
Advertencia: El siguiente post cita escenas sexuales explícitas y violentas que pueden resultar chocantes para algunas personas.
Me siento contento de poder publicar este post al fin, pues le he dado muchas vueltas. Se trata de una interpretación del relato sexual “Cine Azul de Arequipa”, alojado en CinesPorno.tk, un blog en el que se suelen publicar relatos sexuales (la mayoría ficticios) sobre lo que ocurre dentro de los cines porno de Lima y el Perú en general. Mi interpretación no pretende establecer patologías o “anormalidades” en el autor del relato (anónimo), sino analizar el relato mismo. Tampoco me propongo averiguar si es verdad o mentira lo que se cuenta. Para este propósito me ha ayudado el poema poderoso “[¿toda mujer adora a un fascista?]”, de la escritora Rocío Silva Santisteban. Si desean, pueden leer el poema (aquí) antes o después de leer el post, al igual que el relato sexual “Cine Azul de Arequipa” (aquí).
Ahora sí, vamos con todo.
Primero el narrador hace una breve localización del cine, una especie de reseña veloz, y luego expresa su deseo de explorar ese mundo prohibido que cree que le proporcionará un gran placer, inconseguible fuera del cine:
[el cine] hoy sucumbió a películas porno para atraer personajes insólitos que buscan un submundo lleno de excitación y lujuria, es decir sexo fácil, rápido y sin gastar dinero […] Ahora ya adulto el Cine Azul había sido testigo de mi más grande secreto, mi gusto por los hombres y las buenas pingas
Luego se nos empieza a describir el lugar donde ocurrirán los acontecimientos. Desde el inicio aparece una figura interesante para la idea de la masculinidad, es decir, “el tombo arrecho”:
[el intermedio es] esta parte en donde se cruzan las miradas en la penumbra y entre los parroquianos y hombres arrechos en busca de un polvo, aquí también suele ser el sitio de descanso para los policías ocasionales , excitándose con el morbo que se siente en el aire
El cine porno es representado como el lugar salvaje en donde el protagonista puede salir del control de la “decencia” (por decirlo de alguna manera). Es el cine el lugar en el que puede encontrar algo real, específicamente un “hombre de verdad con una buena pichula, que le quiera meter huevo”, como ya está sucediendo en las cercanías, “un coito animal”:
Y entré al cine, quería una pichula, necesitaba un hombre de verdad, y me coloque por detrás de la cortina, me apoye en el muro y esperaba algún arrecho que quiera meter huevo, había dos cacheros en la misma esquina en un coito animal, mientras hombres de edades medianas se miraban unos contra otros para hacer plan y entrar a las butacas para mamar o hacerse masturbarse
Lo que el protagonista consigue no es ese “hombre de verdad con buena pichula”, sino un “patita” (en diminutivo y que al final descubre que “estaba hasta las huevas”) que le hace sexo oral, precisamente cuando el protagonista busca lo contrario; sin embargo, el protagonista no protesta y deja que la situación fluya, se deja llevar por la arrechura “que está en el aire”. Intempestivamente aparece la voz de un policía (un grupo acaba de entrar a molestar) que acaba con la diversión (el protagonista había empezado a disfrutar la felación del “patita”). Es el tombo el que interrumpe el goce del protagonista, quien en ese momento ya solo desea retirarse, salir de la situación. Sin embargo, la descripción del tombo nos anticipa lo que sucederá después:
pude ver al agente recién con claridad…… media 1.75 aproximadamente grueso y canela, SUPERCHOLO Y RECIO, tenía el pelo muy corto y el semental estaba en unos 30 años …… pero yo estaba súper asustado
