¿Dios odia a los homosexuales? (documental)

2 marzo, 2011

Estimados lectores, comparto con ustedes un documental norteamericano muy interesante, titulado ¿Dios odia a los homosexuales? (Does God hate homosexuals?). Es una revisión clave de la civilización que produjo la Biblia, haciendo una comparación con los fundamentalistas de hoy, y un llamado a combatir las lecturas literales, que promueven odios y marginaciones. También pueden leer mi post del mismo nombre, ¿Dios odia a los homosexuales?, del 26 de enero.

¿Por qué no puedo besarme frente a tu casa, Phillip Butters?

1 marzo, 2011

En el año 2004, en Suecia, el pastor evangélico Ake Green fue condenado a prisión por usar pasajes de la Biblia en contra del matrimonio homosexual, lo que fue considerado una práctica discriminatoria que fomentaba el odio contra los homosexuales. En 2008, en Canadá, Keith Francis William Noble fue condenado a prisión por promover el racismo y la homofobia desde Internet. El año pasado, en España, el Ministerio de Industria multó con 100 mil euros a la cadena televisiva Intereconomía por lanzar una propaganda que, frente al Día del Orgullo Gay, presentaba “364 días de orgullo de la gente normal y corriente”. Este año, en el Perú, un comentarista deportivo dijo que agarraría a patadas a cualquier pareja homosexual que osara besarse frente a él o a su sacrosanta familia. Ese comentarista deportivo, ya lo sabes, eres tú, Phillip Butters.

Antes de que este tipo lanzara semejantes declaraciones en la radio, siempre intentó ser polémico en la televisión, incluso extremo. Dijo disparate y medio para llamar la atención, amparándose en su derecho a la “libertad de expresión”. Quiso ser diferente, sobresalir en medio de muchos periodistas peruanos que, es cierto, son bastante mediocres y pacatos. Pero Butters no es la excepción. Si revisamos su defensa contra la censura de personajes televisivos discriminadores como el Negro Mama, veremos que no hay argumentos sólidos, salvo la inevitable frase de un provocador ignorante: “a mí me parece que…”.

En el caso que nos ocupa, es ilógico que en un país en donde las libertades sexuales están garantizadas por ley una persona pueda incitar (y reiterar) violencia contra los homosexuales, solo porque sí, y quedar impune. Pensemos un momento, démosle algo de crédito al comentarista deportivo. ¿Hay, en realidad, alguna razón (no prejuicio, excusa patológica o antojo) para que su violencia se justifique? En realidad, Butters solo se entiende a sí mismo. Debemos preguntarnos desde cuándo la voluntad arbitraria e irracional de un individuo puede imponerse sobre el colectivo de los derechos y garantías que nos pertenecen a todos (homosexuales, heterosexuales, negros, blancos, miraflorinos o puneños). ¿Puedo mañana golpear a una pareja de heterosexuales porque no quiero verlos besarse frente a mi casa (así porque sí)? ¿Qué tal si mañana empiezo a golpear a todas las chicas morenas que se pinten el pelo de rubio? Están contrariando la naturaleza y, simplemente, no me gusta verlas. ¿Es así como funciona la lógica Butters?

Lo más cobarde de Butters es que escuda su propia homofobia en su familia, sobre todo en sus hijas. Sería más valiente que diga que odia a los homosexuales, sin dar tanto rodeo. Y es que la idea de la protección de la familia del macho manutensor resulta ridícula en estos años. Si Butters creyera realmente que sus hijas se van a contaminar y/o traumar para siempre viendo a dos homosexuales besándose, ni siquiera las dejaría ir al colegio, mucho menos saldría a la calle con ellas. El ‘mal’ está en todas partes, Phillip. Si Butters realmente pretendiera alejar a sus hijas del ‘mal homosexual’, tendría que construirles una esfera de vidrios oscuros, tendría que alejarla de la radio, la televisión (hay homosexuales afeminados en programas para amas de casa a la hora del almuerzo, Phillip), la prensa escrita (por cierto, en todos los periódicos amarillistas hay calatas, hasta sexo explícito, como en El Chuculún), Internet (número uno en pornografía de todos los tipos), etc. No tienes salida, Phillip, tendrás que matarnos a todos y a los que vengan para que este mundo sea el mundo que tú quieres. Pero para que no vayas a la cárcel y, ahora sí, dejes a tus hijas sin papá, haz algo bien simple: no nos mires. Ya está. Mira para otro lado y dile a tus hijas que hagan lo mismo. No nos mires; si tanto te molesta, baja tu persiana o mira para otro lado. Cuando nos vean (porque nos van a ver tarde o temprano, no siempre vas a estar a su lado) ahí vas a probar lo buen padre que eres explicándoles que en todas las civilizaciones y en todas las épocas ha habido hombres y mujeres que tuvieron diferentes maneras de amar. Nadie se hace homosexual por ver a un homosexual. No debe darte terror, pues siempre hemos estado aquí, solo que hoy tenemos las leyes necesarias para que, si se te ocurre concretar tus deseos homofóbicos, te conviertas en un delincuente. Y eso que no estoy hablando del pésimo ejemplo para tus hijas (y ahora sí trauma) de verte pateando a dos mujeres o a dos hombres por darse besos. Sería curioso ver cómo a patadas, con violencia, tratarías de destruir las muestras de afecto de dos personas. Patearías y patearías tratando de callar algún trauma que boicotea tu inconsciente, pues no hay manera de explicar una fijación tan extrema por los homosexuales, salvo que sea un problema que está dentro de ti.

Pero sigamos con tus argumentos. Hablas de falta de respeto. ¿A quién? A tu esposa, dices. Pues muy simple: que también mire para otro lado. Si no quieres que te “falten al respeto”, tienes que mirar para otro lado. Es sencillo, ¿o es que en realidad quieren vernos? Imagínate tener que acercarte y golpear a dos homosexuales solo para que no los veas besándose. Es más fácil que mires para otro lado, requiere menos esfuerzo, salvo que haya un impulso patológico dentro de ti que te insta a mirarnos, a destruirnos a nosotros y también a alguna parte de ti. Y si hablamos de falta de respeto, empieza respetando la ley y respetando a las personas que son diferentes a ti. Enséñales a tus hijas a respetar la ley, a vivir en una sociedad democrática, no en la época de las cavernas que es donde te has quedado. Eso es ejemplo y eso es respeto, pues lamentablemente el mundo que tú quieres está cada vez más lejos de ser posible. Nosotros vamos a seguir ganando derechos y tu amenaza lo único que ha conseguido es iluminar la necesidad de más leyes para censurar a quienes no saben vivir en democracia, usando la verdadera libertad de expresión con responsabilidad, en una sociedad que deja la inoperancia y el dogma católico-evangélico.

Por eso les digo desde aquí a todos los activistas y no activistas, a los hombres y mujeres de todas las orientaciones, que esta lucha se debe ganar primero con leyes. No me voy a cansar de decirlo, como lo he dicho aquí y aquí.

Pongámoslo así. Mañana podría convocarse a una besada contra la homofobia frente a la casa de Butters y no sería un acto de provocación, sino la más democrática comprobación de que el presidente García dijo la verdad cuando aseguró que las libertades sexuales estaban garantizadas por ley en este país. La idea es comprobar si las leyes en este país se cumplen. Los promotores de las leyes contra los crímenes de odio estarían felices porque este antecedente les daría argumentos visibles de la necesidad de proteger a la comunidad homosexual. Butters tendría que patear a todas las parejas que estuvieron en la segunda versión de Besos contra la homofobia, pues estos mismos activistas tendrían que ser consecuentes con su eslogan de “no tengo pedirle permiso a nadie para besarme con mi pareja” (ni siquiera a Butters). El comentarista deportivo tendría que patearlos a todos, a menos que no sea tan machito como dice, y quién sabe, conseguiríamos meterlo preso o que pague muchas indemnizaciones. Además, no creo que después de eso Radio Capital o algún otro medio contrate a un delincuente. Ese claro, sería el camino consecuente de los activistas, solamente se los estoy recordando.

Yo pienso diferente. Lo que sigo opinando es que se necesitan más leyes, aprovechar el momento electoral para elegir mejor a nuestras autoridades mediante el poder del voto. Me parece que es el camino más largo y lento, pero el que realmente da frutos estables: leyes. Es tiempo de renovar a los dinosaurios que repiten las ideas creacionistas o que idolatran al Papa, es tiempo de demostrar que las leyes de este país están sobre cualquier fe caprichosa o sobre cualquier deseo patológico.

¡Butters, al frente de tu casa ya no es tu casa, es la vía pública!

Y si quieres una explicación legal, lee esto.

Modernas, ahombradas y degeneradas: envidia, dinero y felicidad en las identidades binaristas de los travestis de la selva peruana

1 marzo, 2011

Revisando la cartelera del Centro Cultural de España en Lima encontré este fragmento del documental de Piero Solari, titulado Mi hermana María Paula: De la selva su travesti. Este documental se presenta hoy a las 4:30 pm en el Centro Cultural de España. Como documento antropológico me parece sumamente interesante, sobre todo para los que desconocemos el mundo travesti. Pienso comentarlo en unos días, cuando tenga suficiente tiempo.

Espero, entonces, sus comentarios e impresiones.

Amenazan con pintas homofóbicas al presidente del MHOL

25 febrero, 2011

Como si no fuera suficientemente hilarante el panorama homofóbico de este país, esta mañana la casa del presidente del MHOL, Jorge Chávez, apareció con pintas amenazantes (“Muerte a los gays”), aparentemente firmadas por un grupo neonazi denominado Vanguardia Nacional. Además, fue dejado un sobre negro con una carta y fotos sacadas del Facebook del activista, a modo de advertencia.

Este tipo de homofobia tan marcada, según los fragmentos de la carta que reprodujo el activista en su blog, describe a un grupo ultraconservador (“el orden natural del todopoderoso”), cerrado en sus teorías hilarantes de ocupación sionista (los judíos son la ‘causa’ de todos los males del mundo) y bastante desinformado (“antagonismo de lo natural”). Debemos preguntarnos qué origina tanta imbecilidad.

Un homofóbico es una persona que no ha resuelto su propia homosexualidad. Un neonazi es una persona que achaca sus propios fracasos a los judíos y a los grupos disidentes. Para un homofóbico la homosexualidad es un problema propio que no puede resolver (heterosexuales y homosexuales finalmente lo resuelven) y que le causa gran tormento e inseguridad. Afirmar el odio irracional contra los homosexuales, amparado en la fuerza del grupo, le da cierta seguridad en medio de tanto tormento. De esa manera, ya siendo un neonazi, construye una explicación precaria del mundo, en donde él es una víctima de las conspiraciones de grupos ‘decadentes’, generalmente minoritarios. La homosexualidad constituye la decadencia máxima, pues atenta contra la ‘sacrosanta’ familia tradicional (una mentira puesta al descubierto en post anteriores). También, a pesar de todo el tormento en el que se mueven estas personas, se miran a sí mismos como mártires o héroes de una causa superior, una causa fácilmente manipulable por un líder al que obedecen ciegamente (el culto al líder es una característica evidente desde Hitler hasta los grupos neonazis de la actualidad).

¿Qué nos queda claro? Que hay gran terror de parte de grupos ultraconservadores por el avance en la lucha política de las minorías sexuales, especialmente en este año electoral. Los neonazis son personas que no pueden soportar que el mundo cambie y se distancie de la rigidez de sus moldes doctrinarios. Son tan cerrados que esperan que el mundo se adapte a sus retrógradas interpretaciones y no que las interpretaciones expliquen los cambios inevitables del mundo. A pesar de todo lo malo, este es un mensaje claro de que la sociedad está cambiando rápidamente, al punto que el fracaso de los ideales dogmáticos de estos grupos es evidente. El mundo está cambiando y personas como estas solo pueden intentar medidas desesperadas para intentar amedrentar a personas que nunca han negado lo que son, como es el caso del activista Jorge Chávez.

