¿Cuál es el problema del optimismo pasivo? Mi visión del proyecto Todo Mejora

20 mayo, 2012

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Me alejé un tiempo del blog por el trabajo, la maestría y un accidente medio grave que tuve hace pocas semanas, el cual terminó con una intervención quirúrgica que todavía me tiene limitado. El punto es que quiero aprovechar el poco tiempo que tengo para comentarles un asunto que tenía pensado hace unas semanas: el optimismo pasivo en el discurso de aceptación social de la comunidad LGTB.

Para esto, me parece útil reparar en Glee, la popular serie de Fox que trata sobre un grupo de estudiantes de preparatoria que forman una especie de club de rechazados sociales (tenemos no solo al gay y a la lesbiana, también al discapacitado, a la negra, a la asiática, etc.) para cantar y bailar y, de alguna manera, ‘luchar’ contra el mundo hostil que no los entiende. A este grupo se unen al final algunos estudiantes populares, como el capitán del equipo de rugby, otros jugadores de ese deporte y algunas porristas. Bien, ahora que lo tenemos más claro, ¿qué es lo que veo en esa serie? Básicamente la plasmación de la idea optimista de que a un mundo cada vez más dividido (con más diversidad, con más conflictos y con más injusticia) solo le hace falta un poco de música y baile para superar sus profundas diferencias y conseguir la felicidad. Es decir, en Glee lo que funciona es la idea de que los conflictos y las diferencias se pueden combatir cantando y bailando, lo cual me hace recordar la historia de los musicales de Hollywood de la década de 1930. Como cualquier aficionado a la historia del cine sabe, fue en Estados Unidos donde se inventó el género del cine musical (es más, no hay género cinematográfico más gringo que el musical) precisamente en un momento de gran crisis económica, la llamada Gran Depresión (también emparentada con la Crisis de 1929, el Crack del 29, el Jueves Negro, etc.). Entonces, ordeno el argumento: el auge de los musicales en Estados Unidos tiene que ver con una época de desesperante crisis económica. No es casual, por ende, que en esta nueva crisis económica salga una serie musical como Glee con tanto auspicio y acogida. Mientras Estados Unidos se desmorona, muchos de los adolescentes (y no tan adolescentes) de todo el mundo solo desean consumir la música y el baile del elenco de esa serie.

Slavoj Zizek, en La guía de cine para el perverso, empieza explicando que el musical es un género que, como ningún otro, le dice al espectador no solo qué desear, sino cómo desear. En la década de 1930, mientras Estados Unidos afrontaba una crisis económica tan grave como la de estos años, el gran público que acudía a los cines sencillamente salía enamorado de las canciones y coreografías de sus artistas favoritos. Frente al pesimismo de la crisis económica, los musicales (que siempre tenían un happy ending) distraían a los estadounidenses, que evitaban tener que lidiar con la idea de la crisis. De ahí que Zizek analice uno de los famosos musicales animados de Disney (el juicio que unos gatos le hacen a Pluto, el perro de Mickey Mouse) y encuentre fuertes relaciones con los horribles juicios estalinistas de la URSS, en los cuales, al igual que Pluto, los juzgados no tenían derecho a defenderse, solo a escuchar todas las imputaciones que se les hiciera. Para Zizek, el musical es un arma poderosa (que las dictaduras y los gobiernos autocráticos y autoritarios utilizan) porque puede hacer pasar por lindo o beneficioso algo que es profundamente perjudicial o maquiavélico. El mecanismo del musical consiste en disciplinar a los sujetos con respecto a su deseo: ya no solo les dice qué deben esperar del mundo, sino cómo esperarlo.

Volvamos a Glee para aplicar esta idea. Frente a un mundo injusto, discriminador e intolerante (no hay nada más violento a nivel micro que una preparatoria gringa, donde el bullying es la norma), los chicos del club Glee solo cantan y bailan como defensa ante ese mundo. Es bastante patético si miramos con cuidado: no se necesita trastornar el mundo para hacerlo más justo, no es necesario conseguir (o hacer cumplir) las normas que protegen a los más débiles; no es necesario porque solo hace falta bailar y cantar para que todos podamos aceptarnos y vivir en armonía, los débiles y fuertes. El maricón, el discapacitado, la lesbiana, la negra, la asiática, el emo, el jugador de rugby y la bastonera pueden vivir juntos y felices a través del canto y el baile; es decir, es como si al mundo no le hicieran falta cambios estructurales, solo algunas buenas canciones que interpretar. Esta, por supuesto, no es una idea nueva. La idea de la sociedad multicultural armónica se vende con gran éxito incluso a los más pequeños (todas las películas de La era del hielo son prueba de ello). Así, según este desatado optimismo contemporáneo, no es necesario luchar ni cambiar la estructura del mundo porque el logro de la armonía multicultural (aquello que intentan postular los científicos sociales y los filósofos que piensan la globalización) depende de cuestiones más fáciles de conseguir, como una canción bonita y una coreografía bien ejecutada.

Entonces podemos decir que el problema del optimismo contemporáneo es que es un síntoma de cómo se nos ha dicho que deseemos la armonía social: no hay que hacer nada, llegará sola, más bien cantemos y bailemos. Al igual que los musicales gringos de los 30, Glee es un producto destinado a un público pasivo, una generación que no espera hacer nada para cambiar el mundo (como emprender una lucha política para conseguir derechos y leyes). Y este impacto es tan fuerte que incluso en los más desfavorecidos por la repartija del poder (los débiles) se da un ‘optimismo pasivo’: no hay que luchar por derechos y leyes, hay que escuchar a Lady Gaga (porque quiere a los gays), mirar Glee e ir a la Marcha del Orgullo. No le pidan luchar a esta generación, la idea es que el mundo “ya cambiará en algún momento”, el futuro es la esperanza que siempre se aplaza.

Entonces, ¿cuál es el problema del proyecto Todo Mejora? Más allá de que a veces los videos parecen el espacio para que algunos expongan, como en una entrevista de trabajo, su éxito académico y profesional, lo que a mí me llama la atención es la manera en que se entiende la “mejoría”. Desde el título, “todo mejora”, estamos ante un típico producto del optimismo pasivo. La idea de los videos es la siguiente: tú, muchacho gay o muchacha lesbiana, debes resistir pasivamente las injusticias y vejaciones porque ya en algún momento el mundo cambiará o al menos el tiempo te dará una pequeña puerta para que puedas escapar de la vida horrible que te ha tocado. Es decir, solo vemos resignación, resistencia pasiva. No hay, ni por asomo, la idea de que el mundo es injusto porque está equivocado, y que precisamente hay que combatir esos errores para que las condiciones injustas cambien. No se le da poder al débil, no se le dice qué puede hacer para combatir su sufrimiento, solo está la idea de resistir con la promesa del futuro mejor (que seguramente algunos ni siquiera vivirán). La estrategia de Todo Mejora más bien parece la interiorización y aceptación de la culpa que algunos gays sienten ante los homofóbicos: aceptar pasivamente es una manera de decirle a la sociedad que aceptamos cuál es nuestro lugar subalterno en el mundo y que no debemos hacer nada con respecto a esas condiciones salvo resistir para, si hay suerte, sobrevivir. En síntesis, Todo Mejora funciona como una gran ventana para mirarnos y compadecernos los unos de los otros, es el espacio donde podemos ver que todos los gays sufrimos y que algunos que resistieron al final encontraron una luz al final del túnel.

Vivimos en un tiempo en que el individualismo prima y, aun peor, se nos dice que la idea del bienestar común solo depende de unas cuantas imágenes y un poco de música. Cada vez hay menos ganas de luchar, cada vez hay menos acciones con sentido, cada vez hay menos activismo de verdad, al punto que algunos grupos publican videos para sacramentar la resistencia pasiva (o, simplemente, no hacer nada). Pero claro, de quién vamos a esperar activismo de verdad si el MHOL prefiere hacer estupideces antes que pensar en política, derechos y leyes.

Recordaris

5 febrero, 2012

SinPlumas.com premiado en concurso de blogs

5 febrero, 2012

El día de ayer, revisando el correo del blog, me encontré con un mensaje que me informaba que había ganado el segundo lugar en un concurso de blogs LGTB. Yo recordaba uno del ante año pasado, pero como estuve de viaje a fines de 2011 y estuve ocupado buena parte de enero, no me enteré que hubo otro concurso hasta ayer. En fin, el hecho es que me dieron un segundo lugar que me dejó desconcertado, sobre todo porque el 90% del tiempo estoy en desacuerdo con el MHOL y su activismo alegórico. ¿Sobre la base de qué criterio se escogió a SinPlumas.com? No tengo idea, pues para el común denominador de los activistas este blog es repulsivo a más no poder.

Pero ya hablando más en serio, como le dije a Jorge Chávez en respuesta a su mail, les agradezco la deferencia que, como deben comprender, me desconcierta. El premio (50 nuevos soles) se lo he donado al MHOL, tal vez sirva para imprimir afiches o algo así.

Este reconocimiento, por supuesto, no significa que vaya a cambiar mi forma de pensar. Creo que lo bueno de la diversidad (que algunos deberían recordar que defienden) radica en discutir y nunca ponernos de acuerdo del todo.

Saludos.

“Matacabros” de José Fernández del Río: algunas intuiciones acerca de la homofobia

31 enero, 2012

Hace un tiempo una amiga me sugirió ver el cortometraje Matacabros, dirigido por José Fernández del Río y basado en un relato homónimo del escritor peruano Sergio Galarza. Si bien no he leído el relato, el corto me da suficientes elementos para plantear unas intuiciones sobre las dinámicas de la violencia homofóbica que existen y mutan en el imaginario de este país. Es recomendable que vean el cortometraje (aunque más parece mediometraje) que dura unos 25 minutos. La violencia no es tan explícita como podría sugerir el título (los que hemos visto las películas de Gaspar Noé ya estamos vacunados contra estas escenas) y, debido a que se trata de un trabajo universitario, hay algunas taras que en realidad no constituyen grandes problemas para un espectador promedio.