“Semental”, “supercholo”, “recio” son adjetivos con los que el protagonista presenta a quien será su violador. Es en estos momentos en que el protagonista fluctúa entre su ideal de “hombre de verdad” y la resistencia a no darle plata, pues el tombo espera un soborno para entregarle sus documentos. La resistencia hacia el poder que representa el tombo es sin duda meterse la plata en la zapatilla. Al ir a su encuentro hay miedo, ni siquiera una pizca de goce. El tombo lo reprende por entrar a buscar sexo, lo toma del cuello, lo amedrenta. Le exige dinero y el protagonista no accede, lo catean, encuentran condones en el bolsillo de su casaca. Esto sucede en medio de una constante “mierdificación” del protagonista (fijémonos en cuántas veces le dice “mierda” al protagonista), también mentadas de madre. Y de repente aparece la feminización del homosexual (que en ningún momento había manifestado ser afeminado) de parte del tombo, al lado del miedo y la subyugación:
CONCHATUMARE ASÍ QUE DE CASUALIDAD VIENES AQUÍ CACHERA DE MIERDA…… estaba asustado……. pensé que podía golpearme… o por ultimo matarme con su pistola…… encontró mi billetera vacía luego reviso los bolsillos de mi pantalón… había tres soles que se los llevó a su bolsillo junto con mis dos cajitas de jebes….. DONDE HAS OCULTADO LA PLATA MIERDA…….. SACATE LA CASACA…. y me reviso por si lo había escondido entre el pantalón… de pronto me desalojó la correa y bajo los pantalones y me reviso si lo había escondido entre los huevos o en la trusa, y continuo buscando…… yo estaba asustado….
En este punto me parece pertinente hacer notar una serie de “oposiciones binarias” que articula el narrador. Es decir, si el protagonista es homosexual, el tombo es heterosexual; si el protagonista es el que obedece, el tombo es el que ordena; si el protagonista es débil, el tombo es fuerte. Podemos continuar con las oposiciones que están en todo el relato: chato-alto; culo-verga; letra minúscula-letra mayúscula; blanco-cholopower; dolor-placer; etc.
El agresor empieza a perfilarse como la figura de “hombre de verdad con buena pichula”. Fijémonos, por un lado, en la descripción de la condición del protagonista (débil, asustado, dócil: “yo temía que me pudiera desgarrar porque el tipo parecía un energúmeno”) y, por el otro, en el énfasis de la pinga del tombo: “gruesa, venosa, larga… esa pinga era grandaza”. Lo interesante es que la fuerza y la masculinidad del tombo es construida principalmente a partir de las características de su verga:
Esas pichulas de cholo, gruesas, venosas y largas…. que solo pueden tener un CHOLOPOWER […] saco un condón sujetándolo con su mano izquierda y con los dientes rompió la envoltura, saco el jebe apretó la parte superior y se lo puso raudamente con alguna dificultad, esa pinga era grandaza, antes de que ello pasara pude notar que salía una gotita de lubricante de su pene al arrecho, su verga era grande y yo temía que me pidiera desgarrar porque el tipo parecía un energúmeno, y además que se rompiera el jebe, parecía que el hombre de la ley no había cachado un año… sabia que me iba a penetrar yo estaba muy asustado
Es este el momento clave que debemos mirar con atención. En la oposición binaria, la jerarquía se impone por medio de la violencia. El tombo será quién determine los momentos siguientes del episodio, su voluntad será la que se imponga sobre el cuerpo del protagonista. Es decir, es precisamente el momento del coito el momento en el que el protagonista no vale nada, es el momento es que es una especie de pedazo de carne que sirve para que el tombo se desfogue. No hay una mínima consideración (“me la intrujo violentamente, sentí un dolor increíble, me sentía desgarrar”) y la reiterada feminización (“cachera”, “perra”) y mierdificación (“mierda”, “mierda”). Es el deseo del tombo el que se va a imponer sobre el protagonista (“no grites, mierda, te va a gustar”; “vas a aguantar, mierda”; “no vas a gritar perra, me escuchas”).