Varias cosas me distancian de Jorge Chávez y el tipo de lucha del MHOL, pero en casos como estos hay que expresar nuestra solidaridad y nuestro respaldo. Como le sugerí hace unas horas, debe hacer la denuncia respectiva y, por si acaso, andar con cuidado, siempre acompañado, pues estos neonazis son de un accionar muy variado (desde masacrar travestis en mancha hasta volantear propaganda neonazi en las Marchas del Orgullo), pueden ser chiquillos jugando a ser ‘salvadores’ o fanáticos totales. No estaría de más contactarse con Carlos ‘Techito’ Bruce, también amenazado por Vanguardia Nacional, para que lo sucedido rebote en los medios y genere declaraciones de parte de los políticos.

La feminización del homosexual y el monopolio de la masculinidad

24 febrero, 2011

La feminización de los homosexuales como hecho “natural” es una mentira. Se trata de la más grande imposición del poder heteronormativo (religión, legislación, moral, medios de comunicación, etc.), un proceso de siglos que tiene sus orígenes en civilizaciones en las que la heterosexualidad es pensada como paradigma excluyente, al punto que cualquier otra configuración de la orientación sexual es “anormal” o “antinatural”. Hablo de civilizaciones como la hebrea, donde la homosexualidad era (o es) vista con muy malos ojos, a diferencia de civilizaciones como la griega o la romana (antes de que se cristianizara). Para nuestra mala suerte, la civilización hebrea produjo la Biblia, un libro fetiche lleno de frases homofóbicas. Para nuestra mala suerte, la civilización hebrea configuró la moral judía, la que a su vez configuró la cristiana. El imperio romano se hizo cristiano y desde ese momento la historia de Occidente asumió todos los paradigmas heteronormativos de la cultura hebrea, de tal modo que en la conquista lo que los españoles trajeron fue la misión de evangelizar el Nuevo Mundo con la Biblia.

¿Pero cómo funciona el poder heteronormativo?

Se inicia cuando los cuerpos humanos empezaron a ser disciplinados por el lenguaje, mediante mandatos. El poder hetenormativo empezó a usar el lenguaje para construir mandatos tipo “los hombres son así”, “los hombres hacen esto” o “las mujeres son así”, “las mujeres hacen esto”. El poder heteronormativo construyó la idea de “masculinidad” como el paradigma de poder, utilidad y fuerza exclusiva de los hombres; mientras que la “feminidad”, para las mujeres, fue la negación absoluta de esos atributos “masculinos”: sometimiento, inutilidad, debilidad. Esa oposición implicaba que la unión era la total complementariedad. Desde ese momento la configuración de la sexualidad quedó dividida entre macho y hembra, hombre y mujer, poder y sometimiento. No es gratuito que libros fetiche como la Biblia sean tan misóginos: la mujer es percibida como un ser bastante inútil, un “sub-hombre”, cuya única función o razón de existencia es parir hijos para perpetuar la especie. Tampoco es gratuito que durante siglos a las mujeres se les asignara roles relacionados con la belleza, pues para el poder hetenormativo machista no era necesario que las mujeres hicieran cosas útiles, era suficiente que se vieran bonitas (piensen en “La bella durmiente” y otros cuentos clásicos).

En esta lógica macho-hembra ya podemos plantear el “problema homosexual”. Como ustedes saben, los homosexuales hemos existido en todas las épocas y en todas las culturas, de modo que debemos hacernos una pregunta: ¿Cómo interpretaron, dentro de esta lógica heteronormativa, la homosexualidad? Supongo que a estas alturas las identidades como “la machona” o “el maricón” nos dan muchas pistas. La figura de la machona es la versión de la homosexualidad de “las mujeres” en la lógica heteronormativa, mientras que el maricón es su versión en “los hombres”. En ambos casos, el poder heteronormativo deja claro que estos son “errores” o anomalías, al punto que cancela otras posibilidades (una lesbiana femenina o un gay masculino, por citar solo dos ejemplos).  Me interesa profundizar en “el maricón” como personaje femenino, pues es el tema de este post.

“El maricón”, como “la machona”, puede ser entendido como un sujeto de un sexo que quiere ser de otro sexo (la no correspondencia entre sexo y genital se la dejo a los fanáticos de Butler). El maricón, según esta lógica, es el hombre que quiere ser mujer o el hombre que actúa como mujer. Pero bien, ¿ustedes creen que el poder heteronormativo iba a construir esta homosexualidad sin darle una carga negativa? Evidentemente no. De hecho, la feminización del homosexual tiene una fuerte carga de ridiculización. Cuando hablamos históricamente de feminización del homosexual nos estamos refiriendo a su ridiculización. El sujeto de un sexo que quiere ser de otro sexo fue construido como algo ridículo, gracioso, patético. Esa imposibilidad siempre ha generado risa. Pienso en las subnormales obras de teatro de Ricky Tosso y también en el teatro de la Edad de oro español, o incluso el teatro colonial peruano, tipo Amar su propia muerte, de Juan Espinoza Medrano, donde apreciamos que un personaje se trasviste y solo para generar risas (o carcajadas). No es ningún secreto que los directores de teatro, sobre todo los mediocres, hacen que algún personaje de una obra se “mariconee” para generar risa ante un público difícil. Vamos a decirlo bien claro: la feminización del homosexual, el amariconamiento, fue construido con el único fin de generar risa.

En nuestro caso, la estrategia del poder heteronormativo es, en primer lugar, crear un solo tipo de homosexual (el maricón) y, en segundo lugar, hacerlo un personaje ridículo. Cualquier psicólogo sabe cuánto le afecta a un niño con poca autoestima ser el hazmerreír de su salón: sencillamente cancela muchas posibilidades de empoderarse, de verse a sí mismo como una persona más digna o capaz. Feminizar es ridiculizar y ridiculizar es someter, es una estrategia de control.

Y también es una estrategia de control asignarle, qué curiosidad, los roles históricamente asignados de las mujeres (esos roles “inútiles”). El poder heteronormativo se apoderó de la masculinidad y creó un monopolio de este para los hombres heterosexuales, de modo que dejó para los homosexuales la feminidad, propia de las mujeres heterosexuales. De aquí proviene la relación de homosexual como sinónimo de proto-mujer. Por esa razón, el “maricón” se desenvuelve en temas de belleza o apariencia (estilismo, alta costura, danza, etc.), tareas que se perciben como encantadoramente inútiles. O peor aún: sé que no todos los travestis se prostituyen, pero en este país la prostitución (si lo vemos como un oficio un tanto denigrante) sería un mandato más del poder heteronormativo hacia quien intenta llevar al máximo su identidad sexual, algo así como “puedes sentirte más mujer, pero solo te vas a dedicar a puta o a estilista”. Nada de esto es gratuito, es una estrategia de control que ha funcionado muy bien durante siglos. Hace poco discutí con una persona que pensaba (o piensa) que los travestis y transexuales, con su “visibilidad”, son los que más luchan contra el poder homofóbico-heteronormativo. En realidad, es todo lo contrario: performan exactamente lo que el sistema homofónico-hetenormativo quiere, no hay rebelión en sus actos, sino absoluto sometimiento. Podemos ser más duros: un homosexual femenino funciona siempre y cuando entre en un mundo de hombres y mujeres, donde este asume un rol de mujer en busca de hombre (de ahí el culto de algunos homosexuales hacia militares o policías, hombres casados o simplemente “machos”). Es la obediencia plena del poder heteronormativo.

En el Perú, contra lo que muchos piensan, los medios están llenos de “maricones” o de sus representaciones. No solo tenemos a un Carlos Cacho, un Peter Ferrari o un Coco Marusix, tenemos también a “las locas” de Los chistosos en RPP (incluido Fulvio Carmelo), Carlota de Lima Limón, Paolín Linlín, Kenji y un largo etcétera. Los ingenuos que creen que no hay gays “visibles” por represión o discriminación deberían encender la radio o la televisión, pues precisamente la discriminación funciona presentándolos: los gays afeminados o sus representaciones invaden los medios. Los “maricones” o afeminados son construidos por el poder heteronormativo como la única posibilidad de ser homosexual. En todas las series y novelas recientes hay un homosexual afeminado y disforzado, como para que nadie deje de notar que es homosexual; sin embargo, me pregunto por qué no hay uno varonil, aunque sea uno para variar el menú. Si dentro de los homosexuales los afeminados son una minoría, ¿por qué tienen tanto espacio en los medios? Bueno, precisamente porque los medios son un reflejo del poder heteronormativo que intenta controlar o quitarles poder a los homosexuales que podrían empoderarse. ¿Qué pasaría si hubiera al menos un homosexual masculino en la TV peruana? Por ejemplo, Beto Ortiz, aunque no es un charro mexicano, no es tan afeminado como en las imitaciones que hacen de él. El poder heteronormativo necesita feminizar a los homosexuales para controlarlos. Pero sigamos con la pregunta, ¿qué pasaría con un homosexual masculino o varonil en televisión? Probablemente sería un escándalo de grandes proporciones porque el poder heteronormativo estaría en jaque. Un homosexual masculino es un personaje transgresor porque rompe la lógica mujer-hombre del poder heteronormativo y empodera al homosexual en la categoría más preciada del hombre heterosexual: la masculinidad (el poder, la utilidad y la fuerza).

Hace unos meses hice una apuesta con mi amigo Ricardo. Preguntamos en una encuesta qué es más desagradable para la sociedad peruana: ¿un homosexual varonil o uno afeminado? Yo defendía que el varonil era el más insoportable, a diferencia de Ricardo, quien obtuvo un enorme respaldo (casi el 80% está de acuerdo con él). Sin embargo, siento desilusionarlos, pero es precisamente al contrario a lo piensa la mayoría. En los medios masivos solo hay representaciones de homosexuales afeminados, los vemos a diario, los sintonizamos y, sobre todo, nos reímos de ellos. Nos encanta ver homosexuales afeminados. La feminización del homosexual es su control, su subestimación, algo así como “estos cabritos son divertidos, me dan risa, qué graciosos que son” (exactamente la misma percepción circense que generan las ‘dignísimas’ marchas del orgullo). Entonces es falso que los homosexuales afeminados o sus representaciones sean insoportables para nosotros: nos encantan, nos dan risa, los sintonizamos, nos gusta verlos hacer “lo que saben” (chismosear, gritonear, marginarse entre sí, pelear, hacer pequeños escándalos, estilo Laura Bozzo). Sin embargo, lo que es más insoportable, al punto que ni siquiera es representado en los medios, es el homosexual varonil.

Pensemos como heterosexuales por un minuto. Cuando te presentan en televisión a un homosexual que no te corta el pelo o te ayuda a combinar la ropa, cuando es un homosexual que no vas a encontrar prostituyéndose en los cines porno, cuando no es el payaso del que te puedes reír o no es perfectamente identificable (puede ser tu pata, tu primo, tu hermano), cuando sabes que ese homosexual podría competir contigo para un puesto laboral, cuando ese homosexual puede gastar mucho más dinero que tú en viajes o en una vida más suntuaria, o cuando sencillamente ese homosexual puede atraer la mirada de tu mujer, ahí, en ese momento, ese homosexual se vuelve peligroso, intolerable, incontrolable, es un desafío a tu poder. El homosexual masculino es un desafío al poder heteronormativo, mientras que el homosexual femenino es la obediencia plena de su mandato ridiculizador.

Cuando los homosexuales afeminados creen que son libres, “tal como son”, “sin aparentar y sufrir”, se equivocan rotundamente. Obedecen un mandato heteronormativo, son tal y como quieren que sea el poder heteronormativo, son los menos libres que hay, pues su feminización impuesta les quita cualquier empoderamiento. En lugar de ser libres, reproducen exactamente la ridiculización de los medios masivos. Por otro lado, a mi parecer, una verdadera opción de ruptura contra el poder heteronormativo es la construcción de una masculinidad no heterosexual. Seguramente a algunos no les interesa (eso sería entrar en la vida de cada uno, en su historia personal, sus intereses, etc.) o simplemente no pueden. Sin embargo, para aquellos que pueden y les interesa tanto como lucha social como en su vida personal tener una posición de ruptura, una alternativa sería contrariar el monopolio de la masculinidad que ha construido el poder heteronormativo: debemos demostrar que la masculinidad no es propia o natural de los hombres heterosexuales, creernos y repetir ese cuento es relegarnos hacia las actividades o roles menos importantes, los de menos poder, los que no van a generar un cambio. Es una decisión personal.

