Archivo de 26 noviembre 2010

¿Los homosexuales somos más inteligentes?

26 noviembre, 2010

Muchas veces he tenido esta conversación y en cada una de ellas he defendido posiciones totalmente dispares (y a veces disparatadas), pero hoy me quiero poner un poco serio y lanzar una interpretación. Lo primero es aclarar a qué nos referimos con “inteligencia”, lo segundo es pensar en qué podría determinar que un homosexual sea más inteligente que un heterosexual.

Por inteligencia no deberíamos pensar en el coeficiente intelectual (C.I. o I.Q.), el resultado de ese test que todavía hacen en los malos colegios y que solo sirve para medir el razonamiento lógico-matemático-verbal. Hace ya unas décadas Howard Gardner formuló la teoría de las inteligencias múltiples, con la cual la mayoría hemos tenido la suerte de educarnos. En general, esta teoría propone que las inteligencias son varias y predominan en ciertos aspectos del conocimiento, a partir de una base intuitiva-empírica. Así, alterando los nombres originales, tenemos la inteligencia músical, la espacial, la lógico-matemática, la social, la verbal-lingüística, etc. En conclusión, lo que haría a una persona “sobresaliente” es que no solo pudiera desarrollar una inteligencia, sino que pudiera dominar más de una o, en otras palabras, que una persona pueda adaptarse y responder mejor a situaciones adversas, que requerirían distintas inteligencias.

Con esta última idea lanzo mi propuesta provocadora: ¿no son los homosexuales, en general, personas que tienen que adaptarse a un mundo heterosexual que no tiene que ver con su orientación sexual? Es decir, ¿los hombres homosexuales que desde niños sentimos esa atracción por otros hombres (lo cual está prohibido por la sociedad) acaso no hemos tenido que sortear una serie de obstáculos para no ser castigados o reprendidos por el sistema heterosexual? Una de esas estrategias ha sido el disimulo: construir una identidad heterosexual para funcionar dentro de ese sistema o, en otras palabras, dejar nuestra identidad homosexual relegada, en la instancia privada, para movernos con nuestro lado “heterosexual” en la instancia pública. Claro que esto suena muy extremo, pero sirve para ilustrar lo que quiero decir.

La mayoría de homosexuales, los que estamos integrados al mundo heterosexual porque no somos identificables con el estereotipo del homosexual (la loca ridícula y escandalosa), hemos aprendido a lidiar con el sistema o, mejor aún, a desafiarlo desde adentro. Si no fuera así, cada homosexual sería una entidad aislada, incomunicada con otros homosexuales. ¿Qué tiene esto de relevante? Pues que además de aprender las reglas del mundo heterosexual, ha habido un aprendizaje adicional, que no lo ha enseñado el poder heterosexual, que es en este caso la manera de ser homosexual. ¿Quién enseña a ser homosexual? El colegio, el estado y la sociedad, en general, enseñan que el hombre y la mujer se juntan para tener hijitos y vivir felices para siempre. Lo que queda excluido de ahí es un concepto algo amorfo, lo homosexual es una cuestión ambigua. ¿Pero cómo aprende el homosexual a ser homosexual? De hecho, no tengo la respuesta final a esta cuestión, pero sí puedo decir que es yendo “más allá” del discurso oficial, es decir, de las reglas heterosexuales típicas.

Vamos a ponerlo más claro: si yo fuera heterosexual, para mí sería más fácil sentir que pertenezco a este mundo porque este mundo está hecho para personas como yo. Porque la ley heterosexual dice que a los hombres le gustan las mujeres y a mí me gustan las mujeres (es un ejemplo). Y a partir de ahí hay una serie de matices y enseñanzas de cómo debe ser el heterosexual, los cuales están en todos lados, en los medios masivos, en la familia, en la escuela. Incluso en las relaciones de pareja todavía subsisten los prototipos de “caballero” y de “dama”, del amor puro, del complemento, etc.

En el lado homosexual, y hablo como hombre homosexual, yo no tengo encima un poder que me diga cómo ser homosexual, sino un poder-ley que me dice que no debo ser homosexual. Así que además de conocer el mundo heterosexual para no desafiarlo abiertamente (y que se me venga encima), debo aprender casi intuitivamente cómo ser homosexual. En una relación de pareja se puede ver la ambigüedad mejor: quién es el que debe “llevar” la relación, quién es el que debe dar el primer paso cuando hay una pelea, cómo debe ser el trato en la intimidad y un largo etcétera. Hay casos en los que se copian los modelos heterosexuales (sé de gays pasivos que se comportan como las chicas más caprichosas y engreídas que he conocido), pero la mayoría del tiempo ese “cómo actuar” es una interrogante.

Yo no diría que los homosexuales son más inteligentes que los heterosexuales; sin embargo, creo que un homosexual, en un mundo heteronormativo como el actual, no la tiene nada fácil. Es decir, un homosexual tiene que, prácticamente, ensamblar un mundo alternativo en donde moverse como homosexual, a la par del mundo heterosexual en donde se mueve públicamente. Es una especie de tendencia esquizofrénica (no me refiero a ninguna patología, ojo) que le da la capacidad al homosexual de pensar y repensar la sociedad heteronormativa (tiene que conocerla bien porque la desea transgredir silenciosamente), lo cual le da quizá una mirada más crítica, menos conforme que la que tiene un heterosexual. Ya lo he dicho muchas veces, refiriéndome a lo que los críticos llaman el “lugar de enunciación”: no es lo mismo ser pobre, así como no es lo mismo ser blanco, o haber nacido en provincia, o vivir en San Isidro. Las experiencias y la manera de ver la realidad no son iguales. Y no es que una sea mejor, sino que son diferentes, influidas por diferentes factores. Quizá lo más esperanzador, en el caso de los homosexuales, es que nuestra mirada puede ser más crítica, más aguda, y desenmascarar fallas del sistema-ley heterosexual en el que nos movemos. ¿Eso nos hace más inteligentes que un heterosexual? Creo que solamente nos hace tener una mirada diferente, afín a nuestros intereses o problemas.

Se cierra la encuesta

26 noviembre, 2010

En pocos días publicaré “La feminización del homosexual en el Perú”, un post basado en una encuesta que dejé hace un par de semanas. Agradecería mucho que sigan participando de la encuesta (votando) antes de cerrarla, pues para mí resulta muy relevante saber qué opinan.

Otra noticia que quería darles es que ayer el blog cumplió su primer mes, lo cual es una inesperada alegría para mí, el autor. Alcanzamos el primer mes con 1,139 visitas, un cifra muy buena considerando la naturaleza del blog. ¡Gracias por visitar GaySinPlumas!

Disolviendo el género

25 noviembre, 2010

Anteriormente he dejado claro que detesto a Lady Gaga y todo lo que representa; sin embargo, hace algún tiempo, mi ex me dijo que le gustaba este video, “Alejandro”. Yo, terco como soy, me cerré a darle vueltas al asunto y pensé que se trataba de otro clip simplón de esta mujer superfabricada que busca vender escandaletes. Sin embargo, debo decir que me ha sorprendido el trabajo de su director de arte, Steven Klein (no Lady Gaga, obvio, me refiero al que pensó el arte del video), pues ilustra (hasta ilumina) una cita de Judith Butler de El género en disputa:

Las producciones [de género] se desvían de sus objetivos originales e involuntariamente movilizan posibilidades de “sujetos” que no solo exceden los límites de la inteligibilidad cultural, sino que efectivamente expanden las fronteras de lo que, de hecho, es culturalmente inteligible (Butler 2001, 63).

Para comenzar, lo que aconsejo es ponerle mute (silencio) al video, porque la música y letra sí dejan que desear. Lo que me gustaría que noten o que se pregunten, desde el saque, es: ¿qué puede ser más subversivo que presentar un soldado con pantimedias y tacones de cabaretera? El video está parodiando la “masculinidad” implacable del mundo castrense. De hecho, la pregunta que nos podemos hacer es: ¿lo que vemos es un soldado?, ¿qué lo hace o qué no lo hace un soldado? Es como dice Butler en la cita, estamos cerca de los límites de lo inteligible. Más aún cuando estamos el minuto 3:51, cuando vemos a Lady Gaga sobre un hombre con tacones, en una posición de dominación total. En el minuto 4:04, incluso podemos notar que el hombre con tacones disfruta ser dominado. Y ni hablar, en el minuto 4:32, cuando Lady Gaga parece que sodomizara al hombre con tacones, quien manifiesta plenamente su goce. En el minuto 4:38, el hombre con tacones está en una especie de coreografía de penetración, donde quien penetra es Lady Gaga. Claro que inmediatamente esto se equilibra cuando es el pata el que alza y carga a Lady Gaga. En el 4:51 de nuevo se logra ver esta situación de dominio placentero, como un juego de roles de amo y esclavo. Hay momentos en los que me pregunto hasta qué punto los personajes dejan de ser “femenino”s o dejan de ser “masculinos”, y qué es es eso nuevo que surgiría. Eso es lo más interesante.