Lo primero que es fácilmente identificable en el corto es la división entre unos personajes que serán los principales y otros que serán secundarios en la historia. Si bien la violencia homofóbica está exacerbada (solo hay que reparar en los diálogos entre los cuatro personajes homofóbicos), Kurt (Marcello Rivera) y Polo (César Chirinos) van a ser los ejes de la lectura que se propone aquí. Me interesa especialmente la construcción de la identidad de Kurt: religioso (la escena de mortificación personal, aunque algo antojadiza, me hizo recordar a ciertos rituales del Opus Dei), abusado sexualmente (el descubrimiento final, la tara más grande de la película a mi gusto, surge como explicación en el pasado) y especialmente violento (repárese en la escena final como un remedo de alguna escena de Irreversible). Por otro lado, Polo es también un personaje interesante: aunque secretamente siente deseo sexual hacia los homosexuales, sublima ese deseo mediante la violencia, intenta machacar a golpes aquello que más bien existe dentro de sí.

Tal como explica Zizek a partir de su experiencia como soldado, en el discurso militar-policial y en el eclesiástico católico existe una homofobia tan marcada precisamente porque se trata de negar con violencia aquello que está dentro del grupo que lanza ese discurso, tal como lo dije en un post anterior. En resumidas cuentas, al igual que el discurso militar-policial y el eclesiástico católico, en esta película ambos personajes intentan negar y eliminar lo que no está afuera, sino dentro de sí mismos. Si en el discurso militar-policial oficial y en el eclesiástico católico esta homofobia virulenta se debe a que dentro de sus instituciones conviven hombres las veinticuatro horas del día, encerrados y lejos de las mujeres, en el corto sucede casi de la misma manera: un grupo de hombres demostrando su masculinidad (típica conducta competitiva) y ridiculizando la feminidad de sus víctimas (es interesante que no aparezcan mujeres en el corto). Hasta ese punto funcionan Kurt y Polo como las dos caras de la misma moneda. El deseo sexual de Polo hacia los homosexuales se desata cuando no es observado ni censurado por el grupo, salvo cuando aparece Kurt que representa el extremo de la violencia homofóbica, el lado censor. Esto podría funcionar incluso como una especie de metáfora de buena parte de las prácticas homosexuales: en la oscuridad e insalubridad del baño de un antro se desarrolla un tipo de sexualidad un tanto grotesca (“¿Te gusta fuerte?”) que, por supuesto, es negada cuando aparecen los agentes de la censura. De hecho, creo que hay una dinámica o deseo sexual homoerótico muy soterrado de Kurt hacia Polo, precisamente un rasgo que no se representa tan literalmente, pero que queda como una muy probable sospecha por su relación como primos (debemos recordar que el tema del incesto es uno de los intereses más notorios de los directores latinoamericanos actuales, como se puede apreciar en las películas de Lucrecia Martel).

A mi gusto que Polo funcione como un ‘traumado’ y que esa sea toda la explicación de su conducta anormal me parece decepcionante. Es decir, que, en resumidas cuentas, Kurt desee golpear homosexuales para ‘corregirlos’ como una especie de venganza por lo que le sucedió en el pasado me parece una salida muy fácil. Precisamente donde se podía ganar complejidad para la discusión es donde más hace falta. Sin esa escena final del abuso en la infancia podría explicarse incluso mejor cuáles son los discursos que condicionan su proceder homofóbico: el discurso eclesiástico (“perdona mis pecados de juventud”), el discurso machista y su soterrado deseo homoerótico hacia Polo, aquello que lo atormenta y solo puede sublimar golpeando homosexuales, tal como Polo hace. Pero podríamos explorar también cómo funciona esa corrección desde el discurso machista normalizar: existen solo dos maneras de ser sujeto (hombres y mujeres), cualquier otra posibilidad constituye una anormalidad que debe ser corregida-censurada brutalmente. Muy similar al discurso militar-policial y al eclesiástico católico más tradicional: el hombre debe ser ‘macho’ y la mujer prácticamente una segundona obediente.

También quisiera comentar un antecedente de estas escenas de violencia contra homosexuales. Por ejemplo, en No se lo digas a nadie, tanto en la película como en la novela, aparece una golpiza brutal hacia un travesti. En buena cuenta, este corto parece desarrollar un poco más a fondo la homofobia más violenta que ya se presentaba en la película de Lombardi y en la novela de Bayly. Precisamente creo que este tipo de escenas deben conseguir más espacio dentro de las representaciones nacionales. Hasta donde sé, el autor del relato se ganó algunos agravios de parte de ciertos organismos que dicen luchar por los derechos de las minorías sexuales. A mí francamente este tipo de censura me parece patética, ¿por qué censurar este tipo de representaciones tan reales con la pretensión de hacer creer que la sociedad actual funciona como un feliz jardín de niños donde el mero optimismo hará que la vida sea como la pintan los imbéciles libros de Paulo Coelho? Creo que este tipo de representaciones ayudan a los que tenemos ojos más críticos y no vemos victimización en todos lados, incluso donde no la hay. Por el contrario, este tipo de representaciones pueden ayudar a que conozcamos mejor al enemigo, saber cómo piensa, qué lo condiciona; y, así mismo, denunciar la violencia homofóbica como un camino absurdo y brutal.

Mr. Suki-Fuckie

30 enero, 2012

Como habíamos quedado, te diré algunas cosas que seguramente no te gustarán. Pero primero las gracias. Gracias por los masajes, por dejarme compartir la cama contigo toda la noche, por considerarme valioso de esa extraña y casi suicida manera. Tú lo sabías antes de conocerme, te dije que tenía un carácter de mierda, ya estabas advertido de mis arranques. Pero también me he encariñado de una manera extraña, nada serio por supuesto, pero algo de cariño siento por ti. Debe ser esa dinámica sádica que el psicoanálisis explica en alguna de sus teorías sobre la pulsión de muerte: tú encajas como el masoquista y yo como el sádico. Creo que nuestra relación es eso, es una amistad con dinámica sadomasoquista. A pesar de que me hagas esos masajes ‘relajantes’ que me dejarán adoloridas las piernas por una semana (luego de un trip de 50 y pico kilómetros en bicicleta), o me hagas conocer a tus amigas-locas-ñañitas-proto-malcriadas-del-Trome, o que me tortures con tus canciones pop insoportables, a pesar de todo volví a visitarte. Tú me dices que soy tierno, que te gusta que te bese y te acaricie, pero no te das cuenta que en el fondo quiero lastimarte con una jugada a largo plazo, hacerte creer que estamos más cerca para luego alejarme más que antes, como esos gatos que juegan macabramente con sus presas antes de matarlas (o que las van matando poco a poco con sus juegos). Soy una mala persona.

Algo de cariño siento, pero no es para tanto. No me imagino con un chico voleibolista pasando mis tardes de viejo (“masca mis senos”) ni hablando contigo de los estudios subalternos aplicados al género testimonio en Latinoamérica. Te hablo sobre los Estudios Culturales y tú entiendes por ello todo lo contrario a lo que son. Me choca que ni siquiera entiendas mis post y que insistas en esa asfixiante y absurda dicotomía ente pasivo y activo (tajador y lápiz). La vida es más que eso, es más problemática que eso, tanto como estés listo para problematizarla. No me imagino encajando en tu grupo de amig@s ni hablando de las coreografías absurdas de sus poperas favoritas. Preferiría pegarme un tiro en la sien antes que hacer eso y adaptarme a esa vida. No sé cómo llegamos a congeniar esa vez que fui a tu casa. Tal vez me gusta tu físico (aunque me disgusten tus maneras) o tal vez seguía devastado emocionalmente (esa sensación extraña de tener todas las posibilidades y chances para empezar de nuevo, aunque sin cagarla y eligiendo correctamente, para que no haya de que arrepentirse en el futuro) y necesitaba no sentirme tan solo. Pero sí, definitivamente fue más que sexo. Soy como un ave migratoria que ha terminado en un nido ajeno, en donde ha sido atendido de sus heridas. Pero lo que no sabes es que ya soy fuerte de nuevo y que puedo devorarte por puro placer. Soy una persona indeseable para ti, te odio y te aprecio un poco al mismo tiempo. Lo mejor que podemos hacer, que puedo hacer, es quedarnos con los mensajes del Whatsapp, con el envío de las localizaciones y con la ilusión de que nos volveremos a ver, aunque por ahora no sienta ganas de hacerlo.

Por mi cuenta seguiré buscando, viendo y huyendo, huyendo como Stanley en La fiesta de cumpleaños. ¿De qué? Quién sabe de qué, solo haré kilómetros en la bicicleta, todos los kilómetros que pueda, para huir del tedio, de los chillidos de la gente que desprecio, del pasado, de todo aquello que no quiero ser, de ti. Ahora soy fuerte de nuevo y es mejor dejar las cosas así. Es el fin, es todo lo que quería decirte, suerte con los pretendientes.

El homosexual como sujeto sexual descontrolado

27 enero, 2012

Hace un rato, mientras revisaba en Facebook las actualizaciones del día, me topé con una noticia del MHOL sobre la presunta violación a un menor dentro de un albergue del Inabif. Si bien estoy de acuerdo en que toda justificación de un abuso es deplorable y sumamente perversa, en el caso de los gays este tipo de discursos señala también una tarea pendiente. Varios meses atrás, me pregunté si los homosexuales éramos más promiscuos y la conclusión fue afirmativa.