El asco hacia el cuerpo transgénero

21 febrero, 2011

Para comenzar confieso que me gusta mucho la serie animada americana Family guy (traducido al español como Padre de familia u Hombre de familia), pues su humor absolutamente corrosivo, veloz y sin tregua me saca siempre muchísimas carcajadas. Varias veces he dicho que después de mirar el humor salvaje de Family guy, Los Simpson me parece una serie recatada y lenta. Lo mejor de todo es que nadie se salva de sus burlas. En Family guy han pasado un sinnúmero de políticos y actores famosos, de los cuales la serie se ha burlado hasta el cansancio (George W. Bush, Bill Clinton, Michael Moore, etc.), así como minorías y mayorías (conservadores, judíos, homosexuales, etc.). Precisamente el último eslogan de Family guy que he visto en el canal FX (116 para Movistar TV) apela a que a la hora de burlarse no discriminan a nadie. Es en este aspecto donde me interesa comentar uno de los más polémicos episodios de la serie, el titulado “El padre de Quagmire”.

Bien, primero, para los que no están familiarizados con la serie, haré un breve bosquejo del episodio.

Debemos saber que uno de los personajes de la serie es Glenn Quagmire, o simplemente Quagmire, un hombre conocido por su promiscuidad y su vida de mujeriego incorregible. El capítulo empieza cuando Glenn anuncia que su padre, el retirado capitán de corbeta de la Marina Dan Quagmire, vendrá a la ciudad para visitarlo. Glenn anuncia que Dan, su padre, ha sido la inspiración de su vida, por lo que los amigos de Glenn lo imaginan como un hombre mucho más mujeriego y promiscuo que su hijo Glenn. Lo cierto es que cuando Dan, el padre de Glenn, llega a la ciudad sus amigos se desconciertan, pues este señor les parece “muy gay”, lo cual Glenn no ha notado. Dan Quagmire termina confesándole a su hijo que es “una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre” y que se someterá a una operación de cambio de sexo. El resultado es un éxito y el padre de Glenn deja de ser Dan para convertirse en Ida, una exuberante mujer rubia. Después de esto, la relación padre-hijo se pone tensa, de modo que Ida prefiere irse al hotel Marriot. Por otro lado, Bryan, un perro que es el único personaje inteligente y sensato de toda la serie, ha estado ausente por un curso, de modo que regresa a la ciudad y decide ir al bar del hotel Marriot a tomarse unas copas. Es así como Bryan se encuentra con Ida, sin saber que es el padre de Quagmire que se ha sometido a la operación. Lo que sucede esa noche es que Bryan y Ida se gustan y terminan teniendo sexo. Al día siguiente Bryan se entera de que ha tenido sexo con el padre de Quagmire y vomita durante 30 segundos seguidos (el vómito más largo de la historia del cine y la televisión). Finalmente aparece Glenn muy enojado por lo sucedido, al punto que termina dándole una paliza a Bryan, quien cierra el programa con la frase “Me tiré a tu padre”.

Este capítulo ha recibido elogios y críticas, pues el día de su estreno en Estados Unidos el capítulo fue sintonizado por alrededor de 7,22 millones de televisores. Se ha elogiado el giro inesperado que representó el padre de Glenn (un homosexual y no un mujeriego), la valentía por abordar el tema de la transexualidad en la televisión y otros aspectos similares. A mi gusto, rescato la valentía por abordar el tema y llevarnos a territorio nuevo (situaciones nunca antes mostradas en televisión): la nueva y tensa relación entre un hijo y su padre operado, la cínica homosexualidad dentro de la Marina de Estados Unidos (en las escenas de la reunión de oficiales se describe muy bien este aspecto) y, definitivamente el más problemático, la condición de transexualidad y sus reacciones ante los otros personajes. Este es el aspecto más delicado que debemos diseccionar, como han señalado los críticos del capítulo.

No conozco transexuales o travestis; sin embargo, como he dicho aquí, no los odio ni los detesto, aunque creo que tenemos intereses muy diferentes. Dicho esto, a mí me parece que en este capítulo hay al menos dos graves excesos. El primero es la escena en la que Lois le pide a su hija que eche a la basura una bandeja con comida que les regala Ida. El segundo es la larga escena del vómito de Bryan y la frase final “Me tiré a tu padre”. Y digo que son graves porque a los guionistas de Family guy se les pasó la mano, en lugar de humorísticas estas escenas resultaron muy crueles e innecesarias. Creo que esta crueldad responde a un mecanismo de basurización o asquerosización del cuerpo del transgénero, “el factor asco”, la categoría que Rocío Silva Santisteban desarrolló a partir de testimonios en un libro de ese mismo nombre. En este caso, estamos frente a instancias en donde el transgénero se vuelve una especie de monstruo, cuyo cuerpo es percibido como “mutilado” (fíjense en la conversación entre Bryan y el bebé Stewie) y solo puede producir niveles de asco exacerbado. Claro que esto es suavizado con el de hecho de que Bryan siente gran atracción por Ida, al punto que terminan teniendo sexo; sin embargo, la doble cara de esta lógica es revelada por el asco posterior de su vómito.

Asco en la reacción de Lois (pedirle a su hija que tire a la basura la bandeja con comida que les trae Ida) y en el larguísimo vómito de Bryan, una excepción en una serie animada donde la velocidad es la clave de su efectividad. Asimismo, la frase “Me tiré a tu padre” resulta muy interesante debido a que revela un poder transgresor, uno que traspasa la frontera de un mandato que dice “no te tires a la mamá de tu amigo”, en este caso cambiada a “no te tires al papá de tu amigo” (cuyas implicancias, de acuerdo con el psicoanálisis, alcanzan la desestabilización total del mundo del hijo). Si bien Glenn golpea a Bryan brutalmente, hay algo que avergüenza a Glenn y que no hay manera de que pueda cambiarlo: Bryan se tiró a su padre. Esa vergüenza es también un exceso, pues es el recurso final de Bryan, un poder que trasciende a la golpiza que le propinó Glenn y configura a su padre como un objeto o cosa.

Sin duda es bueno que la televisión empiece a hablar, aunque tímidamente, de estos nuevos temas y estas nuevas relaciones interpersonales. Sin embargo, en la clave del humor siempre está el peligro de inocular relajadamente nuestros más grandes temores y prejuicios (y hasta podríamos reírnos de aquellos que atentan contra nosotros). Family guy es una serie excelente, lo prueba el riesgo de abordar temas problemáticos en clave de humor. Esperemos que estos crueles excesos no sigan opacando un proyecto tan interesante.

Pueden revisar la ficha completa del capítulo en Wikipedia.

Menos golpes y más leyes

16 febrero, 2011

El sábado 19 de febrero el MHOL convoca a “Besos contra la homofobia: la resistencia”, nuevamente en la Plaza Mayor, a las 5 p.m.; una especie de continuación (aunque más política) de la actividad que la tarde del 12 de febrero terminó con varios activistas golpeados de mano de policías. Más allá de que la primera parte de esta actividad se les salió de control a los organizadores (supongo que no se imaginaban semejante golpiza), lo importante para resaltar, luego de los acontecimientos, son los logros políticos de los dirigentes que han sabido tener presencia en los medios, tanto nacionales como internacionales, hacer las denuncias respectivas (comisaría, Inspectoría PNP, Defensoría del Pueblo, instancias internacionales, ONGs derechohumanistas) y sacar declaraciones favorables de parte de distintos políticos (Alan García, Susana Villarán, Carlos Bruce, Susel Paredes, Ronald Gamarra, Hernán Núñez, Javier Diez Canseco, Jorge Ramírez, etc.). Me parece estupendo que el activismo LGTB en este país evolucione del compedecimiento mutuo a la exigencia de los derechos ciudadanos, de las leyes que nos protegen.

Me pregunto, por ejemplo, qué pasaría si un grupo de heterosexuales, hombres y mujeres, se hubiera besado en las gradas de la Catedral. ¿Los policías habrían reaccionado de la misma manera? Como bien señalan algunos, ni siquiera en manifestaciones realmente provocadoras, como el lavado de la bandera, se había visto tanta brutalidad. Cipriani tiene mucho que ver, él nos adora. En la web de El Comercio hay un sinnúmero de fanáticos religiosos para quienes el problema ha sido la falta de respeto hacia los católicos en su templo; sin embargo, ese argumento no resiste el menor análisis. Para comenzar, los hechos no fueron dentro de la Catedral, sino en las afueras, en la vía pública; en segundo lugar, y como bien ha enfatizado Alan García, las libertades sexuales en este país están garantizadas por ley, de modo que si no creo en Cipriani y la religión que dice representar, no tengo por qué atenerme a sus dogmas, pues mis derechos ciudadanos prevalecen sobre cualquier disparate religioso (esto lo debieron tener bien claro los policías). Si tanto les jode a los católicos, que miren a otro lado o que se muden a Nigeria. Si temen porque sus niños van a ver “un espectáculo antinatural”, igual, miren a otro lado o métanlos en una burbuja que los aísle del mundo; si temen que los pequeñines se van a “malograr” o “convertir en homosexuales”, son unos padres pésimos e ignorantes. ¿Cómo diablos les van a explicar la sexualidad llegado el momento? ¿Cómo les van a explicar la procreación? ¿Con la historia de la gallinita? Francamente estúpido, al punto de la vergüenza ajena. Y un imbécil ejemplar es Philip Butters, con sus últimas opiniones (¿acaso no es alarmante que el conductor de un programa radial promueva la violencia?).

La indignación ante la violencia policial ha llegado incluso a medios de otros países (mientras que en el Perú muchos medios conservadores han tratado de silenciar lo sucedido). En otros países, como Francia, Estados Unidos o España, lo que sucedió es visto con bastante horror y preocupación, les recuerda lo mucho que tiene este país de tercermundista y lo mucho que todavía tenemos que luchar. Había turistas que el día de la golpiza condenaban las acciones de los policías y se llevaban una pésima impresión de Lima, la que se supone es la capital de un país en progreso. Un amigo canadiense me hizo un comentario muy gracioso, referente a la idea de república bananera que manejan los países del primer mundo sobre Latinoamérica: según él, con lo acontecido el sábado, el Perú se parece a Macondo, uno de los prototipos de pueblo sudamericano que construyó el escritor García Márquez en sus obras.

Es una buena noticia que la lucha se esté tornando más política. Por ejemplo, me parece positivo que esta mañana los dirigentes del MHOL se reunieran con las autoridades de la Policía Nacional, después de exigir el día de ayer la renuncia del ministro del Interior y del jefe de la VII DETERPROL (PNP), quienes prometieron una investigación a fondo, después que el MHOL identificara a 12 de los suboficiales que escondieron sus gafetes al agredir a los activistas el sábado. Y eso no es todo: que el lunes Susana Villarán amadrinara el matrimonio simbólico de las parejas homosexuales en el Parque Kennedy, tras haber promulgado una ordenanza municipal en contra de la discriminación sexual, además de un curso de derechos humanos para los serenos, es una noticia excelente. Sus medidas son a favor de darle justicia (balance) a un grupo desprotegido. Precisamente esto es lo que más resaltaría de lo acontecido: leyes, cosas concretas, no solo declaraciones de indignación en época electoral. Necesitamos más Susanas Villarán en la política, necesitamos muchas en el Congreso para lograr lo que nos proponemos.

Respeto a los que se van a ir al segundo “Besos contra la homofobia” (al que no voy a ir, por cierto). Sin embargo, debemos observar que, en buena cuenta, todo lo positivo que ha ocurrido tras la golpiza es un efecto de las ordenanzas de Villarán para protegernos (medidas concretas)  y de la acción política del MHOL. Pienso que lo que no debemos descuidar es precisamente la lucha política: incluso los que dicen que no necesitan pedir permiso para besarse (un lema simpático) están amparados en una ley que protege las libertades sexuales, pues si estuviéramos en Nigeria o en Irán la situación sería muy diferente. Son más medidas como estas (y su estricto cumplimiento) lo que nos hace falta. Y las leyes se consiguen por medio de los políticos a los que elegimos. Si tenemos más políticos de nuestro lado, será más fácil tener leyes que nos protejan y que reconozcan nuestros derechos.

