quizá haya shows en vivo en algún night club, ¿pero realmente hay un evento público, una fiesta, en donde haya sexo en vivo entre un hombre y una mujer? Una persona me dijo que esto se debía a que los hombres heterosexuales no querían ver a otros hombres teniendo sexo (solo a mujeres), mientras que los homosexuales sí deseaban ver a dos hombres tirando. Esto me parece absurdo, pues si fuera de esa manera no existiría la pornografía heterosexual, donde no solo hay studs follando flacas, sino también panzones y viejos haciéndolo. A diferencia de lo que se podría pensar, cada vez los actores de los videos porno hetero son más feos, más panzones y menos pingones (tengo un amigo que realizó un ensayo sobre la naturalización de la pornografía heterosexual, trataré de que me deje postear algunos alcances de su trabajo).

En fin, una vez más no dejo conclusiones, pero sí varios temas abiertos que cada quien debe pensar por su cuenta. Lo que a mí me parece, o lo que podría explicar esta promiscuidad mayor de los homosexuales, es el énfasis del discurso del sexo al que los homosexuales están expuestos. El énfasis es el siguiente: en buena cuenta me parece que el homosexual ha sido delineado por aquellos que ofrecen productos y servicios (fiestas o lugares de “entretenimiento”, por ejemplo) como un consumidor de sexo. Así de duro. Un consumidor de sexo, de espectáculos, de medicinas, de juguetes, de lugares, de actividades (pajas, orgías, campamentos de sexo, fraternidades que se reúnen para follar), pero todas relacionadas con sexo. Es cierto que entre los heterosexuales esto también se da, pero creo que en el medio homosexual esto está re-concentrado, hay un bombardeo del discurso del sexo que impregna prácticamente todas las actividades que puede realizar un homosexual. El “nosequé” de los homosexuales es el discurso del sexo, de hacer del homosexual un consumidor de sexo. Me pongo a revisar las invitaciones que me llegan y encuentro que todas tienen que ver con sexo en alguna medida.

No niego que el sexo sea algo riquísimo y tampoco me hago el santo, pero quizá habría que pensar un poco en qué conseguimos estando prohibidos de donar sangre (al lado de las y los trabajadores sexuales, nada menos), por citar un ejemplo. ¿Cuál nuestra imagen de salud con respecto a la sociedad en la que nos movemos? ¿No es acaso una buena idea demostrar otros aspectos en los que un homosexual puede manifestarse con plenitud y salir de una clasificación que no lo pinta muy bien?

¡GaySinPlumas ha empezado!

25 octubre, 2010

Bienvenido a este espacio de debate, de batalla de ideas, de crítica furiosa y de temas que, en buena cuenta, nos afectan a todos de alguna manera.

No voy a negar que este espacio va a desagradarle a algunos. En parte esa es la idea. Quese piquen y digan lo que tengan que decir. No pretendo ser objetivo, pero tampoco arrastrar estereotipos que se usan comúnmente entre los gays. Serán exploraciones, nunca habrá verdades aquí.

Entre algunas de las ideas que me interesa desenquistar está el discurso de victimización tan arraigado entre los gays (el ejemplo más claro son los bodrios heterocursis denominados “películas de temática gay”). Al igual que el triángulo hombre-gay-mujer a la hora de definir la orientación sexual. ¡Vamos! ¡Les prometo que será divertido ver cómo esas ideas hacen funcionar un sinnúmero de productos culturales!

Debo mucho la teoría deconstructiva de Jacques Derrida, al igual que a las nociones de performance y parodia de Judith Butler. También voy a usar algunas de las ideas de poder y sexualidad de Michel Foucault, presentes en ese maravilloso primer tomo de La historia de la sexualidad: “La voluntad de saber”. No soy un experto, pero creo que esas lecturas me van a ayudar en buena medida.

Bueno, esa es la presentación. Ahora sí, empecemos la función.


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