Sé que muchos dirán, y con razón, que los heterosexuales y bisexuales (o, en general, los que se consideran ‘no homosexuales’) también lo son. Es cierto, no es algo exclusivo de los homosexuales. Sin embargo, como esa vez, quiero ir un poco más allá. Sigo creyendo que, en el caso de los homosexuales, es sumamente problemático tener una imagen social emparentada con la promiscuidad; por ejemplo, hasta hace poco, un requisito para donar sangre en un hospital era no ser homosexual (o, dicho más suavemente, no haber mantenido relaciones sexuales con otros hombres). El problema de mantener una imagen social negativa es que la comunidad LGTB (en la cual me incluyo) requiere una mejor carta de presentación para legitimar sus derechos y su visibilidad. En el siglo XIX, por ejemplo, cuando se desarrollaban y sistematizaban las patologías, la homosexualidad era descrita en términos de falta de control o simple impulsividad por el sexo. Por ello, desde al menos el siglo XIX, el homosexual es construido como un sujeto sexual impulsivo, incapaz de controlar su sexualidad. De ahí que no sorprenda que en estos años, cuando un homosexual es abusado, aparezcan estos discursos perversos que intentan legitimar una violación: el antecedente es esa imagen del homosexual, el sujeto sexual peligroso por excelencia. Estos, qué duda cabe, también están en relación con la supuesta peligrosidad que representa un homosexual frente a un niño (el peligro del abuso del menor o de que lo ‘convierta’ en homosexual).

Pero no quiero irme por la tangente. Quiero recordar ese caso que sucedió hace un par de años, se trata de un estilista homosexual que fue violado en una comisaría: hasta donde se supo, dos agentes le introdujeron por el ano la vara reglamentaria, lo que ocasionó una serie de trastornos fisiológicos en el recto. La justificación de los efectivos, qué sorpresa, fue que el estilista se lo había buscado, que de alguna manera él lo deseaba. A mí me resulta fuerte e injusto, y me cuesta creer una versión como esa, pero al mismo tiempo pienso en los condicionamientos discursivos de una sociedad tan homofóbica como la peruana.

Muchos tontos útiles creen que cuando salen a cacarear en sus Marchas del Orgullo, especialmente vestidos de putas y bataclanas, se vuelven ‘visibles’ ante una sociedad que los margina y los oculta. Nada más absurdo: el gay como sujeto sexual que no puede contenerse (un desesperado por sexo, como en el caso del Padre Maritín frente y su ‘marido’ en El Especial del Humor) está presente en todos los medios, a veces incluso en el horario familiar, a la hora del almuerzo. Es falso que esa imagen de homosexual sea ocultada; por el contrario, existe todo el tiempo, funciona desde los medios masivos para condicionar una visión negativa del homosexual. El mecanismo es claro: si el homosexual existe, tiene que ser así, una loca descontrolada y hambrienta de sexo, graciosa o peligrosa, patológica, absurda. Por ello, cuando un homosexual en la Marcha se presenta como un sujeto sexual con su indumentaria, no hace más que reafirmar el discurso homofóbico cotidiano, ese que precisamente nos margina a todos.

No quiero terminar este texto sin mencionarles una anécdota que me sucedió también el día de hoy, casi en paralelo cuando revisaba las declaraciones del presidente del MHOL en RPP. Hace unos días me creé una cuenta en una conocida página de contactos gay; mi perfil, que no tiene mucho de sexual, recibe algunos mensajes, como es normal con cualquier perfil. Sin embargo, el día de hoy, uno me llamó poderosamente la atención. Dice así:

 hola como estas? soy XXXXXXX de surco tengo 25 años soy pasivo varonil, aguantador, delgado, formado, buen culo, estrechito… estoy super arrecho deseando tu pinga en mi boca para sacarle la lecha hasta la ultima gota y que me rompas todito… no busco compromisos de por medio solo sexo… tienes msn?

Cuando me pasan estas cosas, me queda una sensación de encrucijada: por un lado, el presidente del MHOL dice, y con razón, que toda justificación de abuso es deplorable y perversa; por el otro, un chico gay como cualquier otro, sin conocer siquiera mi nombre, me ofrece sexo de la manera más fácil, como si me ofreciera más bien unas piezas de pollo de KFC. Lo más peligroso de hacer reclamos justos no es que no se atiendan esos reclamos, sino olvidar los problemas de casa. Si existen estas justificaciones perversas con respecto a los abusos, es porque la sociedad tiene esos discursos justificadores que nos disciplinan y condicionan. Entonces, como decía, lo peor no es que el abusador quede impune, sino que el bando de los abusados interiorice ese discurso justificador del abuso. Más claro: lo peor es que los homosexuales crean que, efectivamente, no son más que sujetos sexuales descontrolados y que, a la larga, un abuso contra ellos (nosotros) no es más que una consecuencia de ser homosexuales (sujetos sexuales sin control). Si algo queda claro para mí es que debe haber una actitud de resistencia: la sociedad puede decir que somos monstruos o degenerados sexuales, pero el reto está en demostrar que esas son falsedades.

Si les interesa el tema, también escribí sobre la publicidad sexual gay y una muy fuerte sobre el masoquismo en los homosexuales.

Activo y pasivo: el poder en el rol sexual

30 julio, 2011

¿Nunca se han preguntado si tiene alguna relevancia el rol sexual en las relaciones de poder que se dan entre homosexuales? Es decir, ¿es lo mismo ser activo, pasivo o moderno sin más? Personalmente, siempre he pensado que entre el rol de activo y el rol de pasivo hay importantes posiciones de poder, específicamente de sometimiento. En varias entradas anteriores he hablado y explicado la fijación-culto de los homosexuales hacia el pene (es una tendencia, sobre todo hacia el pene grande); sin embargo, esto cobra mucha más importancia cuando empezamos a analizar estas diferencias entre activos y pasivos. Antes de abordar a plenitud el tema, debo advertirles que estas aproximaciones no son generales a todas las personas homosexuales, sino específicamente a la manera en que se desarrollan estas relaciones en el imaginario de los homosexuales que radican en Lima. Para poder detectar estas tendencias estudié las conversaciones que se dan en el chat de GayPeru.com

Empecemos hablando del cuerpo. ¿Sabían que los pasivos se contagian de VIH con mayor frecuencia que los activos? Es decir, los pasivos suelen ser los más perjudicados con el VIH (alrededor del 65% de contagios) frente a los activos que llegan al 35%. Es una primera diferencia importante. Pensemos en una rotura de preservativo: el pasivo tiene mucho más difícil la limpieza y desinfección de la zona expuesta (el ano) frente al activo, así como menos chances de impedir una infección. Pensemos en una relación sin protección: el pasivo carga dentro de su cuerpo con todos los virus de su pareja de turno que podrían infectarlo (además de las lesiones de su ano producidas por la penetración), mientras que el activo, con un jabón bactericida bien aplicado en su pene, reduce drásticamente el riesgo.

Hablemos de la psicología de las relaciones entre pasivos y activos. Para trabajar este punto me gustaría usar la película Brokeback mountain (Secreto en la montaña), específicamente la parte en que Jack Twist le reclama a Ennis del Mar verlo más seguido. Jack le hace entender que como activo, Ennis puede satisfacer sus deseos con mayor facilidad (masturbarse con la mano, se supone), mientras que Jack no. De ahí surge esa turbia secuencia en que Jack va hasta México y se pierde en la oscuridad de un callejón con un tipo que seguramente es un prostituto. Espero que ahora entiendan que la entrada sobre los dildos no era una pastrulada.

Algo similar ocurre en el chat de GayPeru.com y seguramente en los de las otras redes sociales. Están los activos que se prostituyen, que ofrecen atributos marcadamente “masculinos” (como un gran pene, un cuerpo trabajado o una rudeza de macho) para llamar la atención de potenciales clientes pasivos. De igual manera, es muy notorio que son los pasivos los que más se “ofertan” dentro de la sala pública, mientras que los activos solo esperan para ser “convencidos” o “persuadidos” por los pasivos. Es interesante que sea exactamente al revés que con las relaciones tradicionales heterosexuales: el hombre (caballero) tiene que convencer a la mujer (dama) para que le entregue su honra (tengan sexo). Es interesante que entre los heterosexuales sea el sujeto penetrador quien tiene que usar sus mejores estrategias para convencer al sujeto penetrado, mientras que en las relaciones homosexuales sea el sujeto pasivo quien usualmente tenga que convencer al activo.

Podemos ser más drásticos: de los casos clínicos de homosexuales que tenido la oportunidad de leer, muchas depresiones se deben a la ilusión que el homosexual pasivo se hizo de un homosexual activo. Es más, son pocas (o prácticamente nulas) las depresiones por amor de parte de los activos. Si es que los activos se deprimen, solucionan su problema mucho más fácilmente que los pasivos. Podríamos recordar la idea del homosexual que tienen los abuelos (y que se conserva aún en algunas provincias): el “maricón” es el homosexual pasivo que le paga o mantiene a su “marido” (activo) para que se le “cache” (tengan sexo). ¿Alguna vez escucharon hablar de pasivos que se prostituyan? Son, en realidad, muy pocos. A mí particularmente me parecería un negocio sin rentabilidad (no hay gran demanda). En cambio, los anuncios de scorts o prostitutos activos inundan la web y los periódicos. Como se dice comúnmente, “se paga por pinga, no por culo”.

Tengo dos cerezas para el pastel. En primer lugar, pensemos en los medios de comunicación. Sirve de ejemplo el Sketch del Padre Maritín: el padre es un evidente homosexual pasivo que tiene un “marido” (supuestamente heterosexual) al que mantiene (el padre le compra relojes y ropa, por ejemplo). El tipo más perjudicado en esa relación de poder es el padre, no su “marido”. Ese pequeño sketch, aparentemente inofensivo, es un reflejo muy poderoso y crudo de cómo el lenguaje establece y disciplina las relaciones entre activos y pasivos en buena parte del imaginario nacional. El que nos hace reír no es el “marido”, sino el disforzado y ridículo padre (tan parecido a varios marchantes del Día del Orgullo Gay de Lima). En segundo lugar, tengo que hablarles de un conocido que es activo como yo. Si requiero una palabra para describirlo, diría que es una basura de gente. Y es una basura por la manera en que conoce y trabaja la psicología de los pasivos con los que trata. Cuando yo me iniciaba en el mundo gay, los consejos de esta persona consistían en que me consiga “pasivos con problemas”, “complicaditos” o “primerizos” porque eran los que menos autoestima tenían y “más daban” por tener un activo a su lado. Claro que no cualquier activo, sino uno estratégicamente construido con una apariencia de buena persona, sobre todo de paño de lágrimas y tierno. Lo más chocante para mí es que este tipo prácticamente vive de los pasivos que conoce: consigue ropa, perfumes, viajes. Uno de sus tips: en plena penetración, preguntarle al pasivo “¿Me amas?” y esperar que diga “Sí” para decirle “Dime que me amas” y el pasivo lo haga. Según él, esta suerte de conjuro es una especie de amarre psicológico, pues cada vez que tire con otro activo pensará en esas palabras y, por ende, en el activo a quien se las dijo. Personalmente no he seguido sus consejos ni estrategias.