¿Por qué diablos he pasado el tiempo mirando este video? Porque ilustra muy bien una importantísima idea (y propuesta) butleriana: burlarnos del género hasta disolverlo. Si ser hombre implica tales o cuales atributos, ¿por qué no explorar cuál es el punto limite inteligible relajando esos atributos? Es una propuesta absolutamente transgresora, subversiva, que desestabiliza las categorías con las que está construido simbólicamente el mundo (imagínense en la Reniec, cuando hay que definir entre “sexo masculino” o “sexo femenino”; o en los baños “de damas” o “de caballeros”). Si ser gay significa unos atributos específicos para los medios masivos (la figura predominante es el homosexual loca perdida, estilo Carlota de Lima Limón), ¿por qué no parodiarlos, desnaturalizarlos? Lo que hay en este video es un punto de partida de una vía que puede ser inagotable. A mí personalmente me chocó ver a un hombre siendo “sodomizado” por una “mujer”.  Pero es que las posibilidades de ser “hombre” o de ser “mujer” son prácticamente infinitas, al punto que esas categorías se pueden relajar, desplazar, actuar. Nada es fijo aquí. Como he dicho antes, en relación con Butler, el género es una performance, es como actuar un guión, interpretar un papel socialmente establecido. Los “homosexuales” no son “homosexuales” por naturaleza, los “homosexuales afeminados” tampoco lo son por alguna cuestión genética. Cada quien actúa su género y lo actúa de cierta manera en cierto contexto, pero también el género se desplaza, no es inmóvil, no somos iguales todo el tiempo. ¿Y qué mejor ejemplo que este video donde aparecen muchas “mujeres” en una y muchos “hombres” en uno? ¿Qué mejor que este video donde no estamos seguros hasta donde un sujeto es “masculino” o “femenino”?

Dime lo que compras y te diré quién eres

23 noviembre, 2010

Cuando se pusieron de moda los cantantes de rap y hip-hop, al igual que con el reciente furor de intérpretes de reggaeton, me empecé a preguntar por qué estos personajes giraban tanto en torno a productos prestigiosos: una cantidad impresionante de joyas enormes de oro y diamantes, ropa de diseñadores exclusivos, fiestas privadas, autos de lujo alucinantes, modelos espectaculares, etc. ¿Por qué estos personajes se preocupaban no solo en tener, sino especialmente en ostentar, productos inaccesibles para la mayoría de personas? Lo interesante, cuando empecé a mirar esto más de cerca, fue que muchos de ellos no poseían (eran dueños) de esos bienes, sino que los prestaban o rentaban para ocasiones específicas, como una aparición en un programa de televisión, un concierto o la grabación de un videoclip. La pregunta seguía ahí: ¿por qué estas personas construían su look (lo que querían mostrar a los demás) por medio de la ostentación de estos bienes?

Creo que la respuesta viene del lado de la procedencia racial de estos artistas. En Estados Unidos (incluso teniendo un presidente negro) la cantidad de racismo contra los afroamericanos y latinoamericanos es frecuente. No hay serie cómica gringa que no haya usado para sus bromas, por poner un ejemplo, el racismo contra los negros de parte de la policía de Los Ángeles. De igual manera, la situación de los latinoamericanos en Estados Unidos tiene una serie de problemas que se desprenden sobre todo de la discriminación y de las leyes que procuran darles cierta marginalidad legal. No quiero extenderme demasiado en eso, solo dejar en claro que los negros y los latinos han sido y aún son comunidades “desprestigiadas” o “no prestigiosas” por una serie de discursos discriminatorios.

Ahora bien, ¿no es curioso que la mayoría de intérpretes de hip-hop, rap y reggaeton sean negros y latinoamericanos? ¿No es curioso que sean precisamente ellos quienes ostenten como parte de su look esos bienes inalcanzables para la mayoría de personas? Lo que quiero decir es que, probablemente, estas personas usen el consumo de estos bienes como una estrategia para legitimarse más o, incluso, para reforzar una superioridad económica o mediática.

¿Y qué tiene que ver esto con los homosexuales? A estas alturas es evidente. ¿Acaso esta estrategia de legitimización social no es también común entre los homosexuales? No creo equivocarme si digo que muchos homosexuales buscan consumir ciertos bienes para “ser” o sentirse mejores, para ostentar y posicionarse sobre otras personas (incluso otros homosexuales). Entre bromas y argumentos más serios, he visto (aunque no participado) de varios chats en los que los concurrentes se desprestigian mutuamente (hasta se racean), arguyendo cada quien su “finura”, lo “chic” y lo “cool” que es. Más allá de las risas y las bromas, es evidente que vivimos en la época del consumo, el lema parece ser “dime qué compras y te diré quién eres, o a quién te pareces más”, al menos ese es el discurso que promueven los que nos venden sus productos. Lo que sí es seguro es que los homosexuales no ocupamos un lugar legítimo en la escala social, estamos muy abajo, marginados, y tenemos una especie de “complejo de inferioridad social” acorde con la discriminación que existe hacia nosotros. Ya he hablado en otro post de los problemas de asumir sin más la actitud del consumismo para ser “alguien” en esta sociedad. No es gratuito que tantos homosexuales se dediquen a temas de “imagen” (peluqueros, fashionistas, diseñadores, hasta trainners de gym), quizá porque hay una “deuda social” o una forma compensación de alguien que se mira por debajo del promedio. Hay todo un discurso que predispone a los homosexuales a “verse mejor”, porque sin ese consumo prestigioso se sentirían “menos”. Es notable la sofisticación por el consumo: no comprar esta marca de ropa, sino esta otra, y en este lugar; igual si vas a tal lugar el fin de semana, en lugar de este otro; o si vives en esta zona de la ciudad o en esta otra; o si estudiaste en esta universidad, si hiciste el posgrado fuera del país; y un largo etcétera.

A modo de conclusión, me parece que cada quien compra lo que se le antoja; sin embargo, creo que habría que tener cierto cuidado cuando se compra solo por no ser un gay marginal. Es decir, comprar solo para parecer mejor persona ante los demás es reconocer que existe una falta que se desea compensar. El peligro de ciertos consumistas es que su autoestima y buena parte de su personalidad se basa en los productos que consumen, a veces para no reconocer que no hay nada más en ellos que valga la pena. Quizá lo sí valga la pena sea tener una actitud más crítica ante el consumo y entender, entre otras fuentes, de dónde proviene el mandato de comprar y comprar sin pensar.

Las primeras 1000 visitas

23 noviembre, 2010

Me siento muy feliz con estas primeras mil visitas antes de cumplir el primer mes. Si bien para otros tipos de blog es una cifra modesta, para este, considerando que no hablamos de discos, pingas y Madonna, ha sobrepasado incluso mis expectativas como autor. ¡Es motivo de celebración!

El blog se creó el domingo 25 de octubre, alrededor de las 10 p.m., en un arrebato en el que logré escribir los primeros cuatro post sin detenerme a mirar cómo había pasado el tiempo. Nunca pensé, cuando escribía las primeras líneas, que este pequeño búnker de debate alcanzaría mil visitas tan pronto.

Lo que queda es agradecerles sinceramente por comentar, pelear, debatir. Por la paciencia. Por la sinceridad. Por las sugerencias. Eso es siempre bienvenido. Es lo saludable de un espacio que promueve y alienta romper con la inmovilidad de las viejas ideas.

A modo de celebración he incoporado el blog ya no solo a Facebook (en donde pueden hacerse fans), sino también a Twitter (@GaySinPlumas), de modo que podrán estar al tanto de la actividad del blog, especialmente cuando haya algo nuevo. Otra cosa que recomiendo enfáticamente es suscribirse al blog, de esa manera podrán recibir, antes que nadie y en la comodidad de su e-mail, todos los post que se publiquen aquí. Solo fíjense a la derecha, en la opción “Suscríbete a GaySinPlumas”, escriben su mail y clic en “Suscríbeme”. Recontra fácil.

Un abrazo blogger a ustedes, estimados y pacientes lectores.

El ojo que vigila y castiga

22 noviembre, 2010

En 1962, durante dos semanas, la policía de Mansfield (Ohio, Estados Unidos) instaló una cámara oculta (con su respectivo camarógrafo) dentro de un baño público de esa misma ciudad. El objetivo era tener la evidencia de actos “espantosos” que se creía que venían sucediendo ahí. El resultado de esta acción fueron 17 hombres detenidos (podemos ver a varios de ellos en el video). Hojeo el texto que acompaña al documental Tearoom de William W. Jones (el “documental” no es más que los videos, sin comentarios o narraciones, tal como fueron obtenidos del archivo policial) y leo los editoriales de los diarios de la época que hablan de “depravación homosexual”, “desviaciones sexuales” o “actos bestiales” y, es más, un periodista dice en su noticia que las tomas sobre la actividad de esos baños son “impublicables” en el periódico porque eso viola las leyes de Ohio, la decencia y la humanidad.