Jorge Chávez, del MHOL, a pesar de lo crítico que fui en mi post anterior, lo difundió y defendió el activismo alegórico porque este no solo apela a la razón, sino también a los sentimientos. Respeto esa posición, pero en un contexto como este, cuando las elecciones están tan cerca, la urgencia es activismo político, de una vez por todas. El MHOL tiene alrededor de 28 años de activismo, pero sobre todo se trata de activismo alegórico, lo que ha originado que la situación no haya cambiado demasiado con respecto al reconocimiento de nuestros derechos. La enérgica respuesta que he visto desde la golpiza policial me obliga a retractarme cuando subestimé al MHOL como fuerza política, pero es ahora más que nunca cuando necesitamos que se concentren en comprarse el pleito político y no se desvíen. Estas elecciones son claves porque se habla del reconocimiento de nuestros derechos y conseguir leyes a nuestro favor es trascendental.

Algunos dicen (con razón) que en la vida cotidiana seguimos siendo discriminados, odiados, marginados. Y esto no va a cambiar mañana, ni el próximo año, sobre todo si no tenemos un salvavidas (leyes) sobre las que apoyarnos. Créanme que con una actividad tipo “Besos contra la homofobia” tampoco cambiarán mentalidades en la cotidianidad, quizás hasta las hagan más homofóbicas e intolerantes. Pero hay algo que trasciende de las creencias personales o de lo que cada quien considere moral o inmoral: la ley. Hay demasiada preocupación sobre cómo nos miran (si nos quieren, si nos odian) los que no son homosexuales y muy poca preocupación en construir nuestra protección legal con acción política. Precisamente la acción policial del sábado ha sido tan condenable y favorable hacia nuestros intereses porque no hay un razonamiento legal que sustente esa violencia, que está fuera de norma, fuera de ley.

Si quieren hacer activismo alegórico solo porque les preocupa cómo los miran o cuánto los quieren los otros, entonces habrán desperdiciado energías valiosas. Sin una ley que nos proteja los homofóbicos podrán seguir marginándonos y el Estado les dará la razón a los homofóbicos. Si quieren que un policía se lo piense muy bien antes de darles un varazo, si quieren tener la seguridad de que ante un acto discriminatorio el Estado se pondrá de su lado, entonces pensemos en hacer política y en conseguir leyes. Y no hay mejor momento para hacer política, para pensar muy bien qué nos conviene, que este escenario electoral. Si no reducimos el número de homofóbicos que entran al Congreso esta vez, será una derrota significativa, pues tendremos que esperar por los menos cinco años para pensar en que alguien reconocerá nuestros derechos, cuando este pujante y prometedor panorama se haya enfriado. Si lo reducimos, tendremos el poder para sembrar los cimientos de un país más democrático en el que, incluso si los homofóbicos no quieren, tendrán que respetar la ley que nos protege.

Les recomiendo bajar el Manual de derechos humanos aplicados a la función policial (y leer especialmente el capítulo IV, inciso B, numeral 6).

Les recomiendo visitar la web del MHOL.

Les recomiendo revisar mi propuesta de activismo político para estas elecciones.

Ser homosexual no es un delito

13 febrero, 2011

Si bien ya subestimaba la actividad “Besos contra la homofobia”, lo que ocurrió el día de ayer en la Plaza Mayor de Lima y alrededores sobrepasa cualquiera de mis expectativas. Si la intención era provocar violencia homofóbica, con varios golpes de por medio, los organizadores y concurrentes lo consiguieron. Pero dudo que esa haya sido la intención de una actividad pacífica, donde nadie se esperaba macanazos, sino hacer uso de un derecho constitucional. Me pregunto cuál fue la razón del ensañamiento, de los excesos; me pregunto quién movió a los peones policiales para que actuaran de esa manera contra los que se reunieron para llevar a cabo esta actividad pacífica. ¿Es delito que un homosexual se bese con su pareja en un espacio público? No soy abogado, pero trato de entender cuál fue la razón, en qué ley puede estar amparada la violencia policial de ayer. No encuentro la respuesta, salvo el puro abuso, la arbitrariedad. Me hace recordar a los años 70, en Estados Unidos, esa época en que la homosexualidad era fuertemente reprimida por considerársele un delito. En nuestro caso debemos preguntar por el estratega y no por los peones. ¿Quién ordenó esa violencia? ¿Bajo qué razón?

Habría que desmenuzar los hechos. Aunque no soy testigo presencial, me parece sumamente provocador que homosexuales se besen frente a la Catedral, especialmente si tenemos a la cabeza a un homofóbico como Cipriani. Me parecía una idea divertida y controvertida hasta esta mañana, que me enteré de lo ocurrido por los blogs LGTB; sin embargo, con la respuesta policial el humor deja de tener sentido. Es increíble que (prácticamente) ningún medio haya reportado lo ocurrido, a pesar de la gravedad de los hechos. En la práctica seguimos siendo ciudadanos de segunda categoría y el silencio es la peor arma que se puede aplicar contra nosotros. Hay alguien que tiene suficiente poder para silenciar lo ocurrido, alguien con poder político, una autoridad. No tengo dudas. Sigo recibiendo fotos y videos sobre lo ocurrido. Son contundentes, la opinión pública estaría de nuestro lado, pero nadie dice nada.

Para el Blog de Lima Gay se trató de un “bautizo de fuego”. Es posible, siempre y cuando todos los asistentes hubieran tenido claro que los iban a apalear; sin embargo, para mí es un bautizo en algo inútil. ¿Se trató de un bautizo “activista”? Empecemos desde el inicio. Es válida la pregunta: ¿Han conseguido algo con esta actividad? Yo quisiera saber qué. Quiero que quede claro que me solidarizo con las personas que fueron víctimas de estos excesos el día de ayer, pero también tengo mirar los problemas de casa: ¿qué se consigue con una actividad de este tipo? Hay demasiado activismo “alegórico”, una pérdida de energía, y muy poco activismo político, sobre todo en esta época electoral. He visto en los videos gays y lesbianas sumamente valientes, con una energía admirable que retaba las varas de los policías. Yo solo les sugiero que usen esa energía en actividades más efectivas, que aporten en la lucha, para que en unos años nadie pueda cuestionar que dos personas homosexuales o lesbianas se besen en un lugar público, lo que no pasa ahora. Primero necesitamos la ley, muchachos. Necesitamos leyes que nos protejan para que no nos peguen como a perros, en lugar de actuar como si ya tuviéramos esa protección. Creo que en ese sentido, el activismo político es más efectivo y se reciben menos golpes, por cierto. Tómenlo como sugerencia, esa admirable energía puede engendrar un activismo político poderoso que consolide una diferencia, sobre todo en esta época electoral.

Hace un par de días publiqué un bosquejo de estrategia para presionar a los políticos en estas elecciones. Casi todos los que lo leyeron dijeron “muy bonito”, “qué idea tan interesante”, pero nadie hizo nada realmente productivo. Nadie lo criticó, ni lo objetó, ni lo mejoró; tampoco nadie se puso en contacto para empezar a llevarlo a cabo. Jorge Chávez, de parte del MHOL, me dijo amablemente que estaban implementando una campaña llamada “Voto informado”, para señalar cuáles son los candidatos que están en contra del reconocimiento de nuestros derechos. También difundió mi post en su Facebook personal. Después le escribí por Facebook a Chrisstian Olivera, “director ejecutivo” del MHOL, pero no hubo respuesta, ni siquiera críticas. Solo silencio, ese silencio que nos aplasta una y otra vez, desde casa y desde fuera de casa.

Y ese silencio siguió en varios blogs y redes sociales gay, donde el último single de Lady Gaga fue más relevante que trabajar juntos en una estrategia política contundente a favor del reconocimiento de nuestros derechos. Aceptémoslo: la comunidad LGTB quiere seguir siendo víctima, quiere seguir recibiendo palazos, quiere seguir llenándose la boca con frases imbéciles, pero no quiere hacer un cambio, le hace falta huevos. Tal vez es cierto lo que leí una vez: el MHOL no tiene influencia en la comunidad LGTB, salvo para las actividades alegóricas como la Marcha del orgullo (porque ahí es más fácil conseguir un punto) o para ser contactado por los medios cuando matan a algún gay. Nada útil, siempre tarde. No puedo creer que un tipo como yo les pida que hagan activismo a los activistas, activismo político, activismo de verdad. Sería bueno que haya más que actividades sin sentido, en donde la gente va a recibir golpes gratis. Aunque esa es responsabilidad de los organizadores.

En momentos como estos, la definición de ‘homosexual’ como ‘cobarde’ parece tener sentido. Somos unos mariconazos totales, no podemos hacer nada significativo por nuestros derechos, salvo compadecernos entre nosotros, hacer rebotar las fotos en las que nos pegan y repetir frases imbéciles. Por pereza, por miedo, por indiferencia. Y no me vengan con eso de que  estamos en pañales: ¿cuántos años de activismo tenemos? Son más de cinco, más de diez, ¿y qué se ha conseguido con las patéticas marchas del orgullo peruanas y las otras actividades alegóricas, malos remedos de lo que se hace en países donde el contexto es sumamente diferente? ¿Qué se ha conseguido con estas actividades alegóricas?

De ahí, claro, cada vez que matan a un homosexual, salen los voceros a decir que somos unas víctimas totales, pobrecitos de nosotros los gays, que ¡ay! la sociedad me desprecia y que ¡ay! los crímenes de odio. ¿Y qué tipo de activismo de mierda hacen ustedes para contrarrestarlo?  ¿Por qué no cambian de una vez su masoquismo vicioso? No somos víctimas, ¡no lo somos! Tenemos el poder del voto y el poder del consumo, el poder de remover de sus cargos a los malnacidos que ordenaron la violencia de la tarde de ayer y el poder para quebrar los negocios de los homofóbicos. Pónganse las pilas, hagan circular un comunicado de prensa, exijan un pronunciamiento de parte de los candidatos presidenciales. ¡Firmas por votos! Ustedes se definen como activistas y han decidido estar al frente, entonces hagan eso significativo. Este es un momento importante para nosotros. Hablen con Bruce, con Villarán, necesitamos que los políticos se pronuncien, que esto se sepa. La lucha es política, no hay otra manera.

A los que fueron golpeados les sugiero que no se queden callados. Sé que hicieron una denuncia en la comisaría, que avisaron a la Fiscalía. Eso está muy bien, no dejen que los callen. Vayan a la Defensoría del Pueblo y a Inspectoría de la Policía, a los medios, pidan pronunciamientos de parte de los políticos. En este momento necesitan un abogado que los asesore para que esto no quede impune. Necesitamos demostrar que no nos vamos a quedar a llorar en casa, necesitamos hacer saber que estamos molestos y que esta acción va a tener consecuencias. Acción política, activismo de verdad. Hagamos algo, algo de lo que podamos estar satisfechos mañana para poder besarnos en donde se nos dé la gana al tener una ley que nos proteja.

Las imágenes son de Blog de Lima Gay, pueden verlas aquí.

En la web de El Comercio hay una nota sobre lo ocurrido. Pueden leerla aquí.

Nuestra contraofensiva electoral

11 febrero, 2011

El martes 8 de febrero los congresistas peruanos archivaron los proyectos de ley sobre la unión civil y patrimonio compartido entre personas del mismo sexo, según veo, por una interpretación legal sumamente antojadiza, más religiosa que científica. Sin duda esto constituye un duro golpe conservador a los avances de la lucha por el reconocimiento de nuestros derechos; pero bien, una vez asumido el golpe, ¿nos vamos a quedar de brazos cruzados, inmóviles, patéticamente quietos? ¡De ninguna manera! Tenemos que contrarrestarlo presionando a los candidatos presidenciales y congresales, hacerlos sentir que somos un sector electoral importante, que si nos ningunean o nos niegan los derechos perderán un considerable número de votos. Debemos dejarles claro que el estereotipo de loca de escandalete farandulero no representa a la mayoría de nosotros y que somos más, muchos más de los que ellos se imaginan. Es el momento de hacer una maniobra política que sea tajante y que sirva de precedente para el resto de la vida electoral de este país. Podemos hacerlo, por primera vez tenemos fuerza y presencia en la agenda política de los candidatos presidenciales, en los medios y en la sociedad en general. Si el golpe conservador ocurrido en el Congreso fue duro, nuestra respuesta debe ser diez veces más dura y drástica. ¡Démonos cuenta! Tenemos el gran poder del voto, el poder del que dependen los candidatos que se están postulando, el poder que hace la diferencia entre quién es elegido presidente y quién no, entre quién es elegido congresista y quién no. Somos ciudadanos con el poder del voto y vamos elegir quién nos representa y quién no. Y no solo eso, podemos convencer a nuestros familiares y amigos para que no voten por gente retrógrada.