Todo esto sirve para mostrar cuál es el lugar del pasivo en el imaginario de los homosexuales de Lima. Los pasivos son más vulnerables. Como escribió la antropóloga Marisol de la Cadena, con respecto a las poblaciones andinas, “las mujeres son más indias”; es decir, dentro de esa población comúnmente marginada (los andinos, los “indios”), las mujeres son las más marginadas. Yo diría que en nuestro caso, “los pasivos son más cabros”: la tendencia es que entre los homosexuales ellos son los que llevan la peor parte. ¿Qué se puede hacer? Creo que deben buscar la manera de empoderarse, romper el esquema que el Sketch del Padre Maritín perpetúa: cuidarse más en las relaciones sexuales, tener una autoestima a prueba de balas y evitar a los tipos que buscan aprovecharse de ellos. Me atrevería a decir que la opción a futuro es que todos seamos modernos, pues las relaciones de poder se relajarían considerablemente. Ese, por supuesto, es un plan a futuro y también un tema que abordaré más adelante.

Chalas, semen y culos: el sexo en la publicidad gay

22 julio, 2011

Es cierto que la publicidad que vende sexo está en todos los estratos y formas, algunas veces con más notoriedad que en otras; sin embargo, es interesante reparar que los productos y servicios que se ofrecen a los homosexuales de Lima remiten prácticamente a un solo aspecto: sexo. Debería llamarnos a sospecha que todos los productos y servicios que son específicamente para gays tengan que ver solo con sexo: hoteles u hostales, saunas, cuartos oscuros (entre otros lugares donde se practica sexo inseguro), fiestas con desnudos, etc. Podríamos incluso reparar en el lado del público heterosexual y confirmar que no hay eventos similares (o, en su defecto, no promocionados con tanto énfasis).

He reparado en tres redes sociales donde este blog tiene cuenta: GayPeruanos.com, GayPeru.pe y DeLoBuenoUnPoco.com: en las tres se publicita únicamente sexo, especialmente eventos y hoteles. Por ejemplo, el evento “Mister Chala” no podría representar de manera más clara hasta qué punto los homosexuales le rinden culto al pene grande. Que se haga un concurso donde se premia a la pinga más grande obedece a la intención explícita de consagrar el tamaño del pene como el único aspecto relevante (y, de paso, confirmar mi teoría de que el culto al pene grande es una más de las prácticas masoquistas frecuentes entre los homosexuales). O pensemos en la Fiesta del semen, cuyo afiche fue masivamente enviado por mailing. O también podríamos pensar en las fiestas con sexo en vivo. En realidad, las personas que organizan estos eventos utilizan temáticas sexuales con la intención de atraer a la mayor cantidad de gente. Bien, hasta aquí no he dicho nada nuevo.

¿Pero acaso no son también notorias las consecuencias de este bombardeo publicitario de sexo? Para mí está clarísimo que el incremento del VIH en la comunidad homosexual tiene que ver con este bombardeo mediático (pensemos, por ejemplo, en la manera en que en CholoTubeGay se sacralizan los videos porno caseros donde se practica sexo sin protección). El fracaso de prácticamente todas las relaciones homosexuales también tiene que ver con este rollo sexual: según esta publicidad, el objetivo de un homosexual no es encontrar un compañero con quien te puedas establecer, sino algo más presentista: adorar y comer la mayor cantidad posible de pingas grandes (la lógica “disco de ambiente”). Como cree Foucault, no es que el sexo haya estado reprimido (como creía Freud), sino que ha sido moldeado (y sigue siendo moldeado) por el lenguaje para que creamos que ha sido reprimido, cuando en realidad todo el tiempo hablamos de él, y no solo ahora, sino desde cuando se imprimían los primeros catecismos o pastorales cristianas (siglo XV). No es difícil notar que el énfasis y sacralización del sexo es un efecto muy característico del tiempo y la sociedad en que vivimos (pensemos en el Día del Orgasmo), pero en el ámbito gay este énfasis se dispara y multiplica, se vuelve peligroso. En resumidas cuentas, según esta publicidad sexual, solo somos cuerpos que desean pingas y culos. No hay mayor complejidad en esta lógica, es como si los homosexuales no mereciéramos más.

Todo esto tiene que ver con el negocio de las redes sociales gay. La intención es capturar un mercado de homosexuales a los cuales se les pueda tener ciertamente cautivos y así vender más productos y servicios de sexo. Y es que estas páginas están diseñadas no para ser una red social o comunidad (en el más amplio sentido de la palabra), sino solo un punto de encuentro para conseguir con quien tirar sin más. Pensemos en los grupos y foros que se crean (“¿cómo tirarse un cachaco, un hetero, un primo, un perro, etc.?”, o “relatos sobre la primera experiencia sexual”, por citar dos ejemplos que recuerdo): la publicidad está condicionando que los homosexuales sean consumidores ansiosos de sexo, por lo que el futuro es más complejo de lo que se imaginan.

Si la intención de las redes sociales gays en un primer momento fue brindar un lugar donde los gays se puedan encontrar para no sentirse tan aislados, el tiro les está saliendo por la culata: la publicidad sobre sexo está trayendo más infidelidad, más infectados con enfermedades de transmisión sexual o, en resumidas y sencillas cuentas, más infelicidad. El fracaso es evidente. Y aquí muchos ingenuos dirán que depende de cada uno, que al final uno elige. A mí me da gracia que la gente que no se cree influida por la publicidad sea en el fondo la más dependiente de esta, aunque menos consciente de sus propias ataduras. Solo basta entender la tendencia para entender la explicación.

Creo finalmente que lo que queda es ser más críticos con respecto a lo que nos quieren vender. Esa sensación tan falsa de sexo se va sintiendo cada vez más en las redes sociales. No son pocos los que me comentan que les abruma que haya tanto sexo en la publicidad y las redes sociales para homosexuales. Seguramente seguimos siendo la minoría, la minoría que cree que merece algo más.

[Las imágenes proceden de la web del Club Nudista Casanova y de PeruEsGay.com]

A favor de la Ordenanza Gay

16 julio, 2011

Me cuesta sentarme a escribir sobre este tema sin encontrar reacciones encontradas dentro de mi propio parecer. Por un lado, siento que una ordenanza contra la discriminación debe ser total (como lo describe Wilfredo Ardito en este post de lectura obligatoria) y no solo condenar una de las muchas formas de discriminación que existen (por orientación sexual). Es cierto que, hasta cierto punto, es exagerado que la Municipalidad de Lima solo se haya concentrado en una ordenanza contra la orientación sexual para hacer “más visible” la situación de la comunidad LGTB, como si fuera el único problema de discriminación existente. Es una iniciativa que, en apariencia, no es justa con respecto a los otros discriminados; sin embargo, también podemos entender esto como un primer paso para condenar y luchar contra las otras formas de discriminación.

Sobre la pregunta de por qué es necesario tener una ordenanza a favor de nosotros, la respuesta es evidente: nos legitima ante la ley, la instancia que ningún dogma de fe convenido o moralidad hipócrita puede rebatir. ¿Por qué debería ser de especial atención la discriminación contra los que tienen una orientación no heterosexual? Para comenzar, porque es la discriminación contra la que menos se ha avanzado (si pensamos en un racista, en general es socialmente condenable; si es un sexista, igual). Los que se oponen a reconocer los derechos de igualdad de los no heterosexuales se juran moral y éticamente superiores, y en buena cuenta están amparados por un sector considerable de la sociedad. Una ley a favor de nosotros nos empoderaría legalmente para contrarrestar la discriminación que una serie de sectores religiosos conservadores están exhibiendo públicamente. Una ley contra la discriminación por orientación sexual legitimaría a este país (especialmente a esta ciudad) como un lugar que se separa la ley del dogma de fe.

¿Pero acaso ya no hay leyes que protejan a los no heterosexuales? Yo me hice esta pregunta y concluí que, en teoría, las hay. Sin embargo, en la práctica, se requieren más medidas que ratifiquen la igualdad de derechos. Pienso en la golpiza matonesca que un grupo de policías perpetró contra un grupo de activistas en el verano, en “Besos contra la homofobia”. Puede que esté en desacuerdo con esta actividad (inútil a mi parecer), pero los que se besaron en esas gradas tenían todo el derecho de hacerlo, como todas las tardes hacen las parejas heterosexuales en el mismo lugar sin que nadie las eche. Pienso en Phillip Butters y sus amenazas en la radio, contra toda la comunidad LGTB, que están quedando en la impunidad. Dos ejemplos sonados y famosos de todo un sistema discriminatorio contra las personas que se enfrentan a él día a día, en la cotidianidad, sin obtener justicia.