Algo importante es preguntarse a qué se debió esta acción. Lo que pasa es que habían asesinado a dos niños previamente en esa ciudad. El autor confeso del crimen mencionó ese baño de Mansfield como uno de los lugares que frecuentaba. Lo que tenemos ante nosotros es un ejemplo claro de la “patologización” del homosexual, algo que en 1962 en Estados Unidos se consideraba un argumento “científico”: todos los homosexuales son desviados, anormales, y así como cometen actos impublicables (como la sodomía) son capaces de matar a niños o abusar de ellos. La patologización de la homosexualidad (en la psiquiatría sobre todo) ha sido uno de las injusticias científicas más grandes del siglo XIX y buena parte del XX. Les cuento esto porque conozco a dos psicólogas (ya mayorcitas, por cierto) que todavía creen que el homosexual es, en términos fáciles, la escoria social que viola, mata, aniquila, etc., solo por ser homosexual. No es una tendencia aislada, claro. Felizmente poco a poco se va separando la patología de la homosexualidad. Esto lo digo porque hace unos días capturaron a un pedófilo que comercializaba la pornografía que conseguía y que, incluso, él mismo hacía con menores de 11 años. A pesar de lo lamentable que resulta esta situación, algo que podemos rescatar es el nuevo perfil del pedófilo: hombre heterosexual casado y con hijos, de más de 30 años (en general).

Cambiando de tema, y pensando siempre en el video que he colgado, recuerdo a Michel Foucault y el primer tomo de La historia de la sexualidad, un libro impresionante que siempre sugiero leer. Las escenas de este video muestran la dinámica doble (la doble moral o el doble discurso) que Foucault descubre a lo largo de la historia de la sexualidad en Occidente. Pensemos en el catolicismo: por un lado, la definición de “pecado” espantoso para aquello que era de origen sexual y, por el otro, una extensa, morbosa y detalladísima sistematización de esos pecados en manuales que hacían que el confesor le dijera al cura con lujo de detalles cada uno de esos actos “pecaminosos” (sexuales) que había cometido. Pensemos en el siglo XIX, el siglo de la ciencia, y recordemos que se establecieron ciertas “anomalías sexuales” (enfermedades o patologías) y una serie de manuales científicos que las sistematizaban, estudiaban y teorizaban con afiebrado empeño. Sin ir tan lejos, pensemos en el psicoanálisis en el siglo XX, el sexo como elemento clave del inconsciente y la propuesta de liberación (luchar contra las represiones) mediante la verbalización de la propia sexualidad (en una sesión psicoanalítica, por ejemplo). Como vemos, no es que una cosa sea lo decente y otra cosa sea lo sexual, ni tampoco es cierto que lo sexual haya estado reprimido antes del siglo XX; por el contrario, lo “decente” siempre ha necesitado de lo sexual y, más aún, se ha obsesionado por conocerlo y nombrarlo, aunque sea como “anormal” o “patológico”. Lo “decente” ha metido las narices en el fango hasta más no poder, en una doble moral, hablando siempre de sexo, pero prohibiéndolo, fijándose en él. Claro, lo “decente” ha dicho “el sexo es malo”, pero no ha dejado de hablar de él, ya sea en el cristianismo, en el positivismo del siglo XIX y hasta en el siglo XX con el psicoanálisis. Es decir, si es que hubiera sido tan malo o insoportable para civilización occidental, habría dejado de mencionarlo. Lo que observamos es lo contrario: lo “decente” todo el tiempo ha estado hablando de sexo.

Este video es una muestra de esa doble moral. Por un lado está la acción “decente” de querer encontrar en los baños a aquellos “enfermos sodomistas” para meterlos presos, pero por el otro la idea (perversa, a mi gusto) de grabarlos.  Es decir, castigar aquello que es tan, pero tan horrible, pero con un video que muestre explícitamente cómo ocurren esos actos “horrorosos”. Más claro: graban en un video aquello que dicen que es abominable. ¿Y por qué lo tienen que grabar en un video? ¿No es que en el fondo lo que más desean es verlo y verlo una y otra vez? ¿No es la doble moral del que juzga, pero encuentra a la vez placer en esas escenas que juzgan como “depravadas”, “inhumanas”, “horribles”? El ojo que vigila y castiga no es un ojo imparcial, exento de placer. El ojo que vigila y castiga disfruta de la transgresión de la ley. Muchos dirán “es solo un video”. Pero si lo miran con atención verán cómo al camarógrafo no le basta grabar la evidencia del crimen, sino que acerca y mueve la cámara hasta que los actos nos resultan (y le resultan) más explícitos (en teoría “más horrosos” o “más insoportables”), como si realmente disfrutara meter la nariz en el lodo. Ese es el ojo que vigila y castiga, el que no quiere dar cuenta de su propia “abominación” a pesar de que solo sabe hablar de la “abominación” de los otros.

Por cierto, pueden ver más imágenes del documental de William E. Jones aquí.

¿Todo homosexual adora a un fascista?

20 noviembre, 2010

Advertencia: El siguiente post cita escenas sexuales explícitas y violentas que pueden resultar chocantes para algunas personas.

Me siento contento de poder publicar este post al fin, pues le he dado muchas vueltas. Se trata de una interpretación del relato sexual “Cine Azul de Arequipa”, alojado en CinesPorno.tk, un blog en el que se suelen publicar relatos sexuales (la mayoría ficticios) sobre lo que ocurre dentro de los cines porno de Lima y el Perú en general. Mi interpretación no pretende establecer patologías o “anormalidades” en el autor del relato (anónimo), sino analizar el relato mismo. Tampoco me propongo averiguar si es verdad o mentira lo que se cuenta. Para este propósito me ha ayudado el poema poderoso “[¿toda mujer adora a un fascista?]”, de la escritora Rocío Silva Santisteban. Si desean, pueden leer el poema (aquí) antes o después de leer el post, al igual que el relato sexual “Cine Azul de Arequipa” (aquí).

Ahora sí, vamos con todo.

Primero el narrador hace una breve localización del cine, una especie de reseña veloz, y luego expresa su deseo de explorar ese mundo prohibido que cree que le proporcionará un gran placer, inconseguible fuera del cine:

[el cine] hoy sucumbió a películas porno para atraer personajes insólitos que buscan un submundo lleno de excitación y lujuria, es decir sexo fácil, rápido y sin gastar dinero […] Ahora ya adulto el Cine Azul había sido testigo de mi más grande secreto, mi gusto por los hombres y las buenas pingas

Luego se nos empieza a describir el lugar donde ocurrirán los acontecimientos. Desde el inicio aparece una figura interesante para la idea de la masculinidad, es decir, “el tombo arrecho”:

[el intermedio es] esta parte en donde se cruzan las miradas en la penumbra y entre los parroquianos y hombres arrechos en busca de un polvo, aquí también suele ser el sitio de descanso para los policías ocasionales , excitándose con el morbo que se siente en el aire

El cine porno es representado como el lugar salvaje en donde el protagonista puede salir del control de la “decencia” (por decirlo de alguna manera). Es el cine el lugar en el que puede encontrar algo real, específicamente un “hombre de verdad con una buena pichula, que le quiera meter huevo”, como ya está sucediendo en las cercanías, “un coito animal”:

Y entré al cine, quería una pichula, necesitaba un hombre de verdad, y me coloque por detrás de la cortina, me apoye en el muro y esperaba algún arrecho que quiera meter huevo, había dos cacheros en la misma esquina en un coito animal, mientras hombres de edades medianas se miraban unos contra otros para hacer plan y entrar a las butacas para mamar o hacerse masturbarse

Lo que el protagonista consigue no es ese “hombre de verdad con buena pichula”, sino un “patita” (en diminutivo y que al final descubre que “estaba hasta las huevas”) que le hace sexo oral, precisamente cuando el protagonista busca lo contrario; sin embargo, el protagonista no protesta y deja que la situación fluya, se deja llevar por la arrechura “que está en el aire”. Intempestivamente aparece la voz de un policía (un grupo acaba de entrar a molestar) que acaba con la diversión (el protagonista había empezado a disfrutar la felación del “patita”). Es el tombo el que interrumpe el goce del protagonista, quien en ese momento ya solo desea retirarse, salir de la situación. Sin embargo, la descripción del tombo nos anticipa lo que sucederá después:

pude ver al agente recién con claridad…… media 1.75 aproximadamente grueso y canela, SUPERCHOLO Y RECIO, tenía el pelo muy corto y el semental estaba en unos 30 años …… pero yo estaba súper asustado

“Semental”, “supercholo”, “recio” son adjetivos con los que el protagonista presenta a quien será su violador. Es en estos momentos en que el protagonista fluctúa entre su ideal de “hombre de verdad” y la resistencia a no darle plata, pues el tombo espera un soborno para entregarle sus documentos. La resistencia hacia el poder que representa el tombo es sin duda meterse la plata en la zapatilla. Al ir a su encuentro hay miedo, ni siquiera una pizca de goce. El tombo lo reprende por entrar a buscar sexo, lo toma del cuello, lo amedrenta. Le exige dinero y el protagonista no accede, lo catean, encuentran condones en el bolsillo de su casaca. Esto sucede en medio de una constante “mierdificación” del protagonista (fijémonos en cuántas veces le dice “mierda” al protagonista), también mentadas de madre. Y de repente aparece la feminización del homosexual (que en ningún momento había manifestado ser afeminado) de parte del tombo, al lado del miedo y la subyugación:

CONCHATUMARE ASÍ QUE DE CASUALIDAD VIENES AQUÍ CACHERA DE MIERDA…… estaba asustado……. pensé que podía golpearme… o por ultimo matarme con su pistola…… encontró mi billetera vacía luego reviso los bolsillos de mi pantalón… había tres soles que se los llevó a su bolsillo junto con mis dos cajitas de jebes….. DONDE HAS OCULTADO LA PLATA MIERDA…….. SACATE LA CASACA…. y me reviso por si lo había escondido entre el pantalón… de pronto me desalojó la correa y bajo los pantalones y me reviso si lo había escondido entre los huevos o en la trusa, y continuo buscando…… yo estaba asustado….