En este momento, instituciones como el MHOL deben convocar a toda la comunidad LGTB para responder en bloque, con toda la fuerza posible. Podría ser convocando a una conferencia de prensa y anunciando la respuesta del caso, un apoyo en votos hacia los candidatos que apoyen nuestra lucha. Nadie dijo que conseguirlo sería fácil y prueba de ello es lo que acaba de ocurrir en el Congreso, pero no debemos desperdiciar la oportunidad en la que tantos políticos están de acuerdo en reconocer nuestros derechos. Debemos mantener nuestra presencia en los medios, inundarlos, estar ahí. Pensémoslo bien. Nosotros vendemos noticia, somos noticia, siempre somos atractivos para la prensa. Usemos ese poder también. Es hora de empezar a plantear estrategias para hacer la diferencia en esta campaña electoral y comprometer a las futuras autoridades en las promesas que hicieron con respecto al reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales.

En el blog Con una mirada gay se hizo una propuesta que no puede ser más oportuna: hacer firmar a los candidatos que estén a favor de la unión civil entre personas del mismo sexo, incluyendo igualdad con respecto a bienes gananciales, patrimonio compartido, herencia, seguridad social, pensiones, acceso a créditos conjuntos, toma de decisiones sobre la salud del compañero(a) en caso de emergencia, visitas para el compañero(a) en el hospital o la cárcel, etc. Como es evidente, no estamos promoviendo el “matrimonio gay” (que incluiría, por ejemplo, la tan temida adopción de niños), no promovemos eso, que quede claro, sino igualar gran parte de las condiciones de vida con respecto a una pareja heterosexual; es decir, algo más parecido a la unión civil. Se trata de un compromiso de honor que cada candidato que esté a favor deberá firmar a cambio de nuestros votos. En este caso, propongo que el MHOL y otras instituciones afines, a nombre de la comunidad LGTB, se comprometan a darles su respaldo. ¿Y en qué consiste ese respaldo? El MHOL y todas las organizaciones afines deben informar a la comunidad sobre estos candidatos favorables al reconocimiento de nuestros derechos, de nuestra causa. Deben informarnos de quiénes son los candidatos ’gayfriendly’ para que nosotros y nuestros familiares y amigos votemos por ellos en esta elección, pues mientras más congresistas tengamos de nuestro lado más fácil será alcanzar el reconocimiento. En el caso de los candidatos que no estén interesados en firmar y comprometerse a impulsar estas medidas, el MHOL y las organizaciones informarán de cuáles son estos candidatos, de modo que de ninguna manera votemos por ellos. Nosotros podemos hacer la diferencia entre un candidato elegido y uno no elegido, vamos a demostrarlo en esta elección. Firmas por votos, esto es lo que debemos exigir.

Para comenzar, los congresistas que se pronunciaron en contra de los proyectos de ley que fueron archivados y que se estén postulando en esta nueva elección, perdieron nuestro voto automáticamente. Quiero la lista de esos congresistas para publicarla, vamos a hacerla rebotar en todos los blogs, redes sociales, chats y páginas gay. Esos congresistas que nos perjudicaron deben volverse inelegibles para la comunidad LGTB. Tachémoslos totalmente. Que voten por esos conservadores Cipriani  y sus secuaces del Opus Dei. Respondamos con algo concreto: nos perjudicaron oponiéndose a nuestra ley, entonces pierden para siempre nuestros votos y los de nuestros familiares y amigos.

Los bloggers y los administradores de páginas web debemos hacer rebotar en nuestros lectores esta estrategia contra los políticos conservadores. Informemos, hagamos esto en conjunto, les prometo que dará resultados. Somos una fuerza más grande de la que se imaginan algunos ingenuos, por lo cual no debe ser subestimada. Olvidémonos del activismo alegórico-circense y concentrémonos en el activismo político. La elección está a un par de meses, suficiente tiempo para que esta estrategia funcione y seamos una fuerza que los políticos tendrán que respetar. Dejémonos de victimizarnos y encaminémonos en hacer esta lucha efectiva, que puede ser histórica y cambiar para siempre el escenario político. Todos estamos aquí y el reconocimiento de derechos está muy cerca, ahora debemos presionar.

Esa es la estrategia en conjunto que propongo. Pero esto no funciona con una sola persona. Necesito que sea enriquecida y mejorada por ustedes, que todos los que puedan aportar desde algún campo profesional (publicidad, periodismo, derecho, sociología, etc.) o no profesional lo hagan. Y como primer paso, enviémosles cartas a todos los candidatos a la presidencia y al Congreso (más abajo ajunto la lista de todos los candidatos por Lima), adjuntando un compromiso de honor de ambas partes, tanto del político como de la comunidad LGTB, representada por el MHOL. Si el compromiso es devuelto firmado, les daremos nuestro voto; de lo contrario, les será negado y ninguneado por toda la comunidad LGTB y nuestros familiares y amigos. Les aseguro que habrá muchísimas respuestas y desde todos los partidos.

Bajar lista de Candidatos al Congreso por Lima 2011

Sobre los penes grandes

7 febrero, 2011

Recuerdo que en un curso de Psicología, ya hace unos años, el profesor nos dijo que si queríamos tomarle el pulso a las fantasías más privadas de la sociedad contemporánea debíamos ver mucha pornografía. Un consejo muy heterodoxo, aunque habría que precisar que se trata de ver pornografía, pero con cierto ojo crítico, haciéndose las siguientes preguntas: “¿cómo es el deseo que busca satisfacer esta película?”, “¿cómo y qué debo desear según esta película?”.

Pornografía hay para todos los gustos, pero de las últimas cosas que he visto me ha llamado poderosamente la atención la página It’s Gonna Hurt (“Esto va a doler” o simplemente “Dolerá”). Para empezar, este es un tipo de pornografía sumamente original, más cerca del estilo reality-porn (como BaitBus.com, de la que escribí hace un par de semanas). It’s Gonna Hurt trata de las aventuras sexuales de Castro, un actor porno con un pene gigantesco que va por las calles buscando gays pasivos a los cuales follar sin compasión. Claro que este detalle, el pene gigantesco, es la clave evidente para entender una de las fantasías más comunes entre todos los homosexuales. Aquí varios activos pueden saltar y decirme que a ellos no les importan los penes grandes, pues solo son activos. Tranquilos, suponiendo que nunca hayan sido penetrados (ni por curiosidad) y que nunca se hayan imaginado ser penetrados, lo cierto es que incluso los activos, en nuestra instancia más íntima, pensamos en penes grandes: deseamos ser pingones.

¿Pero qué implica un pene grande? Básicamente un placer que está emparentado con el dolor, una especie de “dolor rico” (“dolerá”, “esto va a doler”). Creo que en el caso de la página porno en mención el asunto se vuelve más interesante porque llega al límite: el actor porno Castro es tan, pero tan pingón que la fantasía del placer proporcionado por la pinga grande puede colapsar; en otras palabras, puede volver esa experiencia sexual como puro dolor sin nada de placer (y esto lo podemos apreciar con varias de sus “víctimas” que, ya no tan envalentonadas, gritan o gimen de dolor ante la herramienta de Castro cuando son penetrados). Es interesante que entre toda la filmografía porno, que suele vender la idea de que el placer y el dolor están totalmente bajo control, aparezca este tipo de porno que amenaza con romper con el control, debido a la desproporción que implica la pinga de Castro.

Entonces ya podemos ir identificando una dinámica muy interesante, una dinámica sadomasoquista que está en el interior de nuestras subjetividades homosexuales, y no solo en cuestión de sexo, sino también en cuestiones de relaciones de pareja. Para que haya un sádico es necesario que haya un masoquista; es decir, alguien que tenga un falo “poderoso” con el que pueda someter, y otro alguien que desee ese falo “poderoso” que lo someta. La pregunta aquí sería: ¿los homosexuales nos dividimos básicamente en sádicos y masoquistas? Es una pregunta que queda abierta, pero que sirve para profundizar y ver hasta dónde nos puede llevar. Pensemos en buena parte del Queer Cinema (las llamadas “películas de temática gay”): melodramas moquíferos, donde los gays sufren y sufren hasta que llega el patético y repentino final feliz; discursos de victimización en todos los niveles, siempre perpetrados por una sociedad que ha robado la felicidad al homosexual; etc.

Hace un par de semanas alguien me dijo en un comentario que yo exageraba en mi hipótesis sobre el masoquismo a partir de mi lectura de una historia de CinesPorno.tk (el post se llama “¿Todo homosexual adora a un fascista?”). Pero es que todo está conectado: la pinga grande que hace doler está ligada a buscar un tipo de pareja dañina una y otra vez (en una relación sentimental), o está ligado a entenderse siempre como la víctima pobrecita que nada puede hacer para cambiar su situación, o está ligado a buscar sexo con cualquier desconocido, en el antro más peligroso y de la peor manera, o está ligado a tirar sin protección, exponiéndose a infecciones y otras enfermedades de transmisión sexual, o, peor aún, está ligado a considerar que un homosexual “no tuvo la culpa” de nacer homosexual (como me dijeron en un foro de GaysPeruanos hace unos pocos días).

La pinga gigantesca es sinónimo del castigo y del dolor, del maltrato al cuerpo, de no merecer algo diferente. Muchos defenderán su derecho al placer basado en el masoquismo o el sadismo, pero deberán entender que el placer también es una construcción cultural, que está producida desde algún mandato social (en este caso, que los homosexuales solo merecemos dolor o maltrato). Los chats, en los que también me meto a mirar el pulso cotidiano, están llenos de masoquistas (“estrechos” que buscan “pingones”, “selladitos” que desean ser “reventados” o “rotos”) y de sádicos (“aventajados”, “mandingos”, “ametralladoras”, “taladros” de “23 cm”, etc.). No hace falta ser muy perspicaz para detectar cuáles son las fantasías de los homosexuales, en cada chat y en cada red social están muy bien reflejados. Hagan el intento de mirar con ojo crítico la próxima vez que estén ahí, no pierden nada.

Una vez más, la pornografía, en su afán de complacer nuestros deseos, nos ha mostrado una de las fantasías más comunes entre los homosexuales e, incluso, nos ha permitido relacionarla con una dinámica sadomasoquista en todos los niveles. Aquí alguno me preguntará si ser sádico o masoquista está bien o mal. Lo que yo creo, y es algo muy personal, es que todos tenemos algo de sádicos y algo de masoquistas; sin embargo, creo que habrá que estar atento al momento en que esas dinámicas se vuelvan contraproducentes o nocivas. Eso dependerá de lo que cada uno quiera para su vida. Hemos empezado con buen pie al identificarlas. Es algo.

Disparates conservadores

2 febrero, 2011

La noche de ayer, en el programa La hora N de Jaime de Althaus, me partí de risa durante 20 minutos escuchando las cantinfladas de Martha Chávez, candidata al Congreso por Fuerza 2011. Al mismo tiempo, descubrí a Susel Paredes, candidata de Fuerza Social, una lesbiana sumamente lúcida y de espíritu combativo que se comió viva a la candidata fujimorista durante el debate televisivo.

Me ha dado muchísimo gusto ver cómo los candidatos ultraconservadores, otrora horrorizados con la posibilidad de la unión entre personas del mismo sexo, hoy tengan que considerar esa posibilidad entre sus temas de agenda, posicionándose a favor, seguramente por el momento electoral que estamos viviendo. No puedo describir mi alegría (medio revanchista, la verdad) por los avances que las ideas progresistas están consiguiendo y, cómo no, por el retroceso de creencias prejuiciosas y disparatadas, como las defendidas por Chávez el día de ayer. Por ello, lo que he preparado es una especie de disección de los argumentos de Martha Chávez, para señalar sus falacias y reírnos todos juntos.