En ese sentido, Susana Villarán es una política valiente. Pocas veces he conocido a un político que tenga los cojones para poner en agenda este tema y llevar sus principios (que también están consagrados por todas las organizaciones derechohumanistas del mundo) hasta las últimas consecuencias. Este país está lleno de pacatos e hipócritas. Creo que son pocas las veces que aparecen políticos controvertidos y valientes como Villarán, y menos veces todavía los políticos que se compran el pleito de esta comunidad. Definitivamente es una medida chocante para las mentes cucufatas y ultraconservadoras de personas que no tienen ningún argumento real, que confunden sus creencias religiosas fundamentalistas con peligros reales. Esta reacción tan enérgica de los grupos religiosos conservadores (con marcha incluida) es un problema que en realidad debimos enfrentar hace mucho tiempo. Ni las patéticas e inútiles Marchas del Orgullo Gay (con tantas ediciones anuales infructíferas), ni las besadas y demás ridiculeces, nada ha tenido tanto impacto como la propuesta en el marco legal de esta ordenanza. Los conservadores actúan, tienen miedo de perder su poder para seguir esparciendo su ideología (sí, ellos también la tienen), por primera vez hay un hecho concreto que puede conducir a un gran empoderamiento de la comunidad LGTB. Espero que con estas señas evidentes los “activistas” entiendan cuál es el rumbo que debe tener la lucha por la igualdad: leyes, ordenanzas, derechos.

A los fundamentalistas religiosos les diría que escudarse en sus hijos para ver peligro en esa ordenanza es una bajeza. Y lo es porque dicho peligro no existe. Un homosexual o una lesbiana es tan humano (con sus errores y aciertos) como un heterosexual. Las orientaciones sexuales no heterosexuales no son patologías, la Organización Mundial de la Salud hace mucho tiempo lo confirmó. Ni siquiera es peligroso “por contagio”. Nadie se hace gay por mirar a un gay. Nadie se hace gay por tener un amigo gay. Puedo ser extremo y plantear la situación más chocante: ni siquiera un niño abusado por un hombre mayor es un candidato seguro a la homosexualidad. Y si no lo es una persona abusada, mucho menos alguien que no tuvo esa experiencia. Y si hablamos de los abusos contra niños (que algunos grupos han sugerido cobardemente), deberían mirar hacia otro lado (las estadísticas): el mayor índice de abusadores de niños está entre los hombres heterosexuales (tíos, primos, padres con esposas e hijos). En realidad, los fundamentalistas religiosos deberían preocuparse de explicarles (y cuidar) a sus hijos de los curas y pastores pedófilos, que son el verdadero peligro. Y también deberían estar advertidos de todos esos pastores y religiones que despluman a sus fieles.

Cierro este post invocando más acciones concretas (legales) de parte de los que han asumido (libremente) la representación de la comunidad. ¿Para qué gastar tiempo y energía en actividades inútiles como la Marcha del Orgullo? El futuro está en las leyes, ordenanzas y derechos.

Recomiendo leer este post sobre el tema (que incluye la ordenanza).

¿Por qué a los homosexuales les gustan los uniformados?

12 julio, 2011

Es cada vez más notorio el fetiche que policías y militares (aunque también bomberos y curas) generan y han generado en el imaginario de un considerable sector de homosexuales. Se crean páginas y grupos en las principales redes sociales gay, se publican anuncios, se ofrecen servicios sexuales, arrebatados se internan en cines porno insalubres y de poca monta. Todo por los militares y los policías, o por algo que tienen ellos y, según la visión de estas personas, no tienen los civiles. ¿Por qué hay tanta fascinación por estas personas?

Básicamente se debe a que hay una oposición binaria de masculino-femenino. Es decir, el policía o militar representan el ideal de masculinidad (aunque la experiencia en muchas ocasiones lo ponga en duda) y el homosexual, lo contrario. Si el policía o militar es el macho por excelencia, el homosexual se vuelve así la mujer femenina por excelencia. A muchos gays seguramente les costará admitir que, dentro de su inconsciente, funcionan como “la mujer” frente a los militares o policías. No debería alarmarlos tanto. Esta posición binarista suele invertirse, especialmente en los policías y militares homosexuales pasivos (que los hay), quizá porque la ideología que aprenden en sus instituciones radica en la total oposición entre masculino y femenino. De esa manera, si ellos asumen el rol pasivo, se tornan sujetos femeninos. Un ejemplo muy curioso fue posteado en el blog CineTauro hace unos meses, un relato titulado “De Rambo a Xiomara”, que actualmente ya no se puede conseguir porque el blog sencillamente fue redireccionado. En este relato, un militar en su primera experiencia como pasivo decide actuar como “una mujer”, su feminización llega al punto que le exige a su amante activo de turno que lo llame Xiomara. Es decir, una vez que accede a tener sexo con otro hombre, Rambo asume la posición binaria hombre-mujer, en la cual, como le toca hacer de pasivo, se vuelve Xiomara, una mujer tímida y recatada que disfruta la “masculinidad” de su hombre.

Pero este no es el caso más usual. Lo usual son los pasivos que les rinden culto a la masculinidad de los policías y militares (desde una posición femenina que a veces parece patológica, sobre todo cuando la excitación requiere necesariamente de un hombre uniformado). Y eso se da a través de los grupos que cuelgan videos y fotos de militares y de policías (aquí, aquí, aquí y aquí), robadas del Facebook y del Hi5 de sus víctimas, que ni siquiera sospechan que un montón de gays se hacen pajas a diario con sus fotos. De ahí que sea criticable la permisividad legal que permite Internet con respecto a la publicación y difusión de esas imágenes fuera de los perfiles. Es más, incluso hay una persona (que si no bordea, ya toca la patología) que tiene por afición filmar los culos y entrepiernas de los policías en uniforme, en las calles, y colgar los videos en YouTube. La pregunta es válida: ¿qué encarnan los militares y policías que los homosexuales les rinden un culto tan metódico y persistente? Nada en realidad: son personas como nosotros, con problemas, deseos, etc. Definitivamente el elemento que los caracteriza es externo, es un agregado: el uniforme. Sin uniforme no hay excitación. El uniforme representa que ellos pertenecen a ese grupo de “machos”, de aquellos que son hombres masculinos fuera de sospecha de cualquier feminidad. Estoy seguro de que un civil se pone un uniforme militar o policial, se toma una foto, la cuelga en esas redes y genera la misma excitación de los participantes que uno de verdad. Como diría un amigo: los efectivos son intercambiables, el uniforme no.

Estuve leyendo algunos de estos relatos sobre policías y militares. Uno que me llama la atención es “Mi tombo cajamarquino”, una especie de guía de cómo conseguir sexo con policías prácticamente en plena vía pública. Antes había tocado parcialmente el tema, en “¿Todo homosexual adora a un fascista?” (donde analizo una historia de un pasivo que es violado por un policía en un cine arequipeño). En este caso, me interesa resaltar cómo la construcción binaria macho-hembra funciona para construir la “estrategia de caza“ de policías.

Desde el inicio nos presentan al policía como “un pata alto de 180, blancón, grueso con unos brazotes”(un prototipo de “macho” que va a repetirse y reforzarse en todo el relato) y, sobre el narrador, que dice que “desde la primera vez que lo vi [al policía] me dije que tenía que hacerme suya”. Es evidente que el narrador se asume como un sujeto femenino en función del masculino al que quiere seducir. De hecho, el protagonista es la hembra que se ofrece al macho policía. Lo dice explícitamente: “una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre”: “yo me hice el asqueado cuando me hablaron de mujeres, en toda la conversa me había mostrado mas femenino de lo que soy, para que quede claro que me gusta la pinga de macho, sentirme hembrita. y de ahí entendió y me dijo “ah ya tu eres de esos” y le dije “si, te molesta?”. me dijo que normal pero que no conocía otros como yo”.

Podemos ver un extracto muy ilustrativo:

se saco la casaca, la camisa, tenia un pechazo, una cajaza, unos brazotes de tombo. yo me derretía. le acaricie todo su cuerpo, se lo bese como si fuera su esclava. le baje su pantalón y salió su arma: asu era gruesa, bien gruesa, aunque no larga, de tamaño normal. mas que sufí para mi. asi que le mame su pinga policial mientras escuchaba que bufaba como toro macho, primero la cabecita con la punta de mi lengua, en ese hueco de la cabeza de su pinga, se le puso grandaza, cabezona. me dijo “tu la mamas mejor que mi trampa” me empujo la cabeza duro para que la meta toda en mi boca. era gruesota como su cuerpo de tombo. me cogió de la nuca fuerte para que no me escape, me sentía ahogar, se me caian las lagrimas pero era riquísimo, me encantana que me haga asi, que me maltrate mi macho policia. entonces me solto y empece a engullirme ya no solo su cabeza también su tronco, era un saca-mete riquísimo, el me agarraba con sus manos duras, grandazas. me dijo que le mame bien sus bolazas duras. y luego me dijo “ya ponte en cuatro perrita” me puse el lubricante en el potito y el se puso el condon con retardante. me dijo “que rico culito que tienes por mi madre”. y sin piedad me la clavo todita de golpe, ayyyyy grite como hembrita, que rico dolorcito sentía y el empezó a bombearme duro, me decía “puta madre que rico culito tienes carajo, esta bien ajustadito” y me daba y daba bien duro en perrito y por momentos yo sentía que me iba a desvanecer, mi sueño de tener un macho policía dentro de mi era realidad, podía sentirme como su mujercita que le aguantaba su pinga de toro macho macho.

En esta cita es evidente que la oposición binaria macho(policía)-hembra(gay) sostiene la fantasía sexual del narrador; sin embargo, hay algo adicional que podría escaparse a simple vista. No es solo que el narrador y el policía asuman la feminización del pasivo, sino también que el maltrato físico y el dolor forman parte del placer o de la excitación. Sobre el tema del masoquismo en los homosexuales he escrito anteriormente (aquí y aquí) y en este relato parece cumplirse a cabalidad la idea del maltrato físico como constituyente de más excitación. El dolor (casi hasta el desmayo) viene después:

de ahí me hizo sentarme sobre tu pinga, dándole la espalda, asuuuuu, sentía que entraba hasta mis entrañas, mi culito estaba en llamas y el gozaba y gozaba. yo decía asu con machos bravos el castigo es mas rico, porque de ahí me puso piernas arriba, las cogió con sus brazos y empezó a descender en mi culo con su pinga apoyada en todo su cuerpo. yo me iba desmayar y el me decía “asi me gusta perrita, que te quejes como hembrita, aquí esta tu policía para hacerte gritar” y me empezó a agarrar mis tetillas y empezó a mamarlas como pezones, como tetitas, estaban duras. “asi me gusta putita” seguía hasta que ya no aguanto mas y se deslecho en mi cara.