En este punto me parece pertinente hacer notar una serie de “oposiciones binarias” que articula el narrador. Es decir, si el protagonista es homosexual, el tombo es heterosexual; si el protagonista es el que obedece, el tombo es el que ordena; si el protagonista es débil, el tombo es fuerte. Podemos continuar con las oposiciones que están en todo el relato: chato-alto; culo-verga; letra minúscula-letra mayúscula; blanco-cholopower; dolor-placer; etc.

El agresor empieza a perfilarse como la figura de “hombre de verdad con buena pichula”. Fijémonos, por un lado, en la descripción de la condición del protagonista (débil, asustado, dócil: “yo temía que me pudiera desgarrar porque el tipo parecía un energúmeno”) y, por el otro, en el énfasis de la pinga del tombo: “gruesa, venosa, larga… esa pinga era grandaza”. Lo interesante es que la fuerza y la masculinidad del tombo es construida principalmente a partir de las características de su verga:

Esas pichulas de cholo, gruesas, venosas y largas…. que solo pueden tener un CHOLOPOWER […] saco un condón sujetándolo con su mano izquierda y con los dientes rompió la envoltura, saco el jebe apretó la parte superior y se lo puso raudamente con alguna dificultad, esa pinga era grandaza, antes de que ello pasara pude notar que salía una gotita de lubricante de su pene al arrecho, su verga era grande y yo temía que me pidiera desgarrar porque el tipo parecía un energúmeno, y además que se rompiera el jebe, parecía que el hombre de la ley no había cachado un año… sabia que me iba a penetrar yo estaba muy asustado

Es este el momento clave que debemos mirar con atención. En la oposición binaria, la jerarquía se impone por medio de la violencia. El tombo será quién determine los momentos siguientes del episodio, su voluntad será la que se imponga sobre el cuerpo del protagonista. Es decir, es precisamente el momento del coito el momento en el que el protagonista no vale nada, es el momento es que es una especie de pedazo de carne que sirve para que el tombo se desfogue. No hay una mínima consideración (“me la intrujo violentamente, sentí un dolor increíble, me sentía desgarrar”) y la reiterada feminización (“cachera”, “perra”) y mierdificación (“mierda”, “mierda”). Es el deseo del tombo el que se va a imponer sobre el protagonista (“no grites, mierda, te va a gustar”; “vas a aguantar, mierda”; “no vas a gritar perra, me escuchas”).

cuando de pronto me tapo la boca con su mano grandaza y me la introdujo violentamente, sentí un dolor increíble, me sentía desgarrar, una raya más en mi ano, tenía mucho dolor …. de un empujón me la clavo….. Quería gritar de dolor pero su mano lo impedía…. Cerraba los ojos de dolor..¡oh no! ¡Por favor ya no sácamela! Pensaba y gritaba internamente sin soltar palabras, ME DIJO NO GRITES MIERDA TE VA A GUSTAR…….. …. VAS A AGUANTAR MIERDA…. NO VAS A GRITAR PERRA…. ME ESCUCHAS, y acente con la cabeza y me saco la mano de la boca……por favor sácamela le decía, estaba aturdido con el dolor, contraído sin defensas, me encontraba a su merced, entonces empezó a acomodarse para bombear….. Me hizo agachar y me empujaba la parte trasera de mi cintura para que saque culo, pero el dolor era tan fuerte que estaba contraído y sin poder ponerme flexible, y cual perro callejero que copula en la primera ocasión que tiene

El deseo del tombo es someter a toda costa al protagonista, no importa que se trate de una experiencia dolorosa. Ahora bien, vemos cómo paulatinamente el deseo-mandato del poder que representa el tombo se va imponiendo sobre la psicología y el cuerpo del protagonista (el tombo pregunta “¿Te gusta la pinga, mierda?” y el protagonista responde obediente “Sí, me gusta”). Como podemos ver, el poder ha capturado tanto al cuerpo del protagonista que, a pesar de su dolor, obedece al mandato del tombo, es decir, sentir placer en esa violación dolorosa. Como la tan conocida frase de Lacan: “el deseo es el deseo del Otro”. En este caso, el Otro es el poder y la violencia del tombo, el Otro es lo que encarna el tombo:

Me sentía sodomizado….. era real….. Entonces empezó a cachar…… era un fierro que me metía…….. TE GUSTA LA PINGA MIERDA…….. Si me gusta……. Si me gusta… decía jadeando de placer y dolor, mi recto estaba adormecido del dolor……… Sentía como un movimiento uniformemente continuo hacia un CHOP…CHOP….CHOP….. chocaba su pelvis en mi coxis y sus huevos en la base de mis huevos… sus manos sujetaban mi cintura e intercalaba manoseándome el cuerpo

A pesar de que el tombo no es más considerado, el protagonista empieza a sentir placer, un gran placer, un inédito placer. Es decir, no es que el tombo esté interesado en darle placer al protagonista, el tombo desea satisfacerse agrediendo sexualmente al protagonista y que este, a pesar de todo, encuentre placer en esa agresión. Una muestra de ello es que el protagonista está tan sometido que no puede controlar su propio cuerpo, está tan sometido por su captor que se encuentra “sin reflejos, ya no tenía control de mi esfínter, con los ojos entreabiertos, y yo decía ya no por favor”:

TE GUSTA MIERDA MIERDA… HABLA MIERDA…. … PERRA el continuaba…. GOSA PERRA CONCHATUMARE…… sin fuerzas ya me encontraba sin reflejos, ya no tenía control de de mi esfínter, con los ojos entreabiertos, y yo decía ya no por favor ya no… estaba rendido y sobreexcitado… la sobre estimulación a mi próstata era incontenible, por favor sácamela le rogaba…. AHORA VAS A CONOCER A UN HOMBRE DE VERDAD PENDEJO……. Por favor sácamela…. Yo estaba rendido y sin fuerzas y su pinga dura como un fierro continuaba en su vaivén de lujuria en mi ano, …. Cada vez más rápido golpeaba una y otra vez cada vez más seguido…. Él empezaba a jadear como perro callejero cachero……. No paso ni un minuto de mi vaciada y se me venía otro… sentía un dolor placentero en los huevos de el esfuerzo y la sobreexcitación… no lo podía evitar… estaba a la deriva, y sometido a los instintos sodomitas y la arrechura de mi captor…. vasta le decía pro favor…. Por favor…. Y sentía como el fierro inflamaba mi próstata y de nuevo la leche me salía sin control, ya no tenía control de nada

Podemos ver que el protagonista ya está totalmente sometido desde que dice “dolor placentero”; sin embargo, después de una felación a la que lo obliga el tombo, el protagonista es orinado. Para mí tiene un significado profundamente simbólico, la lógica del tombo en esa escena es algo así como “tu cuerpo me sirve solo para desfogarme, yo hago lo que quiero contigo, una vez que he terminado eres tan mierda que te puedo mear, como si fueras un wáter en donde cago o meo, o una pared sucia de la calle”:

mientras él se arreglaba de pronto se puso a orinarme, y yo observaba sentado en la wáter…. Me miraba y dirigiendo su chorro en mi….. me orino el pendejo y finalmente se la sacudió, ya no me daba asco ni nada estaba rendido

Es significativo que diga explícitamente que ya no le daba asco ni nada esa situación. Es decir, el protagonista se ha construido como un ser tan insignificante, subalterno y sometido que solo puede verse a sí mismo a través del deseo del Otro, como un cuerpo que debe obedecer los designios de su captor. Lo potente que tiene este relato es que la acción inicial de resistencia (guardar la plata en la zapatilla para no dársela al tombo) se convierte en una sumisión sexual tan extrema que ha descartado todo acto de dignidad (tan parecido al poema de Rocío Silva Santisteban cuando dice: “Me doblo ante una maquinaria dura / me ablando ante el gesto autoritario / y finalmente dejo que me domine // Cuando ya me tiene bajo sus botas / me desecha / me desprecia”). Más aún, falta la pregunta que sí es formulada en el poema de Silva Santisteban: “¿Por qué termino bajo las suelas si tengo dignidad?”, o “¿Qué tengo adentro para / comportarme de esta manera?”. En cambio, en el relato el protagonista no tiene capacidad de reaccionar, está sumergido en una especie de trance: el protagonista afirma que a pesar de todo desea repetir esa experiencia, intenta buscar al tombo. Su deseo (el deseo del Otro) ahora es volver a ser sometido o destruido (la advertencia del tombo es que no desea volverlo a ver porque “no sabe qué sería capaz de hacer”):