cuando de pronto me tapo la boca con su mano grandaza y me la introdujo violentamente, sentí un dolor increíble, me sentía desgarrar, una raya más en mi ano, tenía mucho dolor …. de un empujón me la clavo….. Quería gritar de dolor pero su mano lo impedía…. Cerraba los ojos de dolor..¡oh no! ¡Por favor ya no sácamela! Pensaba y gritaba internamente sin soltar palabras, ME DIJO NO GRITES MIERDA TE VA A GUSTAR…….. …. VAS A AGUANTAR MIERDA…. NO VAS A GRITAR PERRA…. ME ESCUCHAS, y acente con la cabeza y me saco la mano de la boca……por favor sácamela le decía, estaba aturdido con el dolor, contraído sin defensas, me encontraba a su merced, entonces empezó a acomodarse para bombear….. Me hizo agachar y me empujaba la parte trasera de mi cintura para que saque culo, pero el dolor era tan fuerte que estaba contraído y sin poder ponerme flexible, y cual perro callejero que copula en la primera ocasión que tiene
El deseo del tombo es someter a toda costa al protagonista, no importa que se trate de una experiencia dolorosa. Ahora bien, vemos cómo paulatinamente el deseo-mandato del poder que representa el tombo se va imponiendo sobre la psicología y el cuerpo del protagonista (el tombo pregunta “¿Te gusta la pinga, mierda?” y el protagonista responde obediente “Sí, me gusta”). Como podemos ver, el poder ha capturado tanto al cuerpo del protagonista que, a pesar de su dolor, obedece al mandato del tombo, es decir, sentir placer en esa violación dolorosa. Como la tan conocida frase de Lacan: “el deseo es el deseo del Otro”. En este caso, el Otro es el poder y la violencia del tombo, el Otro es lo que encarna el tombo:
Me sentía sodomizado….. era real….. Entonces empezó a cachar…… era un fierro que me metía…….. TE GUSTA LA PINGA MIERDA…….. Si me gusta……. Si me gusta… decía jadeando de placer y dolor, mi recto estaba adormecido del dolor……… Sentía como un movimiento uniformemente continuo hacia un CHOP…CHOP….CHOP….. chocaba su pelvis en mi coxis y sus huevos en la base de mis huevos… sus manos sujetaban mi cintura e intercalaba manoseándome el cuerpo
A pesar de que el tombo no es más considerado, el protagonista empieza a sentir placer, un gran placer, un inédito placer. Es decir, no es que el tombo esté interesado en darle placer al protagonista, el tombo desea satisfacerse agrediendo sexualmente al protagonista y que este, a pesar de todo, encuentre placer en esa agresión. Una muestra de ello es que el protagonista está tan sometido que no puede controlar su propio cuerpo, está tan sometido por su captor que se encuentra “sin reflejos, ya no tenía control de mi esfínter, con los ojos entreabiertos, y yo decía ya no por favor”:
TE GUSTA MIERDA MIERDA… HABLA MIERDA…. … PERRA el continuaba…. GOSA PERRA CONCHATUMARE…… sin fuerzas ya me encontraba sin reflejos, ya no tenía control de de mi esfínter, con los ojos entreabiertos, y yo decía ya no por favor ya no… estaba rendido y sobreexcitado… la sobre estimulación a mi próstata era incontenible, por favor sácamela le rogaba…. AHORA VAS A CONOCER A UN HOMBRE DE VERDAD PENDEJO……. Por favor sácamela…. Yo estaba rendido y sin fuerzas y su pinga dura como un fierro continuaba en su vaivén de lujuria en mi ano, …. Cada vez más rápido golpeaba una y otra vez cada vez más seguido…. Él empezaba a jadear como perro callejero cachero……. No paso ni un minuto de mi vaciada y se me venía otro… sentía un dolor placentero en los huevos de el esfuerzo y la sobreexcitación… no lo podía evitar… estaba a la deriva, y sometido a los instintos sodomitas y la arrechura de mi captor…. vasta le decía pro favor…. Por favor…. Y sentía como el fierro inflamaba mi próstata y de nuevo la leche me salía sin control, ya no tenía control de nada
Podemos ver que el protagonista ya está totalmente sometido desde que dice “dolor placentero”; sin embargo, después de una felación a la que lo obliga el tombo, el protagonista es orinado. Para mí tiene un significado profundamente simbólico, la lógica del tombo en esa escena es algo así como “tu cuerpo me sirve solo para desfogarme, yo hago lo que quiero contigo, una vez que he terminado eres tan mierda que te puedo mear, como si fueras un wáter en donde cago o meo, o una pared sucia de la calle”:
mientras él se arreglaba de pronto se puso a orinarme, y yo observaba sentado en la wáter…. Me miraba y dirigiendo su chorro en mi….. me orino el pendejo y finalmente se la sacudió, ya no me daba asco ni nada estaba rendido
Es significativo que diga explícitamente que ya no le daba asco ni nada esa situación. Es decir, el protagonista se ha construido como un ser tan insignificante, subalterno y sometido que solo puede verse a sí mismo a través del deseo del Otro, como un cuerpo que debe obedecer los designios de su captor. Lo potente que tiene este relato es que la acción inicial de resistencia (guardar la plata en la zapatilla para no dársela al tombo) se convierte en una sumisión sexual tan extrema que ha descartado todo acto de dignidad (tan parecido al poema de Rocío Silva Santisteban cuando dice: “Me doblo ante una maquinaria dura / me ablando ante el gesto autoritario / y finalmente dejo que me domine // Cuando ya me tiene bajo sus botas / me desecha / me desprecia”). Más aún, falta la pregunta que sí es formulada en el poema de Silva Santisteban: “¿Por qué termino bajo las suelas si tengo dignidad?”, o “¿Qué tengo adentro para / comportarme de esta manera?”. En cambio, en el relato el protagonista no tiene capacidad de reaccionar, está sumergido en una especie de trance: el protagonista afirma que a pesar de todo desea repetir esa experiencia, intenta buscar al tombo. Su deseo (el deseo del Otro) ahora es volver a ser sometido o destruido (la advertencia del tombo es que no desea volverlo a ver porque “no sabe qué sería capaz de hacer”):
Poco después me pude restablecer estaba con el pantalón con manchas de pichi de tombo y salí rápido a darle encuentro……. Salí del cine quería saber quién era… pedirle un nombre…. Con toda la situación vivida no pude ver el nombre de su capotin… como no me di cuenta……. Salí a la calle di la vuelta a la esquina en la calle san Juan de Dios y lo pude ver con un grupo de sus colegas en la puerta de la comisaria, me gusto más aún al verlo todo un semental… un cachero.. un tombo cholo recio…. Bronce… pelos parados… grueso… y pase por allí mismo y de reojo me miró y no hizo ningún gesto, yo seguí caminando hasta media cuadra y regrese, él seguía ahí mismo, ni se inmutaba… así que decidí marcharme, ya en casa con la próstata inflamada y esas ganas de mear sin poder mear, con la sensación de querer cagar continuas y no había nada que evacuar, me preocupaba todo eso a mis 21 años de entonces, entré a la ducha y sentía aun su olor de hombre por mi cuerpo, eso el agua no limpiaría, ni se limpiarían el recuerdo de esa experiencia casi imposible
El protagonista está tan sometido que no hay forma de encarar o enfrentar al tombo. No lo denuncia tampoco. Por el contrario, le gusta más “al verlo todo un semental”. Estamos ante la erotización del poder, es decir, el poder que somete con violencia es ahora lo que genera deseo sexual (el deseo del Otro):
Después casi tres veces por semana iba al cine con la esperanza de encontrarlo y conocerlo……. Entraban tombos como siempre pero él no entro mas….. no sabia que hacer si preguntarles a alguno de sus colegas dándole su descripción pero era muy rochoso, no pues era una tontería pensar en eso,… después de dos semanas tuve que regresar a lima…. Jamás olvidaré esa experiencia, desde ese día me gustan más los policías, me arrechan,,, me excitan……….cuando veía un tombo se me paraba, me arrechaba, cuando veía botas de tombo me acordaba y ,me arrechaba
Esa última parte en lo personal me choca. El protagonista no sabe qué hacer para encontrarlo, desea verlo desesperadamente, volver a estar frente a él, pero no para encararlo, para enfrentarlo o denunciarlo. No. Desea encontrarlo para volver a ser sometido, es decir, busca una “violación voluntaria”, ansiosa, igual o más brutal. Y, de hecho, este episodio deja una huella en toda su vida (“desde ese día me gustan más los policías, me arrechan”, o “cuando veía botas de tombo me acordaba, y me arrechaba”).