En “Sobre los penes grandes” me pregunté si el dolor era un rasgo constitutivo de la homosexualidad. Ahora estoy más convencido que sí, pues la homosexualidad tiene como constituyente universal el sexo con otro hombre. En este sentido, el coito anal es, por definición (en el imaginario, no necesariamente en todas las prácticas), más doloroso que el vaginal. De ahí que se requieran cremas, anestesias, dilatadores y toda una gama de productos para aminorar la sensación de dolor. Entonces, si me preguntan si los homosexuales somos masoquistas, yo respondería que por definición sí lo somos (aunque tenemos la capacidad de revertir esa tendencia constitutiva). De ahí que ese culto hacia los militares (como prototipo de macho) sea tan frecuente y esconda la violencia y la marginación a la que estamos expuestos (y, por supuesto, la perpetúe). Parece, efectivamente, que cada vez más buscamos personas que representen no solo la masculinidad, sino la violencia contra nosotros mismos. ¿Acaso en el verano no fueron policías los que masacraron a los que se asistieron a “Besos contra la homofobia”? Personalmente no me he olvidado, algunos otros creo que sí. Cada uno saque sus conclusiones.

Si quieren revisar un par de relatos en los que la violencia se representa ya no solo en el agresor, sino también en el agredido (un masoquista), revisen este relato y su secuela.

P.D.: Escribí sobre uniformados también aquí.

La visión lacaniana del amor

10 julio, 2011

Muchas teorías intentan explicar la complejidad de la conducta humana, pero el psicoanálisis de Jacques Lacan se ha vuelto uno de los que marcan agenda. Las explicaciones de esta potente teoría tienen cada vez más influencia en un sinnúmero de campos, incluso en los estudios de género. En este caso, me interesa hablarles de la explicación que hace este psicoanálisis acerca del amor, pues es una de las más interesantes y a la vez más escépticas. Así que todos los lectores cursis y edulcorados, y los fanáticos del Queer Cinema, abstenerse. Están advertidos.

Uno de los seguidores de Lacan (quizá el más influyente y famoso de nuestros días) es el filósofo y psicoanalista Slavoj Zizek. Aquí me propongo hacer una síntesis muy personal y muy libre de sus explicaciones.

En El acoso de las fantasías, Zizek destruye la idea del amor como complementariedad entre dos personas. Me refiero a las frases de la “mi media naranja”, “mi complemento”, etc. Para Zizek, como pueden ver en el video, el mundo tal y como lo conocemos es una versión coherente y explicable gracias al lenguaje. El lenguaje nos hace creer en un mundo donde hay causalidad (causa-efecto), orden, explicaciones satisfactorias. Imaginemos un mundo donde todo es arbitrario, donde no hay manera de entendernos, donde las convenciones no existen: sencillamente sería un caos, sería terrorífico. Lo real  es que el mundo escapa del lenguaje, no es ordenado, sino caótico. Esa apariencia de coherencia la ha construido el lenguaje. Por ejemplo, una de esas construcciones, que nos atañe a los homosexuales, es que el mundo se divide en hombres y mujeres, en macho y hembra, en masculino y femenino, cuando en realidad hay combinaciones mucho más complejas que ponen en jaque esa división. Así como imaginamos al mundo coherente, intentamos que nuestra vida sea también coherente. Y una de esas maneras de encontrar coherencia es pensar que existe una persona que puede complementarnos, que necesite de mí de la misma forma que necesito de ella. Lo real es que somos arbitrarios incluso cuando intentamos ser coherentes: no soy la misma persona que hace cinco minutos, puedo llamarme generoso o puede que la gente me considere así, pero un niño me pide limosna y no le doy, o no dejo monedas en la lata del Domund, o sencillamente me ocurre algo que me hace desconfiar de la generosidad. Somos seres cambiantes, sumamente cambiantes, el tiempo nos altera, cada segundo nuevo de nuestras vidas es una posibilidad de ser distinto a lo que era el segundo anterior. Tampoco es que sea necesariamente tan repentino, pero los cambios suelen ser más rápido de lo que nos imaginamos. Incluso las personas que se juran sumamente coherentes, implacablemente estables lo único que hacen es forzar (a veces superficialmente) la arbitrariedad natural del mundo y de sus propias vidas. Pensemos en nosotros, en nuestra propia arbitrariedad, en nuestro propio caos personal. ¿Cómo puede darse ese milagro de coincidir ya no un segundo, sino una semana, un mes, un año o diez con otro ser tan caótico y arbitrario como yo?

Mientras escribo esto en un McDonalds veo a las parejas de adolescentes que se hacen promesas eternas que seguramente no cumplirán. Los veo y pienso en mis propias experiencias. ¿Qué me hacía creer en ese milagro de la complementariedad? Para Zizek se trata de una fantasía. Pero una fantasía en un sentido más amplio que el usual. La fantasía es el discurso del que nos convencemos nosotros mismos para poder vivir con el caos. Nos mentimos porque lo necesitamos, porque de lo contrario no aguantaríamos el cambio y la inconstancia. Necesitamos la fantasía para que el mundo sea un lugar más agradable, más vivible a fin de cuentas. El amor es una fantasía poderosa: es agradable pensar que eres importante y necesario para alguien (y viceversa). Pero quizá la verdad es que todos estamos solos y que no hay maneras de complementarnos, porque cambiamos con una velocidad tan grande que en un momento ya no somos iguales y la otra persona tampoco lo es. La fantasía funciona, somos tercos, intentamos desesperadamente creer que sí. No hay complementariedad, sino una fantasía de complementariedad.

Para ilustrarlo no encuentro un ejemplo más adecuado que la gran película de Wong Kar-wai, Happy together. La otra vez leí muy ofendido que era un “dramón” y que el título era irónico, porque los protagonistas (dos gays) no terminan juntos. Así hay gente que se indigna porque historia sobre el amor no termina en final feliz, donde las víctimas del mundo homofóbico luchan y terminan felices (los usuales finales de las películas de temática gay o Queer Cinema). Estamos muy malacostumbrados. Y es que el mundo está hecho para reforzar la fantasía de la complementariedad. Las películas de Hollywood, las novelas mexicanas que gustan a nuestras abuelitas, los poemitas adolescentes, las películas de temática gay. El mundo refuerza nuestra fantasía, precisamente porque por sí misma no se podría mantener. La fantasía fracasa todos los días: peleas, rupturas, infidelidades, mentiras. Incluso a la persona que más “amamos”, en un momento, nos puede dar ganas de matar o hacer sufrir. Precisamente es ahí donde llega Happy togehter con una maestría excepcional: expone la herida, muestra que la complementariedad es precisamente eso, una fantasía, y que como tal puede colapsar y dejarnos perplejos. Es más, en la película de Wong Kar-wai funciona la contradicción del amor, el lema “ni contigo ni sin ti”. En un momento creemos que los otrora amantes se van a destruir, nosotros como espectadores no los reconocemos. Y en otro momento vemos que el uno ya no reconoce al otro: han cambiado, el tiempo y las experiencias los han hecho diferentes. La película, como otras de este cineasta, terminan en la idea del viaje como un intento de aliviar el dolor del fracaso. Quedan fantasmas, los recuerdos, pero la relación ya no continúa. El amor es el intento de tapar el caos, es la manera de mirar hacia otro lado, pero el caos y la arbitrariedad es más grande: la costumbre es lo único que queda como posibilidad.

Alguno dirá que no le interesa el amor y que sencillamente le gusta tirar y pasarla bien. Pues a ese nivel funciona también la fantasía. Para Zizek el sexo tampoco es una complementariedad, sino una especie de masturbación con el cuerpo del otro, una masturbación mutua. ¿Por qué esto es así? Porque uno puede tirar con otro siempre y cuando siga creyendo en la fantasía que se ha contado sobre esa persona (si no, se va la excitación, las ganas, la erección). Si me excita un pata de gym, mi fantasía podría colapsar si veo que ha descuidado su entrenamiento y lo noto en su cuerpo. Si me gusta un pasivo afeminado, mi fantasía sobre él puede colapsar si lo veo con una actitud masculina, con un tono de voz grueso. Si me gustan los patas valientes, puede que mi fantasía colapse si veo que es cobarde en alguna situación. Si somos más radicales, podemos ver que nuestro cuerpo funciona con fantasías: puede que alguien que haga que me erecte, una vez que mi fantasía colapsó, ya no lo haga más. Pasa todo el tiempo. Zizek se refiere a esto como “desenchufarse” de su fantasía.

El extremo de esta postura sería pensar que podemos vivir sin fantasías. En realidad, tarde o temprano, volvemos a caer. El lenguaje nos ha disciplinado para construir y vivir con fantasías, pues el caos y la inconstancia del mundo son demasiado insoportables. Por algo, desde Platón, Nietzsche condenaba que ningún filósofo se había atrevido a lidiar con el caos, con lo no armónico, con el simple devenir. Sería bueno ser conscientes de ese caos y enfrentarlo, enamorarnos sin desatender que cada minuto, cada día tenemos que renovar esa fantasía, para que no nos sintamos raros al lado de la otra persona (síntoma post revolcón de sábado por la noche). Hay algunas fantasías que nos hacen más daño que otras, no podemos negarlo. Esa también es una tarea por hacer. Así, les recomiendo ver con sentido crítico dos películas: Happy together (Wong Kar-wai) y Dekalog 6: No amarás (Krzysztof Kieslowski). No se van a arrepentir.