Poco después me pude restablecer estaba con el pantalón con manchas de pichi de tombo y salí rápido a darle encuentro……. Salí del cine quería saber quién era… pedirle un nombre…. Con toda la situación vivida no pude ver el nombre de su capotin… como no me di cuenta……. Salí a la calle di la vuelta a la esquina en la calle san Juan de Dios y lo pude ver con un grupo de sus colegas en la puerta de la comisaria, me gusto más aún al verlo todo un semental… un cachero.. un tombo cholo recio…. Bronce… pelos parados… grueso… y pase por allí mismo y de reojo me miró y no hizo ningún gesto, yo seguí caminando hasta media cuadra y regrese, él seguía ahí mismo, ni se inmutaba… así que decidí marcharme, ya en casa con la próstata inflamada y esas ganas de mear sin poder mear, con la sensación de querer cagar continuas y no había nada que evacuar, me preocupaba todo eso a mis 21 años de entonces, entré a la ducha y sentía aun su olor de hombre por mi cuerpo, eso el agua no limpiaría, ni se limpiarían el recuerdo de esa experiencia casi imposible

El protagonista está tan sometido que no hay forma de encarar o enfrentar al tombo. No lo denuncia tampoco. Por el contrario, le gusta más “al verlo todo un semental”. Estamos ante la erotización del poder, es decir, el poder que somete con violencia es ahora lo que genera deseo sexual (el deseo del Otro):

Después casi tres veces por semana iba al cine con la esperanza de encontrarlo y conocerlo……. Entraban tombos como siempre pero él no entro mas….. no sabia que hacer si preguntarles a alguno de sus colegas dándole su descripción pero era muy rochoso, no pues era una tontería pensar en eso,… después de dos semanas tuve que regresar a lima…. Jamás olvidaré esa experiencia, desde ese día me gustan más los policías, me arrechan,,, me excitan……….cuando veía un tombo se me paraba, me arrechaba, cuando veía botas de tombo me acordaba y ,me arrechaba

Esa última parte en lo personal me choca. El protagonista no sabe qué hacer para encontrarlo, desea verlo desesperadamente, volver a estar frente a él, pero no para encararlo, para enfrentarlo o denunciarlo. No. Desea encontrarlo para volver a ser sometido, es decir, busca una “violación voluntaria”, ansiosa, igual o más brutal. Y, de hecho, este episodio deja una huella en toda su vida (“desde ese día me gustan más los policías, me arrechan”, o “cuando veía botas de tombo me acordaba, y me arrechaba”).

¿Por qué he escrito sobre este relato? Porque creo que nos refleja, en medida variada, a todos los homosexuales. Todos estamos inscritos en el poder heteronormativo, un poder violento. Este relato es una metáfora de lo que somos y de aquello que nos oprime. La interpretación ingenua sería pensar que se trata solo de un tipo que tiene gustos masoquistas y que se debe respetar. A mí no me convence esa mirada ingenua (no me interesa tanto el autor del relato en sí, me interesa lo que dice). La metáfora de este relato proviene, en primer lugar, de la mierdificación simbólica (“mierda”, “mierda”, “mierda”) y, en segundo lugar, de la feminización putesca (“cachera”, “perra”, “goza, perra”). Es decir, el homosexual como la cosa femenina putesca que debe acatar el deseo sexual del Otro en cualquier forma e instancia. Lo que quiero decir es que si a los homosexuales nos consideran mierda se debe a un poder que nos ha concebido así, y del cual no hemos librado. Muchos homosexuales actúan así, como si fueran cuerpos-mierda que un “hombre de verdad con buena pichula” debe violentar para encontrar placer. Es decir, hay un sometimiento incluso en aquello que se considera más íntimo, como un coito. O peor aún, es ahí donde encontramos esa ideología de sometimiento. El problema está en que si no nos cuestionamos, si somos como el protagonista del relato, seremos machacados y sometidos mil veces, siempre será la misma historia de victimización. ¡No debemos ser víctimas! La inacción genera una cadena de marginación y violencia, genera los estereotipos que interiorizamos (pensemos en cuántos gays adoran “mujerearse” entre sí, pensemos en cuántos buscan “heterosexuales” y hasta les pagan porque “son más machos”). Estas elecciones no son gratuitas, siempre hay un poder detrás. Pensemos en los crímenes de odio que tan de moda están: ¿toda la culpa recae en los heterosexuales y el sistema heteronormativo? ¿Los gays no hemos alentado en algo esos crímenes con nuestra inacción y nuestro sometimiento voluntario (como el protagonista del relato que busca al tombo después que lo violó)?

Es de estas cosas que nunca se habla. Se habla de la culpa de los homofóbicos y los heterosexuales, pero poco o nada se habla de quienes obedecen y se someten a esa ideología de violencia. ¿Por qué los homosexuales buscan o buscamos esa masculinidad agresiva que somete? Claro, un ingenuo puede pensar “pero si se trata solo de sexo”, pero en realidad es mucho más. El sexo es uno de varios caminos, o tal vez el primer camino o el más poderoso. La pregunta final de este post es qué debe pasar para que los homosexuales se empoderen, qué debe pasar para que se hagan la pregunta del poema: “¿Por qué termino bajo las suelas si tengo dignidad?”. Es muy fácil criticar los factores externos sin criticar los problemas de casa. Yo también me hago esa pregunta: “¿Cuántos más tenemos que morir?”.

[¿toda mujer adora a un fascista?], de Rocío Silva Santisteban

19 noviembre, 2010

Les dejo un gran poema de Rocío Silva Santisteban, poeta peruana.

 

[¿toda mujer adora a un fascista?]


Qué pasa con este miedo

al que parece me estoy acostumbrando…

Lo guardo aquí despacito

para tenerlo como el arma que me convierte

siempre en víctima.

El miedo a lo que no sé

a lo que no puedo controlar

a los otros y sus futuros y posibles daños

Was ist denn los?

Me doblo ante una maquinaria dura

me ablando ante el gesto autoritario

y finalmente dejo que me domine

Cuando ya me tiene bajo sus botas

me desecha

me desprecia

¿Por qué termino bajo las suelas si tengo dignidad?

¿Toda mujer adora a un fascista?

¿Qué tengo adentro para

comportarme de esta manera?

¿Y las que estuvieron antes?

Aquellas iniciaron esta cadena de acontecimientos

que perfora  nuestros esqueletos.

Hay que levantar del fondo del mar a la mujer-esqueleto

conocer cada una de sus miradas huecas

y desenredarla del ovillo de la vida para que resucite

someterse a la calma de la razón

y entender que no es necesaria la bota negra en la cara

para odiar

O perdonar.

Uniformes y sotanas

19 noviembre, 2010

¿Alguna vez se han puesto a pensar en cuáles son las instituciones más virulentamente homofóbicas? La respuesta no es tan difícil: la Iglesia y las fuerzas policiales y militares.

En el caso de las fuerzas policiales y militares el homosexual es concebido como una especie de afeminado vicioso y débil que corrompe el ideal de macho alfa que ellos dicen representar. Sin embargo, si nos ponemos a pensarlo un poco, ¿dónde se origina esta idea? No me estoy refiriendo, por cierto, al creciente número de efectivos homosexuales o bisexuales que se mueven dentro de chats y redes sociales. Sabemos muy bien que un uniforme, un matrimonio, una vocación eclesiástica o la mera paternidad no son sinónimo de heterosexualidad. Una vez más debemos fijarnos en el discurso y desarmarlo: ¿por qué enuncian este discurso las instituciones castrenses, policiales y eclesiásticas?

¿Cuáles han sido tradicionalmente los espacios aislados en donde han convivido hombres todo el tiempo sin mujeres alrededor? ¿Quiénes han comido, dormido, divertido y, en general, convivido todo el tiempo entre hombres? Ya tenemos la respuesta: los policías, los militares y los curas. ¿Esto tiene alguna relevancia? Claro que sí, sabemos muy bien que una convivencia exclusiva entre hombres genera una dinámica homoerótica: una tendencia a mirar con nuevos ojos el cuerpo masculino, ya no como aquello que se debe rechazar, en especial cuando el deseo sexual apremia.