Previamente, quiero decir que, si bien la candidata Susel Paredes ha defendido de una manera consistente por qué es mejor optar por el matrimonio y no por la unión civil, me parece bastante improbable lograrlo en esta elección, hablando electoralmente (la adopción de niños le da terror a mucha gente, incluso a los mismos homosexuales), aunque a mí me parezca lo correcto. De hecho, aun si votara por Fuerza Social para la primera vuelta, son nulas las probabilidades de que un candidato que ofrezca el matrimonio gane las presidenciales en segunda vuelta. Pensándolo fríamente, la unión civil es un gran avance, aunque por el momento sea una especie de autodiscriminación, como Susel Paredes describe muy bien. Lo que deberíamos pensar es que se trata de un paso importante, mas no el fin de la lucha por el reconocimiento pleno de derechos. Aclarado este punto, empecemos a divertirnos con las argumentos de Martha Chávez.

Creo que la naturaleza no se puede cambiar cambiando dos palabras de un código. El matrimonio es el matrimonio. Es una institución natural.

Definitivamente no es una institución natural, sino cultural. “Matrimonio” tiene un punto de partida específico en la legislación romana que no es válido en todas las épocas ni en todas las culturas. Incluso en la Biblia, en el Antiguo testamento, se contemplan combinaciones que no tienen que ver con el matrimonio romano, especialmente procreación entre hermanos o  poligamia, por citar dos ejemplos flagrantes. Podemos ser más explícitos y considerar algunos puntos de historia de la palabra “matrimonio”. Por ejemplo, a fines del siglo XIII, la época del poeta italiano Dante Alighieri, el matrimonio era un mero trato comercial entre familias, no tenía nada que ver con amor, como lo deja claro en varios versos de La vida nueva. Y pensar que hay personas que creen que el matrimonio fue todo el tiempo una unión libre. Olvidan también que hace unas pocas décadas se consideraba que la mujer, por su “naturaleza” inferior, debía estar sometida a las decisiones de su marido y ocuparse de la casa y la crianza de los hijos, al punto que no podía votar o siquiera adquirir bienes propios sin el permiso del marido. Esto hoy puede escandalizar a muchas personas, pero en esas épocas se sostenía que eran las razones “naturales” las que le otorgaban ese lugar dentro de la familia. Así que “natural” es una palabra que tiene una historia y una interpretación, que no es universal ni válida para todas las civilizaciones. Pensemos en las civilizaciones influidas por el Corán y otros libros sagrados que sostienen que el hombre puede tener muchas mujeres, mientras que las mujeres valen prácticamente nada. Una vez más, el “matrimonio” es algo estrictamente cultural (romano), que obedece a un contexto y a intereses específicos. Con todo esto quiero decir que la idea de matrimonio, que tiene unos veinte siglos, ha cambiado muchísimas veces para adaptarse a los cambios de la sociedad. La familia no es una institución natural porque ha habido muchos modelos cambiantes a lo largo de la historia, hoy en día no existe un solo tipo de familia, así que de una vez podemos afirmar que es una mentira evidente.

[El matrimonio] tiene varias funciones, entre ellas la convivencia, la procreación y la cooperación espiritual y material entre las personas.

El matrimonio entre dos homosexuales o dos lesbianas cumple con la convivencia y la cooperación espiritual y material. No hay problema con eso. ¿Y la procreación? Pensémoslo con calma: ¿los heterosexuales que se casan firman un contrato con el Estado en donde se comprometen procrear? ¿Acaso hay un “control de procreación” para los que se casan? Obviamente no. ¿Los estériles no pueden casarse? Claro que pueden. ¿Una pareja puede adoptar hijos? En el caso de que lo desee, claro que puede. Entonces es falso que la procreación implique necesariamente la “función” de procreación, pues evidentemente puede hacer de lado este espacio.

Ahora, con respecto de la unión específica entre espermatozoide y óvulo para generar nueva vida, esto se relativiza en las parejas que actualmente adoptan. Si son estériles, su naturaleza no permite la unión específica entre espermatozoide y óvalo; sin embargo, el Estado les da la oportunidad de adoptar un hijo que no es fruto de esa unión específica entre espermatozoide y óvulo. La naturaleza no les otorga el derecho, sino un criterio racional del Estado. La ideología de Martha Chávez revela un conservadurismo católico muy cerrado, al punto que intenta aplicar las normas del matrimonio religioso en el matrimonio civil.

La situación de las personas lesbianas, homosexuales es especial. No es ni menos ni más. Es especial porque lo común es que seamos hombre y mujer.

Este argumento es peligroso porque oculta una dinámica contraproducente. Este argumento consiste en otorgar una limosna a favor de los ‘raros’, algo así: “Como eres ‘especial’ (anormal), te otorgo una cantidad de leyes y alguna que otra de yapa, pero ni se te ocurra que te voy a dar la plenitud de derechos de alguien ‘común’ (normal), pues tú eres ‘raro’, ¿entendiste?, ‘ra-ro’ y se acabó”.

Hay personas a las que nunca les va a entrar en la cabeza que los homosexuales y lesbianas siempre hemos existido y existiremos (incluso los travestis, que representaban una práctica común en el teatro isabelino y en el teatro de la Edad de oro española). Que seamos una aparente minoría (en el caso de que neguemos la homosexualidad que todos tenemos en algún grado, heterosexuales u homosexuales) no significa que no seamos “comunes” (Martha Chávez quiso decir ‘anormales’, lo sé).

Yo no creo que debamos discriminar a las personas que viven una situación especial. No es un tema de discriminación o de derechos civiles.

Y aquí sabemos por qué es una trampa: desde el argumento anterior, como se trata de regalarle un puñado de leyes a unos ‘raros’, los políticos no consideran el tema como un reclamo de derechos civiles (ciudadanos, de cualquier persona), sino como una situación de excepción. Esa es la trampa escondida incluso en la ‘unión civil’, nos limita. La idea es apuntar a la igualdad de derechos, la ciudadanía plena.

El matrimonio es una institución natural que no se presta, no se acomoda a la situación especial de un solo sexo que quieren tener una situación afectiva.

¿Y los padres y las madres solteras? ¿Debemos quitarles sus hijos por ser parte de una ‘situación especial de un solo sexo’ y no algo natural? Salvo en la mente conservadora de esta señora, un niño no puede tener dos papás o dos mamás. Muchos casos, desde hace tres décadas, la contradicen. Me refiero a las adopciones de los padres o madres homosexuales en Europa.

Me parece hasta enfermizo que una persona prefiera que un niño crezca en un orfanato en lugar de hacerlo en una familia homosexual que ha aprobado el largo y difícil proceso de calificación para la adopción vigente en las leyes de un Estado. Me pregunto también cuántas madres y padres solteros han sabido darles cuidados y educación a sus hijos sin acomodarse al molde fetichista de familia tradicional de personas como Martha Chávez. Y ni hablar de los abuelos o los tíos que se encargaron de hijos ajenos. Qué mentes tan podridas contaminan la política peruana.

Yo sí estoy de acuerdo con un reconocimiento legal a una situación especial, pero que no se circunscribe a las uniones homosexuales.

‘Especial’ es igual a ‘anormal’, ‘raro’, lo que no es igual y legítimo a lo ‘normal’. Quédese con sus migajas, señora Chávez. Al final un grupo sindical va a tener los mismos derechos que una pareja homosexual, pues la segunda, en el reducido criterio de esta mujer, nunca será ‘familia’.

Hay que seguir la naturaleza de las cosas […] Me he informado sobre qué es la familia y qué es el matrimonio. Pero eso no impide que haya el reconocimiento a determinadas situaciones especiales y el derecho tiene que solucionar esto.

Ya expliqué cuál es el problema de ser una excepción ‘anormal’.

[Con respecto a los herederos forzosos en el caso de los homosexuales], el cónyuge concurre con los hijos, no con los padres. [Y si no tienen hijos], concurren con los padres. Es que no podemos llamar a las cosas lo que no es. No es matrimonio y la situación no es perfectamente adecuada al matrimonio porque ahí no hay capacidad generativa.

Aquí los electores debemos tener esto muy claro: lo que propone Martha Chávez (con todo su partido) es que, como los homosexuales no podemos procrear hijos, en el caso de que fallezcamos y haya que otorgar herencia, nuestros bienes nunca irían para nuestra pareja, sino hacia nuestros padres. Esto muchos activistas lo tienen claro. Si tus padres te echaron de su casa por tu opción sexual y tú, por tu lado, hiciste una vida, trabajaste y compraste bienes (una casa, un auto, etc.), entonces es injusto que si falleces tus únicos herederos sean esos padres que te echaron. Lo que propone Martha Chávez es sumamente injusto y discriminatorio, sobre todo porque su único argumento es que “eso no es familia” (en el caso de una pareja homosexual). Esta mujer insiste en cerrarse en un modelo único de familia y no puede entener, como dice Susel Paredes, que el tiempo cambia, las condiciones cambian y las personas tenemos derechos que hemos conquistado a lo largo de la historia. Obviamente, políticos como Martha Chávez bloquean la conquista de los derechos. Mucho ojo a la hora de votar.

_________________

Les recomiendo este pequeño texto sobre el contexto en el que se produjo en Argentina el matrimonio igualitario. Muy recomendable. Clic aquí.

También encontré  reproducidas en Taringa! las Consideraciones de científicos(as) del CONICET e investigadores(as) de Argentina acerca de la ley de matrimonio universal y los derechos de las familias de lesbianas, gays, bisexuales y trans. Sumamente recomendable para desbaratar argumentos dizque científicos o acerca de la “naturaleza” de la familia.

El mito de la familia tradicional

31 enero, 2011

En los últimos días se invoca a la “familia tradicional” debido al terror que produce, en algunas mentes conservadoras, la idea de la unión civil entre personas del mismo sexo. Esto se debe a que la unión civil es vista como el primer paso para la adopción que se lograría, posteriormente, con el matrimonio entre personas del mismo sexo. Lo que voy a decirles en este post no cancela el debate sobre la adopción, pero sí destruye uno de los argumentos más fuertes que utilizan los que se oponen a la adopción: la familia tradicional.

La familia tradicional (compuesta por padre, madre e hijos) es una idea fundamental para religiones como la católica, que creen que esta combinación fue establecida por dios o, peor aun, por la naturaleza. A los que tuvimos la mala suerte de estudiar en colegios católicos nos han hecho creer que este tipo de familia es el modelo; es decir, no solo el tipo mayoritario de familia, sino también el correcto, pues suponía el funcionamiento sano del orden social. En ambos casos, se trata de mentiras.

En Estados Unidos, donde el mito de la familia tradicional (o familia americana) alcanza adhesiones demagógicamente impresionantes, hay políticos que han sabido utilizar esta mentira para lograr sus objetivos. George W. Bush, durante la campaña electoral para su reelección, se proclamó como un representante de la “familia americana”, la cual, de acuerdo con él, sostenía el orden social de su país. Lo cierto es que la familia americana como mayoría abrumadora (o paradigma) siempre ha sido un mito. Recuerdo uno de los episodios de Penn & Teller: Bullshit!, dedicado específicamente a este tema, en el cual una historiadora y una socióloga especializadas en Estudios de la Familia afirmaban que, estadísticamente, la familia tradicional siempre bordeó más o menos el 50% del total de las familias americanas (con una tendencia a la baja en las últimas décadas). Por lo tanto, el gran paradigma de la familia tradicional, en Estados Unidos, es un mito muy arraigado, una ficción tan eficientemente construida que, si no fuera por la estadística, seguiría sonando extraña.

¿Qué hay del Perú?

En Limpias y modernas: género, higiene y cultura en la Lima del novecientos (1999), el minucioso estudio sobre el rol ordenador de los médicos y las mujeres de Lima en el siglo XIX, María Emma Mannarelli hace referencia a los porcentajes de los hijos dentro y fuera del matrimonio, entendiendo a los primeros como parte de familias tradicionales y a los segundos como parte de familias no tradicionales. El resultado, que ya escandalizaba a los curas y las autoridades de la época, es incluso mayor que en Estados Unidos: las familias no tradicionales alcanzan unos puntos sobre el 50%, que en algunos momentos llega a 60%. Si esa era la cifra en la capital, imaginemos cuánto se dispararían los resultados en provincia, donde la institucionalidad era menor. De hecho, era una preocupación pública la baja tasa de matrimonios, pues prejuiciosamente suponía un país enfermo, débil, etc. Con todo esto, podemos decir que en este país, desde que se empezó a llamar “Perú”, las familias tradicionales nunca fueron la mayoría. Y esto desencadena una serie de cuestionamientos a las ideas conservadoras que, para variar, hoy vuelven a salir a la luz.