Phillip Butters: nuestro chivo expiatorio

6 julio, 2011

Quiero comenzar explicando qué es un chivo expiatorio. Básicamente se trata de un personaje que tiene que ser sacrificado para pagar las culpas de los demás. En este caso, Phillip Butters es, en buena cuenta, un personaje que agrupa toda la violencia contra los homosexuales y lesbianas (él mismo es culpable de homofobia). A mi parecer, debemos concentrarnos en él. Si derribamos su poder mediático y conseguimos que le den un castigo ejemplar, promover un evento de alta recordación para los demás homofóbicos. Será un escarmiento, una batalla simbólica y legalmente ganada. Por eso, en estos días, pensé en una estrategia que fuera de veras efectiva, algo provocador.

Recuerdo que cuando empezaron las reacciones en contra de las declaraciones de Butters, aparecieron dos conductores que dijeron que se besarían frente a su casa, pues no había impedimento legal o moral para ello. Era una provocación en la lógica homofóbica de Butters, pero finalmente, ¿solo porque Butters no quiere que dos gays o lesbianas se besen frente a su casa, en la vía pública, deben huir del comentarista deportivo cada vez que lo vean? Obviamente, la ley nos da toda la razón a nosotros. En ese momento, con las manifestaciones de Gonzalo Torres, me pregunté por qué esa iniciativa no salía de los mismos gays. Es decir, a pesar de que hay una legislación que nos protege en esos casos, por qué no fue posible que alguien se parara frente a su casa y se besara, con un anuncio mediático previo para que toda la prensa registre los hechos. Quizá falta de valor, de ganas, de visión. No lo sé.

Creo que debemos llevar las declaraciones de Butters hasta las últimas consecuencias. Sé que le pusieron una demanda, pero como dice un amigo: ¿y? El tema ya se enfrió y, en serio lo digo, esto debería estar en agenda. Es cierto que muchos trogloditas (de la boca para afuera) apoyan las estupideces de Butters, pero hay otra gente que realmente lo detesta. Podríamos comprarnos el pleito, deberían hacerlo sobre todo los gays que tratan de ser lo más “visibles” que pueden. En lugar de ir a la Marcha o participar en otros eventos intrascendentes, creo que deben ir al frente de la casa de Butters a provocar toda su furia homofóbica. Sí, lo digo en serio. Sería una acción llamativa y trascendental. Claro, algunos tendrían que recibir algunos golpes (mientras todos los flashes y cámaras registran los acontecimientos). Butters tendría que llevar su homofobia hasta las últimas consecuencias y nosotros exigir respeto también hasta las últimas consecuencias. Y con esto, como nosotros tenemos la razón, Butters recibiría el castigo legal correspondiente (me encantaría verlo preso y despedido de su chamba) y los besadores volverían a meterse lengua en señal de que en este país nadie tiene derecho a prohibir que te beses en un lugar público, seas hetero, gay, bi, etc.

Visualicémoslo: diez  o quince parejas frente a la casa de Butters, sin pancartas y con toda la prensa convocada para el “Día en contra de Butters”. Mucha expectativa, uno que otro medio transmitiendo en vivo. Primera posibilidad: Butters sale como un energúmeno a pegarle a las parejas, en medio de flashes, cámaras y comentarios de horrorizados periodistas. Segunda posibilidad: Butters no sale. En ambos casos ganamos: en la primera, la ley lo castiga y nos da la razón a nosotros; en la segunda, demostramos que no le tenemos miedo ni a él ni a nadie que se haga el matoncito. Pensemos más en la primera posibilidad: Butters repudiado por homofóbico en todos los medios locales, los de fuera, todos los colectivos gays del mundo condenando la violencia contra la comunidad LGTB peruana y el Perú reflejado como el atraso troglodita del Tercer Mundo (como en la paliza de los policías), un pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Aprodeh, etc. Una presión mediática tan grande que ninguna radio o canal de TV (salvo el canal evangelista) contrataría a ese cacaseno violento. Por último, pensemos cuál sería nuestro punto flaco, sobre todo el legal. ¿Acaso los besadores estarían cometiendo un delito? ¿Acaso no es la vía pública, no hay libertades sexuales? ¿Desde cuándo un tipo puede venir a amenazar a otros porque no quiere que hagan una acción que la ley no prohíbe? El delito de coacción y luego de violencia lo realizaría Butters. Tenemos la ley de nuestro lado.

Esta acción sería muy importante. Los gays estarían en los titulares de los periódicos y los noticiarios televisivos. Sería una acción ejemplar, dejaría un precedente: Butters sería castigado y con él todos los potenciales homofóbicos que entenderían que en este país ya no se puede violentar los derechos de los gays con tanta impunidad. Necesitamos algo fuerte, algo sonado y, sobre todo, algo que sirva. Butters es nuestro chivo expiatorio, en lugar de denigrarlo e insultarlo, utilicemos su propia homofobia, como si se tratarse de una llave de judo. Necesitamos que exista gente como Butters para que nosotros nos legitimemos. Y un Butters no aparece todos los días, es un perfecto chivo expiatorio.

Vamos con todo. Esto sí funcionará.

¿Para qué sirve la Marcha del Orgullo Gay?

5 julio, 2011

No sirve para absolutamente nada, salvo para marginarnos más. Es uno de esos eventos a los que hoy en día se va por moda y por comodidad, con los amigos heteros, porque es más chevere y cool “luchar” desfilando en un pasacalles colorido que exigiendo leyes; es decir, no teniendo una cultura política crítica ni desautorizando a los políticos que hacen leyes que nos perjudican. Claro, es más bacán y más fácil disfrazarte de bataclana e ir a marchar buscando el escandalete del día y la atención mediática (que le encanta mostrar lo payasos que pueden ser los gays, porque cuando hacen algo en serio no les prestan atención). Y eso que no me he referido a las personas que van a la Marcha a ligar o conseguir punto. Finalmente, ¿eso somos los gays, verdad? Cuerpos que reciben y dan pinga, o payasos ‘anormalitos’ que hacen reír a los ‘normales’. Yo me rehúso a creer eso. Un dato curioso: entre los conocidos y amigos que tengo en la universidad, son más los heterosexuales que van a marchar en apoyo a sus amigos gays que los mismos gays (al menos en mi círculo inmediato). Tener amigos gays y mostrarte tolerante se pone de moda. Le pregunté a un alumno la otra vez: “¿Por qué vas a marchar?”. Y el me respondió: “No sé, todos mis amigos van”. Esto, por supuesto, marca un antes y un después: la Marcha ya no impresiona a nadie, es una payasada totalmente inofensiva.

Pensémoslo un momento. ¿En realidad dicha Marcha se enfrenta realmente a algo? ¿Cambia algo? ¿Tiene un objetivo productivo? Yo me paso media vida pensando en qué ayuda esa marcha, cómo puede ser una posición de lucha. Es más, mis conclusiones son totalmente opuestas: la Marcha sirve para que los homosexuales sigamos siendo “los otros”, “los raros”, “los que no encajamos”. Me quiero referir a este texto argentino que circula en Facebook, titulado “Cinco razones para ir a la Marcha del Orgullo (o involucrarse de nuestros derechos)”. Así que vayamos en orden, desarmemos esos argumentos débiles que tantos cacarean sin cuestionar.

 No somos ni mejores ni peores que nadie, pero todavía hay muchos/as que experimentan vergüenza por lo que son o por lo que sienten, porque hay otros/as que se empecinan en hacernos creer que debe ser así. Vivir con alegría y libertad nuestra identidad es el primer paso para una sociedad mejor que celebre las diversidades y consagre los derechos para todos y todas.

Entonces deberían empezar por no dispararse a los pies. Me pregunto si aquellos que critican las imitaciones de homosexuales que hacen humoristas como Carlos Álvarez, Jorge Benavides o Los Chistosos se preocupan por criticar también los estrambóticos atuendos y comportamientos de las personas que desfilan en la Marcha. ¿O sea, me quieren convencer que Paolín Linlín es menos digno de representarnos que alguno de estos personajes de la Marcha? Yo no sé cuál es la necesidad de hacer más visible un tipo de homosexual minoritario poblacionalmente que está presentado hasta en exceso en la televisión y la radio. Es decir, si ya tenemos bastantes homosexuales afeminados (e imitaciones de los mismos), ¿cómo haríamos visible algo que ya es súper visible (los sábados en la noche y a la hora del almuerzo, de lunes a viernes, por ejemplo)? Muchos creen que esas imitaciones son ofensivas y denigrantes, yo me cuestiono al mismo tiempo si la Tía Tula, con su repetitiva y asfixiante búsqueda de marido-macho-alfa, no es tan (o hasta más) ofensiva y denigrante. Lo digo más claro: para el ridículo, la payasada y la risa ya tenemos bastante con los programas cómicos y con las obras de teatro de poca calidad como para seguir presentándonos como payasos. La pregunta es la siguiente: ¿cómo alguien haciendo el ridículo puede mostrarse como una persona digna de respeto? No lo entiendo.

 No hay una marcha del orgullo heterosexual sencillamente porque no la necesitan. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos todo esta diseñado para los heterosexuales: el cine, la oficina, la escuela, el trabajo y la tele. Entonces, una marcha nos encuentra, nos identifica, nos permite mirarnos l@s un@s a l@s otr@s . Por eso no solo nos juntamos en boliches o con amigos, una vez al año copamos Plaza de Mayo para que vean que existimos y no tenemos por qué ser ciudadanos de segunda. 