Un amigo que hizo su residentado médico (serum) en una base militar en la sierra central me contó unas anécdotas. Una de las cosas que me contó, al ser el médico del lugar, era la severa vigilancia de los oficiales en la admisión de nuevos soldados. Según mi amigo, cualquier “sospechoso” de homosexualidad debía ser revisado por el médico. Seamos más concretos: uno de estos oficiales, dentro de su ignorancia, creía que mediante una inspección médica podía detectar quién era homosexual (pasivo). La pregunta es cómo podía detectar a los que podían hacer de activos y, sobre todo, por qué tanto control para una institución de hombres que no tienen, por esencia, inclinaciones homosexuales; es decir, que son “machos” heterosexuales y que siempre lo serán. En medio de la risa, le hice esa pregunta a mi amigo. Su respuesta fue directa: “Porque si se les escapa uno, adentro empiezan a cachárselo”. Y es por esta misma razón (que los soldados empezaran a cacharse entre sí) que los oficiales de la base implementaron el servicio de las “charlis”. Las charlis son prostitutas que atienden a toda la tropa por una módica suma que es descontada de la propina de los soldados. Ojo, esto es opcional.

Con los curas el asunto es muy similar. Conozco a algunos patas que antes de ser gays pasaron o quisieron pasar por el seminario. En las redes sociales hay muchos, encaletados, claro. A mis ojos no es algo incorrecto que un cura sea homosexual, pero de acuerdo con el discurso institucional de la Iglesia (Juan Luis Cipriani, por ejemplo) la homosexualidad es casi una abominación.

¿A qué llego con todo esto? Pues a una conclusión muy simple. La intensa e irracional homofobia de las instituciones militares y policiales, al igual que la postura oficial de la Iglesia, se debe a un temor por algo que está en casa, dentro de esas instituciones, no afuera. Los militares, policías y curas no son los opuestos absolutos de los homosexuales; por el contrario, la forma en que viven (encerrados, sin mujeres, conviviendo todo el tiempo, expuestos a situaciones homoeróticas, etc.) propician una tendencia homosexual más intensa que en cualquier otro ámbito (que en cualquier otra institución).  Vamos a decirlo más claro: las instituciones que más detestan a los homosexuales son las generan más condiciones propicias para situaciones homosexuales entre sus miembros.

Los discriminados que discriminan

18 noviembre, 2010

Si hay algo que compartimos todos los homosexuales es la discriminación. Todos, en distintas intensidades, somos discriminados. Yo creé este blog precisamente para hacer una autocrítica de nosotros mismos y así emprender una lucha más efectiva. He dicho aquí y aquí que la lucha actual no me parece muy efectiva, con marchas estrambótico-circenses que le dan en la yema del gusto a aquellos homofóbicos que tienen el cliché del homosexual loca,  escandaloso, ridículo, etc., en otras palabras el payaso que hace reír. Más allá de la minoría a la que representan estas manifestaciones, he propuesto cambiar la “cara” de los homosexuales también aquí.

Se puede estar en desacuerdo conmigo, y sé que muchos lo están; sin embargo, me ha ocurrido algo que me ha dejado pensando. Ya sabía de ciertos sectores “oficiales” de organismos homosexuales que detestan lo que posteo y me insultan (en algún momento alguien me dijo “nazi”, nada menos), que cacarean y cacarean desde hace unos veinte años el mismo discurso inútil de victimización pasiva. Yo, por supuesto, no escribo para tener más amigos necesariamente, pero también tiene este blog el espacio habilitado para comentar, criticar, etc. Sin más rodeos les cuento qué pasó hace dos días: le envié cordialmente una invitación a un militante gay que trabaja en una ONG (él se describe como un orgulloso disidente) para que visitara mi blog. Mi sorpresa fue mayúscula cuando recibí su primera respuesta furioso:

Estoy sorprendido del nivel de ignorancia y racismo en el que te mueves man. Que afirmaciones basadas en la doble moral, casi crei leer a cipriani, que ascooo

Me pareció divertido, la verdad. Yo le escribí sin perder la calma, porque eso no lleva a ninguna discusión productiva:

racismo?
ignorancia?
y asi hablas de tolerancia… en fin

A lo que él respondió una vez más, con “altura”:

Que tiene que ver la tolerancia con la opinion de algo que es publico,o sea tu pagina web. Finalmente, creo que no sabes mucho de derechos humanos, uno no puede ser tolerante con expresiones discriminatorias y tu pagina tiene mucho de eso.
Con mucho respeto, XXXXX

Lo más saltante es el racismo del que se me acusa. No es mi estilo, no tengo ideas racistas y NO hay en mi blog nada racista. En realidad, creo que este pata habla demasiado de muchos temas y usa palabras peyorativas (yo considero un insulto que me digan “racista”), pero sin sustancia. Vamos por partes: ¿Qué tiene que ver la tolerancia con esto? Me parece mal que una persona que es discriminada (como yo) me diga que mis post no contemplan los derechos humanos y que yo discrimino. Se me acusa de ignorante, pero no me dice en qué soy ignorante o qué mentiras suelto. Se me insulta, yo no insulto, me dice que soy ignorante y racista. ¿Quién es doble moral? Creo que la doble moral es de quien primero me dice “qué asco” y luego me dice “con mucho respeto”. Según él, hay expresiones discriminatorias en mi blog, pero en realidad yo no discrimino a nadie, propongo ideas para que sean discutidas, como tantas otras personas, obviamente no son para quedar bien con todos. Quizá lo que más le jode es que propongo llevar la lucha contra la discriminación de otra manera, romper esa monopolización de la resistencia. Creo que no le gusta mi blog porque está acartonado en su discurso de victimización sobre la tolerancia, en lugar de exigir respeto.

Bueno, sin más floro, esto me sirve para reflexionar sobre la discriminación entre los discriminados (nosotros). Discriminan este blog y me discrimian como blogger (“tú no sabes, yo sí sé”) porque no sigo sus ideas pontificias e incuestionables sobre cómo debe luchar contra la discriminación. Hay un post muy interesante acerca de la creación de un frente representativo basado en las ideas de Gayatri Spivak aquí, al cual le he objetado la condición de nueva subalternidad que ejercería entre los no representados esa representación “oficial”. Yo sería una especie de disidente dentro de la disidencia, porque actualmente no siento que haya un organismo homosexual que me represente. Y seguramente habrá más gente que nunca encaje en esa representación “oficial”, es decir, siempre habrá discriminados fuera de lo oficial. Si somos fieles a la crítica subalterna de Spivak, estaríamos creando a un nuevo marginal-subalterno-discriminado, dentro de una marginalidad existente.

Por eso desconfío de los discursos oficiales y los cuestiono en un ejercicio de libertad e interés por refrescar el atascado discurso sobre la homosexualidad en el Perú. Si este pata me dijo lo que me dijo fue porque su disidencia “oficial” le confería la autoridad para descartarme. Es decir, la limitada lógica de “si piensas como yo, bienvenido”; “si no piensas como yo, no sirves”. Esa parece ser la característica de los discriminados que discriminan, el miedo a la diversidad que dicen representar.

Sobre la moda de tirar sin condón

16 noviembre, 2010

Acabo de leer un post en el que se comenta que, en Lima, alrededor del 20% de hombres que tienen sexo con otros hombres están infectados con el VIH. Si nos ponemos alarmistas, eso significa que de 5 patas con los que uno tira, al menos 1 sería portador del VIH. Más allá de los factores de riesgo de contraer esta enfermedad (algunos se exponen más que otros, qué duda cabe), si esto es cierto, nos afecta a todos. ¿Por qué digo esto? Porque los homosexuales que vivimos en Lima terminamos involucrados sexualmente con todos los otros homosexuales de Lima, es inevitable. A ver, no es que todos tiremos con todos necesariamente, sino que los homosexuales no somos un número infinito de individuos, sino una minoría que se mueve e interacciona en un “todo” social. La fórmula es simple: cuando te acuestas con una persona, te acuestas con todo su historial sexual (todo su kilometraje) y, vamos, tendrías que ser un detective para tener una idea cierta de cómo es la vida sexual de la otra persona. Si dices: “No, eso no me pasa, yo no me relaciono con personas promiscuas”, esto puede ser cierto solo si tus compañeros sexuales no se relacionan a su vez con personas promiscuas, o que a su a vez estas nuevas personas se relacionen con otras personas promiscuas. En conclusión, es una cadena, un círculo pequeño, de modo que a lo que se exponen algunos nos terminamos exponiendo todos.