Pero antes de ello, veamos a qué nos referimos con familias no tradicionales. En realidad, es simple, solo hay que negar el mito: madres o padres solteros, huérfanos en instituciones, padres con hijos adoptados, hijos criados por otros familiares (abuelos, tíos, hermanos) y, más recientemente, familias con dos padres o con dos madres. Como podemos notar desde el principio, siempre ha habido niños que no han crecido en hogares “ideales” (con papá y mamá); sin embargo, para sorpresa de los conservadores, no vemos variables en la salud o la conducta de estas personas: ni más locos, ni más delincuentes, ni más desadaptados. Ni más ni menos infelices si los comparamos con las familias tradicionales. ¿Acaso la sociedad se fue al diablo cuando las familias tradicionales dejaron de ser la mayoría (si es que en algún momento realmente lo fueron)? Obviamente el mundo no se acabó. Lo vergonzoso es el estigma que muchos conservadores proyectaron y proyectan aún sobre los hijos de familias no tradicionales. Un ejemplo pequeño: pienso en todos esos colegios católicos en los que, inclusive hoy, no aceptan a hijos de padres divorciados o a los hijos de padres que no tienen certificado de matrimonio religioso, como si eso los hiciera mejores personas o los dotara de mayores capacidades como estudiantes. Sencillamente ridículo y prejuicioso.

Ahora bien, a pesar de todo, estos hijos estigmatizados por provenir de familias no tradicionales no han sufrido trastornos emocionales generacionales; al contrario, rápidamente han demostrado ser tan o más capaces y aptos que sus pares. La sociedad se ha adaptado. Hace unos 40 años un hijo de padres divorciados era mal visto en su colegio. Hoy en día, es lo más común del mundo. Fue similar con los huérfanos de uno o dos padres, pues en nuestros días nadie se jala de los pelos por algo así. Esto lo digo porque he leído, incluso en blogs de gays, que si se diera la adopción de niños, esto les produciría un terrible “daño emocional”. Es un argumento sumamente limitado, pues, si nos damos cuenta, toda combinación diferente a la de la familia tradicional tiene un estigma. Ahora bien, ¿se acabó el mundo? Primero eran estigmatizados los hijos huérfanos, luego los hijos de madres solteras, después los hijos de padres divorciados. Tocará que sean los hijos de parejas homosexuales, pero no será el fin del mundo; no habrá un choque emocional que los inhabilite como personas o los vuelva desadaptados. De hecho, los resultados en los países donde se aprobó la adopción descarta la tan temida desadaptación o el “daño emocional”. Creo que no es la presencia de los elementos los que aseguran la felicidad de un hijo; quizá esto es lo más interesante que podemos aprender al comparar a los hijos de las familias tradicionales y las no tradicionales.

¿Una familia tradicional asegura la felicidad de un hijo? Definitivamente no asegura la felicidad, pero tampoco la infelicidad. Muchos hijos de las familias procreadoras son abandonados o maltratados, así como otros también son bien cuidados y tratados. En el caso de las familias no tradicionales, los resultados no varían con respecto a las familias tradicionales. En muchas familias tradicionales hay hijos no deseados que son percibidos por sus padres como motivo de su frustración. La pregunta es evidente: ¿acaso la naturaleza (la procreación) ha asegurado la felicidad de los hijos? Una vez más, personas como el cardenal Cipriani repiten frases inverosímiles.

Con todo esto podemos desenmascarar a los autoproclamados portavoces del orden social, aquellos que se basan en un “dios” (que habla de acuerdo con sus deseos) y en el mito de la familia tradicional, que es solo eso, un mito que ha representado injusticia y marginación. El mundo no se ha terminado ni ha habido una debacle social por la existencia de familias no tradicionales, pues las tradicionales nunca han supuesto en cantidad un margen superior. Aquellos que quieren tener un solo modelo y negar la diversidad (una práctica fascista, por cierto) se aferran a sus mentiras, a pesar de que se caen por pedazos. Las sociedades cambian y las familias no tienen una fórmula que asegure la felicidad o la infelicidad. Es hora de hablar claro y sacarnos la venda de los ojos, de dejarnos de mentiras y de enfrentar con argumentos a aquellos que sostienen discursos falsos y nocivos para una sociedad que necesita aprender a respetar la diversidad.

A modo de provocación, les dejo el episodio de Penn & Teller: Bullshit! titulado “Valores familiares”. Aunque no siempre estoy de acuerdo con la postura de este programa, en este caso resulta sumamente ilustrativo y gracioso hacer un repaso por la idea de “familia americana”. Lamentablemente, no conseguí una versión en español. Clic en la imagen para ver el video.

______________________

-La imagen de la familia tradicional fue sacada de
http://catolicoygay.blogspot.com/2010/10/apoyo-la-familia-tradicional.html
-La imagen de la familia no tradicional fue sacada de
http://enriquetorremolina.wordpress.com/2009/11/02/caleidoscopio-jurisdiccion-eclesiastica-ii/

Resumen electoral: cuidado con los políticos en campaña

30 enero, 2011

Algo bueno está sucediendo este año con respecto al reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales. Todos los candidatos presidenciales se orientan “aparentemente” a estar a favor de las uniones civiles o el reconocimiento patrimonial, incluso en Fuerza Social abogan por el matrimonio igualitario (con adopción de niños). Es en estos momentos que debemos separar la paja del trigo, ver más allá de las apariencias, pues los políticos están buscando votos. Creo que ya se dieron cuenta de que somos más de los que ellos se imaginan (seguramente están acostumbrados a ese grupito de estilistas poco representativos de la televisión o a los drag queens que desfilan en las circenses marchas del orgullo). Creo que ya se dieron cuenta de que en el closet y solapas hay un montón. Es momento de que los bloggers informemos a nuestros miles de lectores, como ya lo estamos haciendo, pero específicamente de la viabilidad de las propuestas para las minorías sexuales.

Les recomiendo que lean la espeluznante entrevista a Rafael Rey (vicepresidente de la plancha de Keiko Fujimori), el último post de Blog del Ocio, la interesante columna de Renato Cisneros y, por último, recomiendo que vean este video-recuento realizado por Gay Friendly. Por mi parte, presento un resumen muy breve de los pros y los contras según cada partido.

PERU POSIBLE

Pros: Su bancada congresal impulsó la ley contra los crímenes de odio; en su plan de gobierno está incluida la unión civil de personas del mismo sexo y algunas otras leyes (del ámbito patrimonial) que favorecen a las minorías sexuales.

Contras: No sabemos si el otorgamiento de derechos a las minorías sexuales es apoyada en consenso por todos sus candidatos parlamentarios.

SOLIDARIDAD NACIONAL

Pros: (Silencio)

Contras: La figura que plantean no es la unión civil, solo un contrato patrimonial entre dos personas que viven juntas (podría ser entre hermanos, amigos, socios), que es exactamente igual a lo que tenemos ahora (tú puedes hacer un contrato patrimonial con quien desees); la nueva postura dizque tolerante de Castañeda más parece relacionarse con el de hecho de que la homofobia le quita votos; yo no me olvido de sus declaraciones homofóbicas contra Bruce.

FUERZA 2011

Pros: Parece haber un espíritu de apertura en el partido, sobre todo en los jóvenes, pero los líderes aún miran con suspicacia jugársela por las minorías sexuales; hay gente como Carlos Raffo o Keiko Fujimori a los que no les apesta hablar del tema y tibiamente se pronuncian a favor del reconocimiento de derechos de las minorías, aunque nunca de la adopción (salvo para Kenji).

Contras: Al igual que Castañeda, más que la unión civil, los fujimoristas promueven establecer un contrato entre dos personas del mismo sexo que viven juntas, no de aprobar una ley que sea idéntica a la de las parejas de hecho (no incluye el tema de la adopción), que es la situación actual: cualquiera puede establecer un contrato con su pareja; por otro lado, hay sectores ultraconservadores homofóbicos representados en políticos como Rafael Rey y Martha Chávez (Opus dei), que jamás verán con buenos ojos el reconocimiento de derechos de las minorías sexuales y, más bien, boicotearán internamente cualquier intento; por último, no hay nada con respecto la unión civil ni el reconocimiento de derechos para las minorías sexuales en su plan de gobierno.

ALIANZA POR EL GRAN CAMBIO

Pros: PPK no ha dejado muy claro si apoya la figura del contrato patrimonial (lo mismo que nada) o si apoya la unión civil entre personas del mismo sexo.

Contras: En el arroz con mango de esta alianza, hay sectores ultraconservadores y homofóbicos como el PPC (Lourdes Flores) y Restauración Nacional (Humberto Lay), que jamás estarán de acuerdo con la unión civil y boicotearán desde adentro cualquier intento.

GANA PERÚ

Pros: Este partido ha conversado con sectores activistas LGTB y no solo los ha incluido a ellos, sino también a varias de sus propuestas de reconocimiento, como la aprobación de la unión civil, la ley de no discriminación por orientación sexual y la ley contra los crímenes de odio; en ese sentido, hay gente que propuso anteriormente las uniones entre homosexuales, como el ex congresista Javier Diez Canseco.

Contras: La pregunta es acerca de la fuerza que pueden tener estas iniciativas a favor de las minorías en el interior del partido, entre todos los legisladores en su conjunto; por otro lado, no he olvidado las ideas de Antauro e Isaac Humala acerca de matar homosexuales.

FUERZA SOCIAL

Pros: Se la juegan con todo, en su plan de gobierno no solo contemplan la unión civil, sino también el matrimonio con adopción de niños; han incluido en su lista para el Congreso a dos activistas homosexuales.

Contras: No es en sí un ‘contra’, sino una cuestión de estrategia electoral: el matrimonio con adopción de niños aterroriza a la mayoría de la población y, lamentablemente, no hemos educado a esta mayoría para que entienda que no hay nada malo en que una pareja homosexual adopte niños, como se ve en países donde esto ya se implementó. Más es responsabilidad nuestra que ahora no podamos ver tan viable una excelente alternativa como esta.

¿Dios odia a los homosexuales?

26 enero, 2011

Cuando era alumno de Estudios Generales Letras en la Católica uno de los cursos requisito era Fe y cultura actual. Me sentí muy mal al enterarme de esta noticia, pues soy agnóstico desde los 12 años, y odiaba tener que llevar un curso de Teología por obligación. Encima había estudiado en un colegio religioso, así que desde el principio detesté la idea de llevar ese curso (para colmo, dictado por un cura). Lo interesante es que en el camino descubrí que una posición auténticamente cristiana no tiene nada que ver con los disparates intolerantes que suele decir Cipriani en los medios o que viejitos intolerantes como Lay repiten. Ese semestre, para mi total sorpresa, el cura que me enseñó (sociólogo, español y liberacionista, por cierto) me hizo entender que el cristianismo no tiene nada que ver con las charlatanerías y prejuicios que repiten sectores conservadores como el Opus Dei. Ese semestre entendí que no todos los sectores religiosos sostienen argumentos tan estúpidos como los de Cipriani. Y también entendí que ser cristiano no es ir a comerse hostias en la misa, ni persignarse por cualquier disparate, ni pensar que los males del mundo se resuelven rezando. Recuerdo unos ejemplos que nos ponía el padre Andrés (a quien nunca llamé “padre”, sino “profesor”). Por ejemplo, una señora puede confesarse todas las semanas, ir a misa todos los domingos y comulgar, saberse todas las oraciones, rezar todos los días, pero si en su casa maltrata a su hijo o a su empleada doméstica no es cristiana. Así de drástico. Otro ejemplo más duro es Pinochet, quien para muchos chilenos “católicos” y sobre todo para los curas opusdeístas que apoyaron su golpe contra Allende, era un cristiano ejemplar: comulgaba todos los domingos. Eso bastaba, en la lógica de estas personas, para ser cristiano. La pregunta está en saber quién le daba la hostia cada domingo a un genocida que tenía por costumbre aniquilar estadios llenos de gente. Eso, por supuesto, es una hipocresía que poco o nada tiene que ver con el legado cristiano. Andrés solía decir que su dios no podía ser el mismo dios de Pinochet.