¿Por qué he escrito sobre este relato? Porque creo que nos refleja, en medida variada, a todos los homosexuales. Todos estamos inscritos en el poder heteronormativo, un poder violento. Este relato es una metáfora de lo que somos y de aquello que nos oprime. La interpretación ingenua sería pensar que se trata solo de un tipo que tiene gustos masoquistas y que se debe respetar. A mí no me convence esa mirada ingenua (no me interesa tanto el autor del relato en sí, me interesa lo que dice). La metáfora de este relato proviene, en primer lugar, de la mierdificación simbólica (“mierda”, “mierda”, “mierda”) y, en segundo lugar, de la feminización putesca (“cachera”, “perra”, “goza, perra”). Es decir, el homosexual como la cosa femenina putesca que debe acatar el deseo sexual del Otro en cualquier forma e instancia. Lo que quiero decir es que si a los homosexuales nos consideran mierda se debe a un poder que nos ha concebido así, y del cual no hemos librado. Muchos homosexuales actúan así, como si fueran cuerpos-mierda que un “hombre de verdad con buena pichula” debe violentar para encontrar placer. Es decir, hay un sometimiento incluso en aquello que se considera más íntimo, como un coito. O peor aún, es ahí donde encontramos esa ideología de sometimiento. El problema está en que si no nos cuestionamos, si somos como el protagonista del relato, seremos machacados y sometidos mil veces, siempre será la misma historia de victimización. ¡No debemos ser víctimas! La inacción genera una cadena de marginación y violencia, genera los estereotipos que interiorizamos (pensemos en cuántos gays adoran “mujerearse” entre sí, pensemos en cuántos buscan “heterosexuales” y hasta les pagan porque “son más machos”). Estas elecciones no son gratuitas, siempre hay un poder detrás. Pensemos en los crímenes de odio que tan de moda están: ¿toda la culpa recae en los heterosexuales y el sistema heteronormativo? ¿Los gays no hemos alentado en algo esos crímenes con nuestra inacción y nuestro sometimiento voluntario (como el protagonista del relato que busca al tombo después que lo violó)?

Es de estas cosas que nunca se habla. Se habla de la culpa de los homofóbicos y los heterosexuales, pero poco o nada se habla de quienes obedecen y se someten a esa ideología de violencia. ¿Por qué los homosexuales buscan o buscamos esa masculinidad agresiva que somete? Claro, un ingenuo puede pensar “pero si se trata solo de sexo”, pero en realidad es mucho más. El sexo es uno de varios caminos, o tal vez el primer camino o el más poderoso. La pregunta final de este post es qué debe pasar para que los homosexuales se empoderen, qué debe pasar para que se hagan la pregunta del poema: “¿Por qué termino bajo las suelas si tengo dignidad?”. Es muy fácil criticar los factores externos sin criticar los problemas de casa. Yo también me hago esa pregunta: “¿Cuántos más tenemos que morir?”.
Me gusta:
Sé el primero en decir que te gusta esta post.