Digo esto porque, como ya he escrito previamente, la figura del homosexual (elaborada por aquellos que nos venden productos o servicios) es casi exclusivamente la de un consumidor de sexo (para nuestro mal). Mañana miércoles se relanzará una popular página de videos porno caseros. Eso no tiene nada de alarmante a mi parecer, es más, un par de buenas pajas me he hecho con esos videos y con otros de otras páginas. El problema creo que está en cierta tendencia que detecto. ¿Han notado el creciente número de videos en los que los amantes de turno tiran sin usar condón? Parece una nueva moda tirar sin condón. Podríamos hablar de un sinnúmero de factores, pero entre ellos creo reconocer cierto “entusiasmo” creciente por tirar sin condón (hay páginas de anuncios en donde esto se busca abiertamente, por “experimentar el riesgo”, a secas). He visto en más de una página apreciaciones tipo “no hay nada como sentir el calor de tu pareja”, “es rico sentir la leche fluyendo dentro de uno” o sencillamente “porque así es que así es más bacán”. Hay una serie de discursos que legitiman el tirar sin protección por tratarse de una experiencia “más real” o más placentera; sin embargo, las consecuencias de estas acciones son sumamente riesgosas. Conozco a dos patas jóvenes, uno de 18 y el otro de 20, que fueron contagiados de VIH por sus primeras “parejas” (apenas tenían un mes de estar en su primera relación sentimental), porque confiaron y porque “eran sus parejas” (tipos mayores que ellos). Ese es otro discurso peligroso: “con mi pareja lo hago sin condón porque lo amo”. Cursilerías aparte, aquí las cosas se deben pensar con la cabeza fría, sin estupideces ni poserías: ¿tienes el tiempo suficiente como para conocer bien a esa persona y, sobre esa base, confiar en ella? No quiero ser burlón, pero veo cada caso de “parejas” de 10 días (sobre todo en gente muy joven: hoy me gustas, mañana te quiero, pasado te amo, luego nos peleamos, después te odio, luego te extraño, después te amo como nunca amé a nadie y, finalmente, nunca te amé un carajo) o de infidelidad flagrante: confiar en el primer pata que propone tirar sin condón es correr un riesgo mayúsculo.

Por cierto, ¿cuántos acá saben que deben pasar más o menos tres meses de estar contagiado para que una prueba de descarte detecte el VIH en la sangre de un portador? Más o menos después de tres meses te saldrá con seguridad un indicio de que estás infectado en una prueba de descarte. ¿Quieren que siga? A ver, ¿cuántos hacen sexo oral sin condón con un desconocido? ¿Cuántos meten la lengua en el primer culo que conocen? Sé que el riesgo de contraer el VIH en estos casos es menor, pero hay muchas enfermedades más, no necesariamente mortales. Hepatitis, gonorrea, chancro, sífilis, verrugas, etc. Todas muy desagradables.

Así que piénsenlo con calma, tirar sin condón es exponerse no solo al VIH, sino a un montón de enfermedades. Lo más común es ganarse una infección en las vías urinarias (un ano no es precisamente la cavidad más limpia del cuerpo), podría ser una cistitis (duele tanto que no puedes ni siquiera orinar).

Ya sé que la calidad de vida del paciente con VIH hoy en día es mucho mejor, se puede vivir más años y bien; sin embargo, mantenerse bien con VIH no es tan barato, digo, si es que se trata de tener una vida digna.

Lo último es que no es tiempo de bajar la guardia, este incremento de prácticas riesgosas es sintomático de una actitud alpinchista. El problema es que a la larga todos podemos estar expuestos a la misma situación riesgosa. Yo opto por protegerme.

¿Homosexualidad en el reino animal?

15 noviembre, 2010

Un amigo me envió este video o esta serie de videos hace unos días. Mírenlo(s). Si desean leer mis comentarios, están debajo.

Más allá de los argumentos “científicos” del documental, lo primero que me llama la atención es la manera en que se mira (o se enfoca) a los animales. ¿Han reparado en la manera en que los autores han culturizado (humanizado) a los animales? Las imágenes seleccionadas para el documental son elocuentes, pues son imágenes que sospechosamente se parecen a las del comportamiento de una pareja humana (“caricias”, “ternura”, contacto físico previo a la copulación, la idea de “estar juntos para toda la vida”, eso nos dice el narrador del video… parecen escenas de alguna película cursi, pero en formato animal). Es como pensar que un mono tiene conciencia de que aplaude cuando choca sus manos entre sí, o de que ríe cuando mueve la mandíbula y pela los dientes. Digámoslo de una vez por todas: los actos animales no están cargados de cultura como los humanos. Los animales ni siquiera se preguntan qué están haciendo, obedecen instintivamente a un propósito adaptativo. La manera en que nosotros los miramos, y en este documental es evidente, es lo que determina su humanización.

La terminología usada es lo más gracioso: violentos, tiernos, afectuosos, crueles, etc. Huamnización pura de seres vivos que no tienen conciencia de ser “tiernos” o “violentos”, pues se trata tan solo de una estrategia para conseguir calmar el instinto.

¿Significa que los animales no tienen comportamiento homosexual?

Seguramente pueden copular animales del mismo sexo, pero me parece que se debe más a un proceso adaptativo. Tengo una anécdota que es poco fuerte, pero ilustra el asunto. Yo tenía un perro, Rufo III, que como no tenía una perra a la cual pisar empezaba a sobar su pene contra casi cualquier cosa (incluida mi pierna). El punto es que Rufo III encontró un escobillón viejo en un depósito que “no lo rechazó”, y empezó a frotarse y frotarse como un “febril amante”, una etapa en la cual se quedó tranquilo. Cada vez que tenía ganas se iba a oler el escobillón viejo, como “afanándolo”, y “tiernamente” lo ponía entre sus piernas traseras y lo hacía chocar con su pene, “violándolo”. Conseguía eyacular sin problemas. Cuando la familia lo notó, decidimos echar cuanto escobillón viejo quedara en la casa, de modo que Rufo III se quedó sin su “compañera para toda la vida”. Al término de unas semanas, Rufo III no pudo soportar estar sin su escobillón amante, dejó de comer, hizo un “cuadro depresivo” severo y no hubo psiquiatra que lo cure. Se dejó morir.

Bueno, disculpen la ironía, pero francamente estos videos son intragables. ¿O qué? ¿Me van a decir que genéticamente los perros nacen con ganas de tirar escobillones viejos? ¿O es que se “enamoran” de escobillones?

¿Qué es más desagradable?

15 noviembre, 2010

Tomando un café con mi amigo Ricardo empezamos una discusión sobre qué es más desagradable en el imaginario social (la opinión pública general): un homosexual masculino o un homosexual afeminado.

Ricardo dice que el homosexual afeminado es más insoportable para la sociedad heterosexual, pues siempre es más llamativo, encaja menos, causa incluso más temor (y hasta misterio). Yo creo que solamente a ojos de la mayoría de gays (la mayoría somos masculinos) los homosexuales afeminados son desagradables, pues no nos representan en absoluto (a la mayoría).

A mí me parece que el homosexual masculino es más insoportable para la sociedad heterosexual, pues la imagen oficial del homosexual es siempre la loca, la extravagante, la fanática pop, la fashionista (reparemos en los programas cómicos, en las telenovelas, en los chistes, etc.). Yo creo que lo verdaderamente insoportable para un heterosexual es que un homosexual pueda ser tan masculino y estar tan articulado en la sociedad como un heterosexual. Es decir, obtener el mismo puesto laboral, atraer las miradas de las mujeres, usar la misma ropa, ir a los mismos lugares, estudiar la misma carrera, obtener los mismos grados, etc. Me parece que lo verdaderamente insoportable para un heterosexual es que el homosexual deje ser el payaso del cual se puede burlar o el subalterno al que puede basurear o ningunear. Lo desagradable, en conclusión, sería que un homosexual le haga competencia.

Este es solo un avance de un post que escribiré en unas semanas. Sin embargo, me interesa conocer su opinión, así que he añadido una encuesta totalmente anónima en la que pueden participar. Muchas gracias de antemano.

¡GaySinPlumas.wordpress.com en Facebook!

14 noviembre, 2010

La decisión de acomodar este blog en Facebook nace del número de visitas que ha obtenido en las tres semanas que tiene. De la cantidad que pensé, ¡se ha sextuplicado en menos de un mes! En realidad, cuando lo creé, buscaba un poco joder la pita, incomodar, pero lentamente esa energía se empezó a canalizar en un proceso más útil, en el cual ha habido críticas, reformulaciones, inquietudes y muchas ganas. Esta nueva etapa del blog supone seguir desarticulando tantos prejuicios que los homosexuales mantenemos acerca de nosotros mismos y, cómo no, un compromiso por seguir posteando aunque el tiempo y el sueño a veces me consuman.

Bueno, les contaba que he iniciado el proceso de facebookización (ya había empezado a hacerlo desde mi Facebook personal). Empecé creando una página para el blog y luego, tonto yo, decidí crearle un usuario al blog. Mala idea, !ahora administro una cuenta y no la página del blog!

Pueden acceder al Facebook del blog haciendo clic aquí.

Lo que queda es recurrir a los amigos informáticos a ver si me pueden ayudar a superar este problema (me queda claro que no soy muy afín con la informática). Por lo pronto, ustedes pueden ayudarme buscando “GaySinPlumas” en Facebook, que tiene información sobre el blog o hacer clic en el enlace anterior. Bueno, les agradesco las visitas, si pueden seguir difundiendo esta dirección, estupendo.

Les dejo un logo o un bosquejo de logo para el blog (¡cómo se nota que no soy diseñador!). Un abrazo para todos y muchas gracias.

Sobre el amor y la victimización

13 noviembre, 2010

Hace unos meses vi la película Latter days (Últimos días), comúnmente clasificada como “cine de temática gay”. Más allá de lo básico y marcadamente cursi de su argumento, me quedé pensando en la manera en que eran representados los estereotipos gays en los personajes, sobre todo en la figura de los enamorados (dos hombres enamorados) y de la victimización.