O sea, ¿la marcha es el único punto de encuentro de los gays de la ciudad? Totalmente falso. Lo que decía: esta Marcha está propuesta para generar el ridículo de los espectadores. Desde el siglo XVI (por lo menos, desde el Siglo de Oro), los travestis y “maricones” solo generan risa. Es cierto que el mundo está diseñado de manera binaria (masculino y femenino), pero deberíamos preguntarnos si en realidad esta es una condición que hace nuestros días invivibles o definitivamente insoportables. De hecho, hay una serie de instancias en donde los gays se pueden desenvolver sin problemas y sin necesidad de un espacio especial. Veamos un ejemplo: un cajamarquino, por ser cajamarquino, ¿necesita una oficina diseñada para cajamarquinos? ¿No podría utilizar una oficina que sirva para cajamarquinos, ingleses, limeños o japoneses? ¿Hay razones para que dicha oficina tenga algo especial? De hecho, hay otra pregunta de fondo: ¿qué es lo que tiene de especial un cajamarquino (frente al inglés, el limeño o el japonés) que requiere de una oficina? Creo que podría haber una serie de variantes posibles de acuerdo con los gustos del cajamarquino, así como hay una serie de variantes según el gusto de los homosexuales, pues no somos todos iguales ni tenemos los mismos intereses. Así como hay discos, saunas y tours de viajes para gays, habrá todo lo que se desee en el futuro. Cada vez que hay un mercado atractivo, habrá alguien que ofrecerá un producto o servicio. Recuerden esa insólita noticia del lanzamiento de una cerveza para gays: ¿qué tiene de especial? ¿estrógenos?

 Más que buscar ser excepciones, creo que deberíamos buscar igualdad. Y eso es lucha política (lucha de verdad): reclamar derechos, cuestionar a los políticos, elegirlos bien, informar a los electores. Las débiles iniciativas del pseudo activismo gay peruano, montado sobre un grupo de ONGs, no pasan de actividades alegóricas, algunas insoportablemente estúpidas, nada realmente concreto en leyes, ordenanzas o iniciativas semejantes. Prueba de ello son las últimas elecciones: no hubo ninguna influencia, no hubo una organización que se plantara fuerte frente a los postulantes al Congreso, no se hizo nada.

Si buscamos respeto, debemos hacer política. Es lo único que sirve. Lo demás son payasadas que nos marginan más.

 ¿Ves? Seguimos pensando en ese “todo el mundo” porque existe un modelo impuesto y en torno a él giran los fundamentos de nuestra falta de reconocimiento de derechos, nuestro miedo al rechazo en el trabajo, en la escuela, en la familia, en la calle… por eso necesitamos contarlo, mostrarlo, no negarnos a nosotr@s mismos y ser much@s en esta Marcha… porque el tamaño sí importa! 

¿Y por qué nadie cuestiona el modelo impuesto de ser gay? ¿Acaso los travestis y otros personajes representan a la mayoría? En realidad, es una marcha para nada representativa, donde el circo predomina. Dudo que alguien con dos dedos de frente o con una pizca de autoestima se anime a desfilar al lado de estas personas, que solo se disparan a los pies, que actúan exactamente como los homofóbicos quieren que actúen. No sé a quién se le ocurrió la estúpida idea de que presentarse como bicho raro es una posición de lucha. ¿Acaso no se busca la igualdad? ¿Acaso no se trata de mostrar que puede haber armonía entre nosotros, que podemos compartir espacios comunes? En serio, no le veo lógica a esta marcha, salvo para deslegitimarse.

 Nos imponen pensar que lo que nos hace diferentes de los otr@s es obsceno, antinatural, peligroso o contagioso. Somos todos diferentes y en eso radica justamente nuestra riqueza como sociedad. ¿No hay otros que piensan que vos sos el/la raro/a? Somos distintos pero debemos ser iguales en nuestros derechos. Y eso vamos a decir en esta Marcha. 

Este encuentro lo hacemos entre todos y todas, cada uno con su identidad, formas y estilos, de eso se trata, de reflejar la diversidad, aun al interior de nuestra comunidad.

Los medios (no todos) siempre van a contar lo que quieran. ¡Tratemos que puedan mirar mas allá de los hermosos culos y tetas! Vayamos tod@s a contar nuestra historia, nuestros reclamos y nuestras propuestas y deseos. La comunicación es fundamental a la hora de pensar la estrategia para luchar por nuestros derechos. 

Cito: “¡Tratemos de que puedan mirar más allá de los hermosos culos y tetas?”. No sé a qué medio de comunicación se le ocurriría hacer una apología filosófica-ética sobre la Marcha. En realidad, no tendría sentido porque ni siquiera la tiene. Los medios buscan la información más simple, más fácil de digerir. En este caso, se trata de confirmar lo que espera la mayoría de los televidentes o radioescuchas: que los gays somos todos un ejército de loquitas escandalosas y ridículas, payasitos que no podemos ser serios para exigir algo realmente importante: igualdad de derechos. Pienso en el político gay Harvey Milk y su cambio de look para iniciar su carrera, ¿o es que acaso se travistió para que lo tomen en serio? No sé por qué se insiste en una estrategia tan contraproducente. Para los medios, como nos presentan, solo hay payasada y ridículo en los gays, ¿o acaso a algún medio se ha acordado que esa Marcha es para exigir derechos y dignidad? En realidad, no los culpo, la Marcha no tiene nada de transgresora, solo confirma los prejuicios que tienen los medios (y buena parte de los homofóbicos) sobre nosotros. Yo me pregunto, solo por curiosidad, las personas que desfilan semidesnudas, que se ponen tacones de plataforma y sus trajes multicolores, ¿se visten de la misma forma a diario? Digo, ¿no se trata de que desfilen como son?

Desde que vas a comprar a la verdulería hasta cuando elegís qué persona amar, estás haciendo política. Y sí, está bien, necesitamos involucrarnos, cada uno desde el lugar que quiera para que ese 100% que integramos tod@s pueda lograr el 100% de los derechos, la igualdad, la inclusión y la libertad.

Entonces haz lucha política de verdad y no payasadas que no solo son inútiles, sino que te marginan más, que te ponen como un raro o un extravagante incapaz de articularte con el resto de la sociedad, de exigir derechos, de meter presión. Nadie se anima a hablar del fracaso ante las iniciativas legales en el Congreso, nadie cuestiona las exageradas medidas de la alcaldesa Villarán. Nadie hace lucha política. Todo está bien, hagamos payasadas, ¿no?

Carcajadas aparte, sigo pensando como en mi post La feminización del homosexual y el monopolio de la masculinidad. Tengo que informarles, si no se han dado cuenta, que los gays afeminados (los que resaltan en la Marcha) están en todos los medios de comunicación, son sumamente populares (Carlota, las locas de Los Chistosos, Paolín Linlín, Kenyón, además de Carlos Cacho, Peter Ferrari, etc.). Y no me vengan con que esa visibilidad es producto de su Marcha. El travesti y el afeminado siempre han servido para dar risa, no cuestionan nada, sirven para complacer el gusto de los homofóbicos más impresentables. Los ingenuos que creen que cuando salen travestidos están luchando contra el sistema se equivocan, están complaciendo al sistema, se reducen a la risa, al circo, al único lugar no peligroso que la homofobia les deja a los gays.

Ante los reiterados fracasos de la lucha política de la dirigencia LGTB de este país, ¿qué queda? Cacarear que la marcha fue un éxito, que hubo más gente que antes, que todo está mejorando, etc. ¿Qué es lo que oculta ese cacareo? Que seguimos siendo ciudadanos de segunda categoría, cojuditos que prefieren salir a marchar vestidos de bataclanas antes que exigir derechos y leyes que nos protejan. Lo mismo de toda la vida, nada ha cambiado.

Empieza la nueva temporada

5 julio, 2011

Son más de 11 mil 200 visitantes en estos meses de silencio. Una cifra que me sorprende y que debo de agradecer sinceramente. Esta nueva temporada se viene cargada de más polémica, de más ideas, de más provocaciones. Yo sigo en guerra contra los lugares comunes, contra las acciones estúpidas, contra el cacareo sin sentido.

Como ya es costumbre, quiero iniciar esta nueva temporada haciendo un recuento de lo que ya se hizo en la anterior. En este caso, los post que más me gustaron y que generaron más polémicas.

Mi favorito, La feminización del homosexual y el monopolio de la masculinidad, es mi primer intento de establecer ética, política y estratégicamente una posición sobre mi lugar en el mundo como homosexual. Este post es particularmente poderoso porque ataca esas estrategias alegóricas, complemente inútiles, como la Marcha del Orgullo y demás estupideces.

Luego, Baitbus: ideología en la pornografía gay resultó un post bastante popular. En él recreo la manera en que la pornografía hace desear ciertos atributos, en este caso hombres verdaderos (heteros), no contaminados con lo gay.

En esa misma línea, Sobre los penes grandes ofrece una perspectiva algo peculiar sobre la génesis de la homosexualidad como discurso. Frente al mandato del sexo cono goce, aquí subyace el dolor como un punto masoquista constatable.

También El mito de la familia tradicional es un ataque directo a los ingenuos que creen que el mundo se va a acabar por el predominio de las familias alternativas (que prácticamente siempre han sido la mayoría).

En la línea política, Nuestra contraofensiva electoral ofrece una posición política crítica ante las acciones estériles que realizan las ONG y los llamados colectivos LGTB.

Antes de empezar, quiero recordarles los medios en los que está SinPlumas.com: tiene una cuenta de Facebook, una cuenta de Twitter, el correo gaysinplumas@gmail.com.

Ahora que tenemos la artillería cargada, ¡vamos con todo!

Nueva temporada de SinPlumas.com

27 mayo, 2011

 

Ya sé, me he olvidado de ustedes, estimados lectores.

Estoy vivo, sí, para el desagrado de muchos. He estado algo perdido, lejos.

Tengo algunas razones. Un nuevo trabajo (más absorvente, aunque mejor pagado), volví con mi ex pareja, estoy haciendo remodelaciones caseras, etc. En resumen, no hay mucho tiempo.

Les agradezco su generosidad, sin publicidad y sin post nuevos, es increíble que luego de este tiempo haya más de 2 mil visitantes. Lo agradezco en verdad. Por ello, alisto una nueva temporada de post, de al menos 10 post, para los próximos días. Los voy a ir poniendo poco a poco.

Un poco de paciencia.

PD: Para los que preguntaron por mi voto, será por Ollanta Humala.


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