¿Pero qué es un cristiano? En términos simples, alguien que imita a Cristo (o Jesús) en su quehacer diario, en su obra, cada día, y adaptando el mensaje a los tiempos actuales. Hay, por cierto, una serie de interpretaciones sobre su vida. Los más intolerantes son los idiotas que se ciñen a la Biblia para repetir al pie de la letra lo que dice, esos que no entienden que un libro de hace veinte siglos (escrito por personas determinadas por una cultura y un tiempo diferente al nuestro) debe ser interpretado por un especialista con un conocimiento importante de lenguas muertas (griego, arameo, sánscrito, etc.), de geografía e historia antigua (hay un sinnúmero de errores históricos y geográficos en la Biblia que solo un especialista puede notar), de filología (para todo aquello que se pierde o que es inexacto de la traducción de una lengua a otra), de teología (por las ideas teológicas que expone la Biblia, de un tiempo determinado) y un largo etcétera. En conclusión, cualquier hijo de vecino malinformado e ignorante, como tantos “cristianos” que creen entender un libro lejísimos en tiempo y en idiosincrasia, no puede decirnos nada realmente útil sobre la Biblia, salvo paporretear los disparates que le ha dicho algún pastor casi tan desinformado e ignorante como la gente que reclutan estas cuasi religiones. Para ilustrarlo, es como pedirle a un ingeniero civil que haga una edición crítica de una obra de Shakespeare.

Pongamos un ejemplo: la misoginia. En la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, hay un desprecio sumamente notorio por las mujeres. Siempre son la última rueda del coche, las que no pintan para nada, las que pueden ser despreciadas, violentadas, asesinadas y un largo etcétera. De ellas, las putas son lo peor, la escala más baja. De igual manera, los niños son vistos como estorbos, como personas aún incompletas e inútiles. Lo mismo pasa con los pobres y los enfermos, ¿quién no se acuerda de los leprosos? Esa es la sociedad en la que Jesús aparece y lo interesante de su mensaje es que se enfrenta a ese orden social. El mensaje de Jesús no es “vamos a rezar por la paz y el amor del mundo” y ya. Tampoco es golpearse el pecho, “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Jesús lucha pacífica y frontalmente contra esa sociedad corrompida, se pone del lado de los marginales, de los olvidados, de los últimos de la fila. Pero no les dice “sufre, sufre, cuando mueras tendrás tu recompensa”. Jesús se propone cambiar el mundo de acá. Se junta con las mujeres (hasta con las putas) y les dice que lo sigan, les dice a los niños que se acerquen porque de ellos es el reino de Dios (algo que horrorizó a las autoridades religiosas de su tiempo), les dice a los pobres que no deben pagar los impuestos a los romanos (que en su época tenían una serie de intermediarios, lo que los hacía impagables), cura a los leprosos, etc. El relato de su vida es sumamente fascinante porque lo que hace es subvertir el orden establecido, con acciones concretas. Su obra es ir en contra de los grandes maestros de la ley (judíos como él, y expertos en una interpretación limitada del Antiguo Testamento). Jesús no teme ir en contra del poder de las autoridades de su religión, a las que ve corrompidas. Se enfrenta a esa sociedad no con la violencia, sino con el ejemplo, el respeto a la vida y la palabra (sus famosas parábolas).

Es precisamente la desestabilización del orden lo que preocupa a las autoridades. Si recuerdan la historia, son las autoridades judías (más que las romanas) las que están preocupadas por deshacerse de él. Es peligroso, los marginados lo siguen, le hacen caso. La idea no es que “Jesús vino a morir para salvar a los pecadores del mundo”, esa es una fallida interpretación de san Anselmo. La idea es que Jesús hizo algo considerado peligroso para las autoridades de su época (se compró el pleito de los marginados) y fueron esas acciones las que provocaron que las autoridades judías busquen la manera de eliminarlo.

He hecho un largo recuento a partir de mis recuerdos de las estimulantes clases del padre Andrés, quien si por alguna casualidad de la vida llega a leer este post pido que perdone los errores o las generalizaciones que se me puedan haber pasado, las cuales son de mi entera responsabilidad. Decía que hice un largo recuento para responder a la pregunta inicial: ¿Dios odia a los homosexuales? Yo diría que depende del dios que quieras tener, pues ya les mencioné que Pinochet tenía un dios a su medida, dizque cristiano, que lo premiaba con la hostia cada semana, después de matar estadios llenos de gente, entre otras cosas que nada tienen que ver con las acciones de Jesús.

Si yo creyera en un dios, creería en el dios cristiano que se puso del lado de los más débiles, de los marginados, de aquellos que no tenían voz. Recuerdo, entre tantas otras cosas que, en una de esas clases de Fe y cultura actual, los alumnos quedamos en silencio después que el padre Andrés nos hizo pensar en cómo se podía ser cristiano hoy en día. Por supuesto que no es ser cristiano simplemente meterse a misa o comerse hostias, ni persignarse, ni rezar antes de dormir. Recuerdo que nos preguntó cómo podíamos seguir el ejemplo de Cristo hoy en día y estuvimos en silencio unos instantes. “Estar del lado de los marginados”, dijo alguien, y de inmediato el profesor repreguntó: “¿Y quiénes son los marginados de hoy?”. Bueno, estaban los pobres y las putas (como siempre), los huérfanos y, para mi gran sorpresa, el padre mencionó a los homosexuales. Todos los alumnos nos quedamos impresionados, pues este argumento iba en contra de las usuales declaraciones de curas como Cipriani (o de los curas de mi colegio). Es decir, ser cristiano en estos días, entre otras cosas, significa ser solidario con los homosexuales, comprarse el pleito de estos marginados, defender sus derechos, la igualdad y el respeto que buscamos de parte de la sociedad.

Sería muy simplón decir que todos los curas y los católicos son homofóbicos (y pederastas). No manejo estadísticas, tampoco se trata de hacer una. Pero mientras existan los que no crean en la cháchara conservadora de siempre, no se podrá generalizar. Cipriani no es toda la Iglesia, incluso diría que Cipriani no es cristiano, como lo ha demostrado en toda su vida pública. Si algo aprendí del cristianismo en esas clases es que Jesús se peleó contra el sistema, pero de una manera no violenta. Con ideas, con acciones, con una intención clara de cambiar el mundo, este mundo. Su compromiso fue con los aplastados y apestados del sistema, no con los hipócritas maestros de la ley, llenos de lujos y ambiciones personales.  A Cipriani y a Bambarén les diría que es el colmo que un homosexual agnóstico como yo les esté recordando cuál es el mensaje cristiano, ese compromiso con los más débiles y oprimidos que pasan por alto.

Carta abierta a Mónica Delta

24 enero, 2011

Señora Mónica Delta, el día de ayer me quedé sorprendido ante el populachero disparate que presentó en su programa Sin medias tintas, una secuencia que me hizo pensar que Ud. no es una periodista informada. Hablo de la secuencia llamada “El pulso de la calle”, que en este caso, de acuerdo con Ud., surgió porque trataba de saber si la gente de a pie la interesa el tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Considero que la secuencia que presentó es terriblemente tendenciosa por lo siguiente:

Si Ud. le pregunta a una señora heterosexual, sin mayor educación o información acerca de la homosexualidad, con problemas de seguridad y pobreza en la zona en la que vive, ¿qué espera? ¿Cree que le va a decir “sí, claro, las uniones civiles entre personas del mismo sexo son más importantes que llevarme comida a la boca o que vivir en una zona más segura”? Hay que ser por lo menos necio para lanzar una secuencia tan sesgada y pensar que nadie se va a dar cuenta de la trampa. Ahora bien, si Ud. le hubiera preguntado solamente a homosexuales (a quienes obviamente el tema sí nos interesa, y es a nosotros es a quien debió preguntar), la “estadística” del “pulso de la calle” habría sido muy distinta. Depende, en efecto, de la calle en la que pregunte. De todas maneras, me siento alegre de que un par de personas hayan tenido el coraje de decir en televisión que estaban de acuerdo con las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Les agradezco esa respuesta porque son capaces de pensar más allá de sí mismos y de su propio bienestar. Eso, dicen, es la base de una nación.

No hay que ser muy brillante para detectar sus preguntas con las respuestas dentro de ellas. Tampoco es difícil notar la desinformación de las personas entrevistadas a partir de sus respuestas. De hecho, es grosero que en un país que es laico Ud. le dé cabida a argumentos fuera de lugar como los del tipo “dios creó solo al hombre y a la mujer”, pues estos solo les deben importar a las personas creyentes en sus ámbitos religiosos y no al aparato estatal ni a la ciudadanía como tal. Hay que saber diferenciar las creencias (que cada quien es libre de tener) de las leyes y la racionalidad que las sustenta. Dogma y razón son maneras muy diferentes de conocer y las sociedades que se consideran modernas solamente se construyen sobre lo segundo.

Argumentos desinformados que detecto en sus entrevistados

“Debe haber sexo entre hombre y mujer, y no entre hombre y hombre, y mujer con mujer”.

Lo que está señora opina es irrelevante. Así como podría existir alguien que prefiera que todos usemos el pelo de color rojo o las uñas largas, así también hay gente que preferiría que no existan los homosexuales. Pero existimos, estamos en todos lados, en todos los estratos, somos de todas las razas, varoniles, afeminados, etc. Existimos, estamos aquí, desde siempre y para siempre.

“Hay muchos más puntos importantes, sobre todo la educación, la seguridad y la salud…”

Hay una actitud polarizada cuando pregunta, su estrategia es poner en dos extremos las propuestas: en primer lugar, la propuesta aparentemente superficial, irrelevante, es que los homosexuales se quieren casar; mientras que en segundo lugar están los temas supuestamente “importantes”, la seguridad, la pobreza, la corrupción. Lo tendencioso está en polarizar dos propuestas que no tienen por qué excluirse entre sí, pues todo puede estar en un mismo paquete, como varios candidatos están ofreciendo. Y sobre los temas “importantes”, señora Delta, para Ud. y para muchos heterosexuales que tienen el derecho habitual de casarse ese tema seguramente les parece secundario, menor y hasta anecdótico, pero para nosotros los homosexuales es un tema importante porque es el primer paso de nuestro empoderamiento como ciudadanos plenos, para generar respeto y comunicación con una sociedad desinformada y prejuiciosa. Me parece que utiliza a un sector de la población desinformada como títeres, para hacerla hablar por Ud. acerca de posiciones prejuiciosas.

Otra pregunta que me hago es la siguiente. ¿Debo consultarle a la “gente de a pie”, Sra. Delta, por el reconocimiento de un derecho que me pertenece y que me ha sido negado? Para serle sincero, no le estoy pidiendo un favor ni una limosna. Yo no quiero que me regalen nada. Yo exijo un derecho que me pertenece constitucionalmente, quiero que sea reconocido con plenitud para que pueda ser también un ciudadano pleno. No quiero que me regalen una medida excepcional, estoy exigiendo ser reconocido por aquello que me ha otorgado la constitución del país en que nací. Igualdad. Y no necesito pedirle permiso a Ud., señora Delta, ni a las señoras de San Juan de Lurigancho, ni al cardenal, algo que ya es mío. Repito: no pido nada extraordinario, no quiero favorcitos ni dádivas. Exijo algo que me pertenece y que no se me ha reconocido. Ese es el punto.

Seguramente dirán que la sociedad “no está preparada”, la mentira de toda la vida. En realidad siempre habrá alguien que dirá eso, “que la sociedad no está preparada”, “que es el momento de hablar de cosas importantes”, “que hay otras prioridades”. De una vez le aclaro que no me he propuesto hacer méritos para que su bondad me otorgue un deseo. No tengo que demostrarle nada a la sociedad. Vuelvo a decir que es mi derecho y que estoy exigiendo que se reconozca algo que ya es mío y que se me ha negado. No es que la sociedad tenga que estar preparada. No, no se equivoque. El día que un hombre y una mujer tuvieron el derecho de unirse por voluntad de ambos, ese mismo día los homosexuales debimos tener el mismo derecho. Esa es la igualdad ante la ley. Así que a todos los que crean que “la sociedad” debe darnos su venia, los corrijo: este no es un tema de referéndum, es un tema de lesa humanidad, de ciudadanía verdadera.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 34 seguidores