Resumo la película: Christian es el típico gay loca y fiestero de Los Ángeles que decide apostar a sus amigos 50 dólares a que es capaz de seducir a uno de los nuevos vecinos. Uno de estos nuevos vecinos es Aaron, un misionero mormón que todavía no ha salido del closet debido a su timidez, su juventud y la presión social de sus hermanos mormones, con los que se ha mudado para hacer servicio de evangelización. Suceden algunos enredos entre ambos, hasta que son sorprendidos in fraganti por los compañeros mormones, de modo que Aaron es enviado a casa por conducta inapropiada. Christian lo sigue y lo encuentra en el aeropuerto, se confiesan su amor y terminan en un motel, donde tiran; sin embargo, a la mañana siguiente, Aaron no está, se ha ido a casa, de modo que Christian regresa a la suya decepcionado. En casa, la congregación mormona expulsa a Aaron por inmoral (con sus padres a la cabeza). Su madre le informa de la apuesta de Christian  por seducirlo, de la cual se ha enterado por los vecinos mormones de Christian. Así, Aaron intenta suicidarse. No lo consigue y es llevado a una clínica de rehabilitación para “curarse”, entre otras cosas, de su homosexualidad. Luego suceden otros enredos hasta que Aaron entiende que Christian lo ama y decide ir hasta Los Ángeles a buscarlo. Todo termina con un cursi final feliz.

Si ven la película detectarán un discurso simplista del amor: un tipo ve al otro, se tratan un par de veces y ya están enamorados al punto de que es posible un suicidio si uno cree que no es amado. Nunca vemos una verdadera problematización en esta relación sentimental, sabemos desde el inicio de la película que terminarán juntos, son demasiado predecibles. Nunca hay una exploración de la singularidad de una relación sentimental entre dos hombres (llámenlo “amor” si gustan, los que hayan tenido una relación en serio lo comprenderán). Lo malo de Latter days es que solo apreciamos una repetición de la cursilería heterosexual de las telenovelas mexicanas, pero ahora en formato gay. La superficialidad de los personajes posiciona un discurso sobre el amor demasiado inocente, plástico, simple, donde el contexto (una religión homofóbica, una vida “gay“ intrascendente, el desprecio familiar, etc.) es superado fácilmente por el “amor”, pero el “amor” como el puro sentimiento que lo puede todo. ¡Aterricemos! Lo que nos quiere vender la película es que el amor contra el mundo de estos dos personajes es capaz de vencer a todos los obstáculos sociales, políticos y psicológicos para acabar en un final feliz. Creo que la película fuerza el final feliz. O peor aún, y esto es lo que más me llamó la atención: el amor es representado como aquello que puede hacer que dos víctimas perpetuas de la sociedad heteronormativa sean felices para siempre. ¡Qué bonita mentira!

Veamos qué es lo que oculta la película.

A mi parecer lo que oculta es emprender una lucha efectiva por el respeto. Es algo así como decir: “si eres gay, lo único que necesitas para ser feliz es amar y ser amado, el resto no es importante”. Por un lado está la posición de víctima que no resiste y no lucha, que sencillamente espera adormecido a que el amor lo libere y lo haga feliz para siempre. Es una mirada ingenua sin duda, sobre todo porque el director es homosexual. Yo diría que la cursilería llega a ser contraproducente, pues lo que podemos percibir es que no hace falta tener una posición crítica sobre tu propio contexto (eso nos dice la película). Por ende, de acuerdo con la lógica de la película, no sería necesario emprender una lucha contra la sociedad heteronormativa, sino seguir siendo víctima a la vez que se disfruta de la supuesta complementariedad de un amor plástico.

No concuerdo con una posición tan inocente. Está bien enamorarse, está bien pensar en una relación a largo plazo, una vida planificada en paralelo. Eso me parece fantástico. Lo que me parece obsceno es que aún haya una representación tan estúpida del amor entre dos hombres, peor aún, reducida a la misma fórmula cursi del amor heterosexual de una telenovela. Y más sorprendente me parece que los diferentes espectadores homosexuales (de festivales de “cine de temática gay”) hayan premiado tantas veces una película que es precisamente algo no representativo de la naturaleza de una relación sentimental homosexual. Han premiado, creo yo, lo que les gustaría que sea, mas no lo que es.

El amor entre dos hombres es algo completamente distinto que el de un hombre y una mujer. Si del amor entre un hombre y una mujer no tenemos fórmulas ciertas para describirlo, del amor entre dos hombres no sabemos absolutamente nada. Quizá lo que más sepamos es que se trata de una perpetua heterogeneidad, una tensión constante por saber quién debe actuar en tal rol (provenientes de la posición del hombre y la mujer en una relación heterosexual). ¿Saben cuál es el problema? El problema es que continuamente tratamos de aferrarnos al esquema heterosexual de la relación sentimental, que poco tiene que ver con el amor entre dos hombres. Así como he dicho anteriormente que un gay puede ser todo aquello que pueda performar, lo mismo se aplica a la hora de hablar de dos gays en una relación: multipliquemos e imaginemos las distintas posibilidades y posiciones que tiene una relación entre dos hombres, algo sencillamente impredecible.

Quizá la mejor película que he visto acerca de una relación entre dos homosexuales sea Happy together del maestro Wong Kar-wai. En ella está precisamente aquello que el “cine de temática gay” oculta: la heterogeneidad, los desencuentros, las tensiones, la dificultad de entablar lazos para llevar una convivencia, y también la intensidad de las emociones, las anécdotas felices y los momentos inolvidables que dos enamorados conservan en la memoria. Quizá lo mejor de todo es que el final no es tan feliz como sugiere el título. Y creo que es lo mejor porque prepara al espectador (le da más luces) sobre lo que le espera allá afuera. Wong Kar-wai parece decir mediante su película que allá afuera, entre dos hombres, no está la bonita historia de telenovela con final feliz, ni tampoco la superación de todas las adversidades.

Quizá el “cine de temática gay” no sea más que una fachada para consumir una mentira agradable, pero mentira al fin y al cabo. Si no somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y juzgarnos, no podremos tener una idea adecuada de nosotros, de lo que podemos y no podemos esperar de una relación sentimental, ni tampoco de revertir la situación. Quizá la verdad sea dura, pero habrá maneras de adaptarse. Hace un tiempo un amigo me consultó por algunas películas sobre gays para una proyección comentada de películas. Había visto algunos títulos que él pensaba proyectar y me parecían  impresentables: la misma cursilería, el mismo argumento de dos pobres gays víctimas que sencillamente con el amor pueden superar todos los obstáculos y ser felices para siempre. ¿Quién se cree esta mierda?, le pregunté. Terminé sugiriéndole Happy together (de la que ya les hablé) y The dying gaul (El galo moribundo). Como esperaba, no le gustaron y, peor aún, las censuró en sus proyecciones. La primera porque “no tenía final feliz” y la segunda porque “dejaba a los gays como personas horribles”.

Para terminar quiero defender a la tan criticada The dying gaul. Lo que yo rechazo es que sea la representación de todos los gays. Lo que me parece es que en esta película hay una actitud diferente, la del gay empoderado que se defiende, que no se deja pisotear por la sociedad. Si el discurso típico sobre el homosexual es que debe aguantar que lo pisoteen todo el tiempo, en este caso podemos apreciar una provocadora ruptura de ese discurso: aquí el gay se defiende, se venga, demuestra que no tiene por qué ser siempre una víctima. Ya no les cuento más y los animo a verla si es que no la han visto.

Resumiendo: lo que necesitamos es empoderarnos, dejar de asumir el papel de víctimas pasivas de la sociedad que nos venden las “películas de temática gay” y más bien sentar una posición crítica sobre nuestro contexto, sin olvidarnos de empezar por nosotros mismos.

Actualización (14-XI-2010): Donald Mattos me escribe porque no encuentra demasiada información acerca de la “victimización” en el post. Bueno, por un lado reconozco que he dejado el tema como una sugerencia, pues voy a tratarlo en el próximo post “¿Cuán masoquistas somos los homosexuales?”; sin embargo, creo importante dejar claro que en este caso la victimización se manifiesta en el gusto por ser víctimas, es decir, el gusto por sufrir, por ejercer el rol del que tiene que aguantar que lo pisoteen. La victimización sería la sensación de placer y comodidad que produce ser siempre víctimas, de no empoderarse y tomar una postura crítica sobre esa situación para cambiarla. Por ejemplo, cierto sector de las organizaciones gays siempre se pintan al homosexual como “víctima de la sociedad heteronormativa” y no emprenden acciones efectivas contra esa situación o tienen una posición crítica sobre la misma. Hay un gusto inconsciente por ser siempre el abusado, el cagado, el que no puede hacer nada.

Peor aún, ese adormecimiento estaría más enquistado en películas tan populares como Latter days, donde el consuelo-mentira ante esa situación de marginación en ambos personajes sería el amor trillado y plástico, un amor que ningunea el contexto en contra de su condición de sujetos homosexuales. La victimización es ese bienestar que produce el no hacer nada, el sentirse cómodo con ser siempre una víctima del sistema.


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